viernes, julio 20, 2007

El vuelo del pato

Muchas cosas han pasado en estos días que no he escrito. Algunas de ellas no merecerán mención, de otras no querré hacer tal aunque bien podrían merecerla. Pero unas cuantas las relataré en este espacio porque son simpáticas anécdotas que me place contar.


Entre ellas se encuentra la triste historia del pato infante Lukas. Esta historia empieza unos cuantos meses atrás, cuando mis bien amados hermanos putativos David y Rafael decidieron darle vida al departamento que habitan comprando una mascota. No fue una decisión difícil de hacer ni les llevó varios días y sus noches pensar en la mejor manera de cumplir su deseo. No, no, no. Simplemente, una tarde pasaron por un tienda de mascotas y al tiempo que curioseaban cuales niños maravillados, un pequeño pato tuvo a bien hacer una gracia (que no acabaron de explicar cuál fue) de manera tal que este par de jarochos cursis quedaron prendidos del animal y desembolsaron en un tris cuanto se requirió para adquirir al pato, su alimento y una alberca inflable para que el nuevo miembro de la familia fuera feliz. Justo así, como niños con domingo.


Dado que fue una decisión del corazón, la razón se hizo a un lado. No entró en escena ni siquiera para recordarles a los chicos que su departamento no tenía patio, que en la azotea del edificio había un perro ansioso por salir aunque sea cinco minutos de su vida a la calle y que el único espacio donde podían colocar la alberca era el espacio que funge como sala-comedor-cocina, el cual por cierto, no está muy ventilado que digamos.


Nada fue obstáculo y finalmente el pato se instaló en su nuevo hogar y fue bautizado como Lukas. Su llegada fue divulgada y fuimos invitados a conocerlo. Bonito animal el pato, como casi todos los infantes de cualquier especie.


Los orgullosos "padres" transespecie eran muy felices hasta Lukas comenzó a crecer, a comer más y, por supuesto, a desechar más. Y los muchachos (que son pulcros, a pesar de ser hombres y vivir solos) tuvieron que empezar a hacer toda clase de maniobras para mantener limpia la casa del pato, que no dejaba de ser su propia casa (y comedor, recordémoslo siempre). Afortunadamente, al polluelo aún no le daba por volar.


La realidad empezó a oler muy fuerte y los chicos tuvieron que pensar en liberar a Lukas en algún parquecito o presa cercana. Pobre Lukas. Mientras decidían que hacer, los días pasaban, Lukas crecía y la urgencia de su liberación era cada vez más inminente. No faltaron las propuestas de que un destino "a la naranja" sería lo más conveniente para el pato y para el resto de la familia.


Finalmente, un buen día, o mejor dicho, una no tan buena noche, los padres de Lukas tuvieron que salir de casa para culminar laboriosos experimentos en el Centro que nos da para comer. Cuando volvieron ya no había pato. O sí había pato, pero su esencia, su vida, se había esfumado. Murió inexplicablemente en un lapso de horas.


Creamos ahora que esto es una tragicomedia ficticia. Podríamos decir entonces que al verse repentinamente abandonado a media noche, Lukas temió que sus padres estuvieran echando a andar algún plan siniestro para deshacerse de él. El temor ante la vida salvaje, para la que no se encontraba capacitado fue demasiado, y prefirió morir en el hogar paterno antes que verse solo y abandonado ante la adversidad de la vida real de un pato cualquiera. Qué romántico.


Pero esto es una anécdota, no una novela. Luego entonces, no hay causa de muerte determinada. El departamento volverá a oler a limpiadores y comida casera. Y todavía hay quien piensa que un destino "a la naranja" hubiera sido mejor.


Descanse en paz y vuele muy alto el alma (si existe) del buen Lukas.



EN MEMORIA
LUKAS

sábado, junio 02, 2007

Rumiar (Del lat. rumigāre): Yo rumio.

Se dan los casos en que la gente piensa demasiado las cosas. Cierto complejo de rumiante de ideas caracteriza a ciertas personas y se manifiesta hasta en las situaciones más insignificantes. Suele suceder, como es natural, que estas personas terminen convertidos en personajes complejos, incluso incomprensibles para sí mismos. Son un espejo de todo y tienden a ser un perfecto camuflaje de sí mismos.


Sin embargo, de repente como si nada, cansados de tanto complicar las cosas más simples, se vuelven transparentes. En un momento liberan todo su ser sin dar señas de pudor o recato. Pero no importa porque para estos complejos seres, todo cuanto pasa por sus bocas no es realmente importante. Son cosas que les describen, que los exponen y los dan a conocer, pero no es realmente lo que ocupa sus mejores horas de reflexión profunda. Lo trascendente, lo verdaderamente importante para esto seres, es sólo para ellos. Es un producto tan personal de su actividad sináptica y onírica que es naturalmente imposible de compartir. No hay que preocuparse de ningún arrebato de sinceridad, porque siendo sinceros, no hay nadie quien quiera escuchar lo que realmente le importa a un rumiante.


Los rumiantes de ideas van por ahí con un humor cambiante como el estado de iluminación de la Luna, sin razón aparente para el cambio y sin necesidad de cambios hormonales. Tienden a ser neuróticos y olvidan fácilmente aquellas cosas que no representan buen material masticable (es decir, la mayoría).


La gente normal, carnívoros (por devorar como un filete cualquier evento, idea, contratiempo; asimilarlo fácilmente y esperar a que pase el bocado para ingerir uno nuevo) dificilmente podrá entender las actitudes y reacciones rumiantes. En especial su habilidad para ignorar olímpicamente los eventos y circunstancias que aquellos asimilan tan pronto. Son para ellos entes enajenados y un poco atarantados. Y realmente no importa. ¿A quién le importa lo que digan otros cuando hay tanto que masticar?


Chomp... chomp... Chomp.

sábado, mayo 26, 2007

Madrugar...

Alguna recompensa tenía que tener levantarse para llegar a las siete de la madrugada al laboratorio:

La otra recompensa es que el experimento salga... bueno... este... ¿dije que la visión de este enorme y rojizo disco solar se debió a la quemazón de amplias extensiones de pastizales, que como en tiempo de cosechas, ensuciaron el aire llenándolo de partículas suspendidas? Lástima.

Pura parranda...

Hace ocho días fue el cumpleaños de dos personas de reciente inclusión en mi vida. Dos chicas tan distintas la una de la otra que no sé si algún seguidor de horóscopos podría explicarme tales diferencias siendo que ambas nacieron prácticamente al mismo tiempo.

Una de ellas es mi cohabitante en la casa que me aloja desde que llegué a Irapuato. Su nombre es Fátima, tarda una hora en maquillarse por las mañanas, tiene kilos y kilos de ropa, le gusta mucho bailar, especialmente en los antros nice. Su segundo pasatiempo es dormir y sufre mucho cuando no puede (pena que compartimos). Es muy simpática y si de cumpleaños se trata la fiesta tenía que ser en grande, en el antro de moda por supuesto.

La otra chica es Erandi, una moreliana completamente loca pero adorable. Es una niñota cuyo principal pasatiempo es leer, y luego bailar. No le interesa demasiado la ropa y apenas se maquilla. Le chocan los antros fresas y prefiere los bares con música en vivo y donde despues se pueda bailar de todo, no solo electrónica. Si ponen algo de ska, es feliz. Ella es una de mis hermanas putativas y por supuesto que no podía faltar a la noche de desmanes que pretendía generar para celebrar su cumple.

Ninguna de las dos cumplañeras festejaría en fin de semana, lo pasarían con sus familias. Luego entonces, ambos festejos ocurrirían el mismo día, viernes 18 de mayo, en distintos lugares... ¿qué hacer? Sacrificarme e ir a ambos eventos, por supuesto.








La fiesta de Fatima (azul) fuen en el bluh! antro fresa irapuatense donde toda la crema y nata de varias generaciones de estudiantes de posgrado nos dimos cita para olvidarnos de todo lo que tuviera que ver con biotecnología o ingeniería genética. De repente hasta podríamos pasar por gente normal con trabajos de verdad, ¿cierto?


Dando las doce emprendí la retirada, junto con David y Conchis (quienes también conocían a ambas festejadas) hacia el Trinx un mas bien de medio pelo, pero con un grupo en vivo muy bueno y que además como sus moños son menos la banda pudo compartir con la peque un delicioso pastel de chocolate (¿quién dijo dieta, eh chicas?)










Cuando llegamos nos dimos cuenta que Era había decidido mostrarnos de los que es capaz cuando se lo propone. Fuera complejos, un poco de maquillaje, a enseñar pierna y voilá: ¿A poco no se ve bella ella?










Tanta fue la impresión que los chicos decidieron competir para ver quien le bailaba mejor a la hermosa festejada. Ella se dejó querer.


La familia completa pasó una noche de maravilla, intoxicando de nuevo a las recién desintoxicadas. Después de 10 días de solo frutas y verduras, ¿cómo les caería una noche de alcohol pastel y botana? Parece que ella son muy adaptables pues a la fecha no he sabido de transtornos debido a los excesos de esa noche. Eso sí ellas se desquitaron: Cuando la cerveza fue insuficiente y el antro cerró, aún teníamos cuerda, así que fuimos al departamento de las Acacias a seguirla con dos de tequila... y una tanda de zanahorias crudas, porque era tiempo de que nos integráramos a las Jornadas Irapuatenses de Desintoxicación de Estudiantes de Posgrado, 2007.












Ya, sé. NO SOMOS GENTE NORMAL. Afortunadamente.

martes, mayo 15, 2007

15 de Mayo: Recuerdos de la infancia.

Ser hijo(a) de maestro tiene pros y contras. Por ejemplo: la escuela sigue en tu casa y los fines de semana. Te hacen escribir en cursiva más de lo normal y te enseñan a dividir antes que a tus compañeros. Puede ser que te sientas muy orgulloso de eso y andes con el ego infantil (más grande que el de ningún adulto) todo inflado cuando saques tu 10 en matemáticas con aquella facilidad. Si tus papás tienen el mal tino de inscribirte en la misma escuela en la que trabajan... sufre: todas las maestras te conocen y no puedes portar mal. Tus compañeros se comportan contigo según les convenga: unos son bien buena onda porque tu mamá le dió clase y les caía bien, y otros se dedican a hacerte bromas y a jalarte el pelo por "sangrona" (cuando sangrona solo significa que tienes influencias). Habrá también alguien con quien hayas tenido un pleito infantil y diez años después diga lo horrible que fuiste cuando despues de gritarle, tú y la nieta de la directora, haciendo hábil manejo de lo que ahora se conoce como tráfico de influencias, amenazaron con acusarle con los parientes poderosos si se quejaba del mal trato, aún cuando tu no recuerdes que alguna vez hayas sido tan miserable.

Ah, claro, dije que también había pros: por ejemplo, que la señora de las tortas o la de los dulces te fiaba en el recreo, que al cabo tu mamá le pagaba después. Que si te enfermabas no tenías que esperar a que fueran por tí para sacarte. Bastaba que tu dulce madre pidiera permiso un momentito para llevarte a casa. Podías entrar a ese salón de profesores que suele ser un misterio para el resto de los alumnos, y aunque te dabas cuenta que no era nada especial, podías sentir la sensación de ser privilegiado. Ser hijo de maestro, cuando tus padres trabajan en la misma escuela a la que tú vas a clase acaba siendo pues un símbolo de estatus.

Lo malo, lo verdaderamente malo, es que uno de tus padres sea tu maestro. Horror peliculesco. Ellos serán más rudos y exigentes contigo que con cualquiera, no puedes renegar ni pensar en renegar si quiera. Nunca te dirán que algo está bien con la misma efusividad que se lo pueden decir a otro. Y lo peor, es que nunca será suficiente para que tus compañeros dejen de verte como el hijo del maestro y eso, no es precisamente el mejor mote del mundo.

Pero el día del maestro en casa de profesores es lo mejor de todo: Convivio en tu salón un día antes, no tienes clases el mero día. Tus papás no te molestan en casa porque están en el desayuno o comida organizada en su honor, y regresan contentos llenos de regalos, listos para verse espléndidos con uno.

A mis señores progenitores, anti-marchistas y anti-extremistas, forjados en el rancho y recompensados con la Carrera Magisterial, buenos maestros ellos, felicidades. Ojalá que hoy también hayan recibido muchos regalos, aunque ya no esté ahí para disfrutar los efectos secundarios.

Abrazo.

sábado, mayo 12, 2007

Ellas están locas.

Imaginemos qué pasa cuando se juntan una norteña, madre putativa de ocho guangos de toda la república que además fue designada tía de dos yucatecos atípicos, seguidora del new age y cuanta corriente purificadora del alma y el cuerpo pueda presentársele; ella, junto con una chica que bien podría ser un duendecillo encantador del bosque, que por error no nació hippie de los sesenta o gitana del siglo pasado (o tal vez sí y reencarnó en estudiante de posgrado); ellas y una moreliana atípica por completo, que es en una palabra una niñota, que explora el mundo con la misma curiosidad que un gato pequeño y que entre sus recuerdos hermosos recientes incluye haber visto cuarenta vacas en un carrusel ordeñador (no pregunten).

Agreguemos ahora que estas tres chicas nada normales ingresan a un programa de posgrado en biotecnología, y comienzan a sentir los estragos del estrés de este estilo de vida. Como condimento, hagamos notar que viven en un mismo departamento, sin tele y sin internet. Resultado, sus cerebros alterados comienzan a ser creativos... sí, puede ser peligroso.

Desintoxicación es la palabra clave. Tanto estrés y mala alimentación durante los cursos generó los clásicos cuadros clínicos de los estudiantes de posgrado: colitis, gastritis, transtonos del sueño e irritabilidad cíclica.

Purificar el cuerpo es la encomienda. Entre más extremo mejor, supongo. Y luego, el toque mágico que faltaba. El dato que necesitaban: la dieta de desintoxicación más efectiva de todos los tiempos (como lo son todas las dietas, por supuesto). Ahora ellas solo comen un tipo de fruta al día por 5 días, y un solo tipo de verdura al día por otros 5 días. Diez días de pastura, de vegetales , sin carne ni grasas ni... sabor...

Ella es mi madre putativa (sí, yo soy parte de la familia de 8 hijos), ellas son mis queridísimas hermanas. Las quiero, las apoyo en la mayoría de sus locuras. Pero dejar de comer como mi estómago manda no será nunca algo que pueda hacer.

Si saben de esta dieta, están a favor, en contra o son morbosos y quieren saber como tres estudiantes de posgrado pretenden aguantar su condición comiendo solo peras, pueden saber más y dejar sus comentarios en http://mexicanhealthidol.blogspot.com/ (disponible desde ahora en la sección de links).

Con esta gente me junto... ¡y así las quiero!

jueves, mayo 10, 2007

Ay, no... es mayo.

Estoy sentada en una mesa de un laboratorio que no es el mío, pensando que tendría que estar trabajando, pero me siento abrumada por horribles 30ºC a pesar de que son las 8:40 de la noche. Noche naciente, cierto, gracias a un decreto presidencial que atrasó el atardecer una hora, pero noche al fin, que debía ser más fresca que treinta grados Celsius.

Mis propiedades organolépticas, a diferencia de otras etapas de mi vida (entiendase, desde mi nacimiento hasta hace solo un año), empiezan a deteriorarse con las altas temperaturas. Si sigo a este paso terminaré convertida en una viejita olorosa y casacarrabias gracias al terrible calentamiento global. Este tan llevado y traído fenómeno consecuencia de la vida consumista y derrochadora que dos (¿o tres?) generaciones de seres humanos hemos llevado, además de acabar con bosques y polos, desaparecer islas paradisiacas y generar la extinción de anfibios y, por ende, la proliferación de insectos (según cuenta el buen biólogo Vidal Limón), además de todo esto el calentamiento global, decía yo, tiene la no menos terrible propiedad de generar mi mal humor y la sensación que no quepo dentro de mi propia frontera epidérmica (de la cual ya he hablado antes).

Mayo es en particular un mes caliente... horrible y pegajosamente caliente. No me gusta mayo. En Morelia es el mes de la canícula, como (si no me equivoco) lo describió José Rubén Romero cuando contaba cómo al buen Pito Perez se le fue la vida entra cantinas, celdas y decepciones. Nunca pude acostumbrarme. Pero Irapuato... ¡ay, Irapuato! Es una grosería, una mentada, una ofensa para mi termostato mal ensablado de anglosajón nórdico. ¡Sudo! ¡Yo NO sudaba! Me podía cocer, podía tener cierta sensación de humedad en los plieges (...) pero sudar, lo que es sudar ¡NUNCA! Hasta este honorable 2007 en el que mi humanidad se vió sometida a un estímulo tan fuerte... que no pudo contener más la salitrosa secreción.

Ay mayo... lo bueno que ya solo te quedan 21 días (sí, ya son menos), y ojalá que llueva pronto.

Postdata-sin-relación-alguna: FELIZ DÍA DE LAS MAMÁS. A la mía la veo hasta el sábado, ese día tal vez escriba algo al respecto.

viernes, abril 06, 2007

XXV

Hace veinte días cumplí veinticinco años. Un cuarto de siglo es mucho tiempo. Más cuando pienso que hace 10 años estaba a punto de egresar de la secundaria y empezaba a tomar decisiones sobre mi vida.

Recuerdo muy bien cuando pensaba que alguien de 25 años era todo un adulto, un señor, o una señora, casi. Bien, pues ahora, transcurridos los años, de adultez (y la madurez propia de los años) no siento tener mucho. Quien sabe si llegará algún día. También recuerdo cuando veía a la gente de esa edad creía que se vestía muy anticuada para mi gusto (y yo nunca fui muy trendy). El jueves pasado fuimos al Día de la Rosa, en Guanajuato. Unos cuantos grupos de chiquillos preparatorianos o de primeros años universitarios andaban por ahí con su disfraz de chicos lacios de comercial pantene, con flecos a media cara, expresión de angustia crónica y ojeras artifiales, mangas a rayas y cuerpos lánguidos nos hicieron sentir vieeeeeejos, porque claro, ahora nosotros éramos los anticuados... cielos.

Pero el tiempo no pasa en valde, y no necesariamente esta tiene que ser una expresión negativa. Despues de tantos años, no esperaba por ejemplo, hacer nuevos amigos. Para mí, mis amigos estaban hechos. No los veo seguido pero ahí estaban siempre cuando uno requería una buena oreja para depositar las penas, las alegrías y las cotidianidades sobresalientes. Eran ellos, pocos pero buenos, los que había pasado la prueba del tiempo y de la distancia, los que estaban inscritos como miembros únicos en mis colección de personas que valen penas mayores. Sin embargo, mi aniversario de plata (que solo el nombre tuvo de ese metal... en fin) lo celebré tanto con la familia (oh, gracias), con esos viejos amigos, pero también con los más recientes, quienes han sido una agradable sorpresa a estas alturas de la vida.

Otra bonita nota de estos años fue celebrar al lado de mi compañero de vida. Tantos años juntos y tantas sorpresas aún. No tiene precio.

A todos los que estuvieron conmigo, de cuerpo presente, vía telefónica o electrónica: Gracias.

Los festejos del Vigésimo Quinto Aniversario han culminado.

A lo que sigue.

martes, febrero 27, 2007

Atardecer

Era domingo, la causa de mis desvelos se había vuelto sobre sus pasos rumbo al sitio de origen. Lo vería pronto, pero mientras eso sucedía solo me quedaba disfrutar de mi propia compañía. Me encamino al centro. Un cigarro es bueno para acompañarse cuando se camina solo. La Plaza de los Fundares pintaba bien para avanzar un poco en la lectura de un Ensayo sobre la lucidez. Luego una melodía llamó mi atención: danzón. Fui a encontrarme con la fuente del sonido y allí estaban ellos: adorables octagenarios engalanados como en sus mejores años, bailando más que con los pies, con la nostalgia. No pude resistirlo y me quedé a observar a las tiernas cabecitas blancas bailar como yo no sé, y como aprendré algún día.

Luego otra cosa llamó mi atención: una nube enrojecida que reflejaba la agonía de un sol que ya no podía iluminar más esta parte del mundo. Tuve que moverme para apreciar el espectaculo completo: todo un segmento del infinito cielo ardía en brasas. Hasta que la luz no pudo más y fue devorada por la oscuridad nocturna.

Seguí caminando y me encontre con un grupo de familias que presnciaban una función de títeres... no alcanzaba a escuchar nada, pero los niños al frente debieron escuchar todo porque reían como gente feliz. ¡Ah, los niños!

Húbose acabado el tiempo disponible antes de los autobuses dejaran de pasar y volví a casa. Ah, si... tenía que evaluar cinco proyectos para mañana. Al menos el fin de semana en compañía y
estas tres horas en calma soledad valen la desvelada que vendría.

martes, febrero 20, 2007

Finalmente...

A veces uno tiene que abandonar las dulces comodidades de esta vida para andar por espinosos tramos de terracerías pedregosas y asoleadas. Pero ni es tanto el polvo, ni tan grandes las espinas y no son tan agudas las piedras, lo que pasa es que uno se acostumbra a los algodones de la vida estudiantil, con clase en grupo y desmadre colectivo que sirve para amortiguar el no dormir y el comer a deshoras. Luego entonces, cuando las mismas angustias se tienen que pasar en solitario, se siente más el cansancio y menos la gracia del alumbramiento de las ideas.

En esa etapa me encuentro en estos días. Despues de un entrenamiento físico que debía acostumbrar al cuerpo a su futuro entorno rodeado de aparatos extraordinarios y superficies desinfectadas con etanol al setenta por ciento, de seres vivos y otros que no lo parecen tanto, después de aprender a soportar los cambios de temperatura extremos que implica entrar al cuarto de incubación a 37ºC para al siguiente minuto llevar otras muestras al cuarto frio a 4ºC, después de entender que en esta profesión el hogar es el laboratorio y que para estar ahí no hay hora límite, despues de todo eso, ahora viene el tiempo de aprender a pensar.

Tener ocho días exactos para armar un proyecto de investigación en un tema que no es el de tu elección, basado en la literatura más especializada posible, comprendiendo el qué y sobre todo el cómo, es el último reto a vencer en este camino de iniciación al campo de la ciencia. Es un reto enfrentado en pares, con alguien con quien nunca habías trabajado, tal vez ni siquiera habías hablado. Dos trabajos: entenderse y avanzar.

He tenido buena suerte y hemos avanzado bien (hasta tengo tiempo de divagar por aquí). Pero la camaradería que se generó entre los entes de extraña naturaleza con los que me vine a encontrar es algo que se extraña, porque no siempre se tiene.

Esas ausencias, que ya no dejarán de ser tales, son la espinita que rasga, la piedra que dobla el tobillo al pisarla y el polvo que pega en la cara. No son tantas las penas, pero es muy fácil acostumbrarse a lo que es bueno y es inevitable la nostalgia cuando se debe dejar.

A todos ellos gracias, el camino recorrido juntos fue toda una aventura, de las mejores en mi vida. Sé que serán exitosos en la siguiente etapa, hoy me queda más claro que nunca.

Un gran abrazo.

lunes, enero 08, 2007

Primer día, primera noche... y otras anécdotas postoperatorias.

Las vacaciones fueron una maravilla. Dormir y levantarse a deshoras, vivir toda clase de experiencias familiares, recordar lo que era la vida de falso ermitaño en medio de una ciudad que no ansiaba por recorrer pues prefería encerrarme a ver películas por mayoreo en mi feliz sillón, reencontrarme con viejos amigos y dar tiempo en cantidad y calidad a quien me espera. Regalos dados y regalos recibidos. Ojos sanados. ¿Qué más se puede pedir?
Pero ya era tiempo de volver a este bajío de llanos infinitos, de vientos enérgicos, sol inclemente y frios que calan hasta los huesos, todo en un mismo día. Ya en el Centro donde pretendo alargar mi vida de estudiante me reencontré con los nuevos amigos y me recibieron con una buena noticia: ¡Encontraron mi cartera! (sí, perdí mi cartera hace tres meses y resultó estar en un lugar absurdo, pero al menos estaba intacta).

La mala noticia (que conocía de antemano) era que tenía exámen el jueves. La noticia más mala fue que tenía que preparar una exposición de lunes a martes y estar en clase por sesión doble todos los días hasta un día antes de mi exámen. Por lo tanto, estudio para exámen: por la noche. CONCLUSIÓN: Mis ojitos recién intervenidos tendrían que sufrir un rato.

El exámen no fue un gran problema, pero mi ojo siniestro tardó mucho más en sanar. Ahora todo se ve mejor. Ya me entregaron mis calificaciones. Mi sacrificio ocular valió la pena, y puedo ahora decir que si funcionó la cirujía.

Ya llevo dos películas en el cine, y la emoción que se siente de ver una nítida imagen y de leer subtítulos definidos sin depender de un antifaz de mica es inexplicable. ¿Recuerdas lo que sentiste cuando viste (nítidamente) por primera vez? Sí, y no puedo explicarlo. Snif.

(NOTA: Gracias a mi maravilloso curso de Métodos Experimantales que me entrena para mi futura vida de aislamiento y contemplación en un laboratorio mientras dure la luz del día y el estado de vigilia por la noche, esta nota se terminó de escribir el 25 de enero de 2007.)

sábado, enero 06, 2007

Y se hizo la luz...

Estoy sentada cómodamente frente a una amplia ventana. Puedo percibir la luz del sol pero no puedo ver, mis ojos se encuentran cerrados contra mi voluntad y no puedo mover mis párpados en absoluto. Música instrumental sirve de fondo, evitando la ansiedad. Comienzo a recordar.

Mi primer recuerdo es muy reciente, del pasado inmedianto, hace solo un instante. Estoy recostada boca arriba. Mis ojos enfocan una luz roja pequeña que se encuntra a pocos centímetros de mí, montada en un extaño artefacto que no puedo describir. En seguida otra luz, ésta de color verde, también se dirige a mis ojos. Éstos están totalmente adormecidos, pero son capaces de ver todo cuanto acontece alrededor y en ellos.

Mis párpados son retenidos de su natural movimiento y en seguida unas pinzas logran abrir al máximo los pliegues que protegen a mi órgano visual derecho. Cualquiera que haya visto la Naranja Mecánica o cualquiera de sus múltiples parodias entenderá lo que digo. Observo mi reflejo en la superficie metálica que está sobre mí. No es una imagen agradable y, sin embargo, no tengo miedo.

Me concentro en la luz roja. De repente un ruido como de palomitas de maíz tronando a cientos por segundo se escucha en periodos de pocos segundos. Luego siento que algo toca mi globo ocular sin pudor alguno y alcanzo a ver como un trozo de esa delicada película superficial que lo pretege es desprendida. Todo se ve borroso. Un instrumento pasa sobre el área desprotegida como si la "barriera". Otro ruido extraño. Siento ligeros toques, pero no se ve que nada esté haciendo contacto con mi ojo. Mi pobre ojo.

Veo como se vuelve a colocar la membrana anteriormente retirada. Otro instrumento pasa sobre ella y la "plancha", o algo parecido. Otra vez, ese ruido extraño. El sitio está muy frío. Alguien me cierra el párpado y lo inmoviliza. No se volverá a abrir. Inmediatamente todo se repite con mi ojo izquierdo.

En pocos minutos todo termina. Una voz muy serena agradece mi cooperación y me tranquiliza diciendo que todo está y estará muy bien. En realidad nunca sentí miedo.

No, no es la historia de los experimentos extraños de los que fue sujeto un abducido (¿existe la palabra en español?). Éste es relato de un cirugía lasser. El día de ayer me sometí al procedimiento quirúrgico que me libraría de usar anteojos. No es vanidad, es la necesidad de disminuir mis fuentes de estrés y fugas de dinero.

Me explico. Soy muy distraida, tiendo a perder con mucha facilidad cualquier objeto que pueda desprenderse de mi. Eso incluye carteras, llaves y, por supuesto, los lentes. Además, mis lentes llevan una existencia muy tortuosa para cualquier objeto: los tiro con frecuencia, los aplasto sin querer y finalmente tengo que gastar en reponer las micas o todo el instrumento. Por otro lado, cuando los olvido o definitivamente los extravío, sufro mucho porque sin ellos no veo nada y puede dolerme la cabeza. Pero no debo hablar en presente porque eso se acabó.

Hoy me quitaron la cinta que no me dejaba mover los párpados y tras los exámenes y revisiones correspondientes salí a la calle. La sensación de ver los objetos lejanos (y no tan lejanos) con tal nitidez y de no tener que depender de nada para lograrlo es indescriptible. Sobre todo después de 10 años de depender de los lentes para saber qué dice el pizarrón o qué ruta es la combi que viene.

Los Reyes Magos no puedieron darme mejor regalo ¡GRACIAS!

domingo, diciembre 17, 2006

Partículas Suspendidas...clases, también.

Noviembre fue tiempo de cosecha en esta región de granos y zanates. Las trilladoras comenzaron a hacer labor hasta donde su capacidad se los permitía y mientras los granos eran separados, miles de millones de pequeños fragmentos de tallos de sorgo seco comenzaron a volar por los aires dispersándose alrededor.

Pasaron unos cuantos días, y los fragmentos más pequeños, mínimos, fueron acumulándose en el aire formando una densa capa de diminutos restos vegetales que oscurecía el horizonte en el más despejado de los medios días. Los campos más avanzados en la cosecha comenzaron a practicar la añeja costubre de la quema del terreno: más gris al ya oscurecido horizonte de este bajío, hogar adoptivo.

A mediados de Noviembre, todo citadino desentedido del campo podía darse cuenta que era tiempo de cosecha y quema, siempre y cuando se tomara el tiempo de disfrutar el atardecer. Gracias a los miles de partículas suspendidas en el aire, las puestas de sol en Irapuato se convirtieron en un espectáculo que yo no había visto: cada atardecer era un incendio, rojo como ninguno, extendido por todo el horizonte más allá de lo que corresponde a un atardecer cualquiera. Eran casi obscenos de tan coloridos, e impresionantemente duraderos.

Desde la casa regia, un departamento en tercer piso cuya ventana de la sala tiene una vista al oeste sin obstáculo alguno, el espectáculo era maravilloso. Uno podía olvidar facilmente lo que se respiraba diario. Era una vista para olvidar al resto del mundo.

Conforme pasó el mes las partículas de sorgo seco y quemado fueron volviendo al suelo de donde surgieron por acción de la implacable gravedad, y los atardeceres han disminuido en su intensidad, retomando un poco el pudor correspondiente al invierno cercano.

Una vez entrado Diciembre solo había una cosa en qué pensar, más mundana que los atardeceres y casi tan liviana como un fragmento de tallo seco de gramínea: VACACIONES. Volver al hogar materno, poder observar cada día el rostro del destino de mis anhelos, ver a los viejos amigos, dormir por puro gusto a deshoras y despertar de la misma manera.

Este fue el primer fin de semana de vacaciones. De momento, no necesito nada más.

jueves, noviembre 16, 2006

Crónica de un perro muerto.

Algo pasa cuando los seres vivos dejan de ser tales. Corrijo: Muchas cosas pasan cuando los seres vivos dejan de ser tales. Pocas veces, afortunadamente, podemos ver paso a paso las cosas que pasan en el cuerpo de lo que alguna vez fue un ser que andaba, se alimentaba y se comunicaba. Del cuerpo digo, porque es lo que esta a la vista; que el alma o la escencia es otra cosa y su discusión está siempre sujeta mucha polémica entre todos los esquemas y dogmas imaginables. El internet completo no alcanza para tratar el tema.

Uno de los seres vivos que más quiere la gente en general son los perros, eso animalillos que aprendieron a gesticular lo suficiente como para que los entendamos o creamos que los entendemos. Todo aquél que alguna vez ha tenido un perro y ha sufrido su muerte conoce la sensación de querer darle a su cuerpo un destino digno... cualquier cosa menos dejar que se pudra a la vista como cualquier pedazo de basura orgánica. Con eso se asegura uno de recordar a la mascota como fue en vida y nunca jamás por los hedores que generará después de ella.

Lamentablemente he tenido la mala suerte de conocer a un perro justo después de morir y hasta que se convirtió en prácticamente nada. Fue una pena. El primer día lo vi tirado, casi como dormido, como suele suceder con los cuerpos que recién dejaron de ser, en una banqueta de las que recorro diariamente en mi camino a tomar el camión. Día tras día en la mañana lo vi hincharse, pensando que ese día el camión de limpia municipal se lo llevaría. Obviamente el hedor aumentaba de manera proporcional con el volumen del peludo y otrora blanco can. Cada vez que salía de casa en la mañana me recordaba que debía cuzar la calle antes de llegar a ese punto, pero justo después me sumía en una serie de pensamientos que me hacía olvidar ese detalle hasta que mi nariz me hacía notar en dónde estaba.

Un día, como cuatro después que lo vi por primera vez, noté de reojo unos manchones negros: putrefacción a toda marcha, pensé, pero no era así. Alguien lo había grafiteado. Me pregunto si será interesante decir que grafiteaste a un pobre perro muerto. Para mí es mas bien algo enfermo.

Logré entrenar a mi memoria para que recordara lo de cruzar la calle, pero una mañana se me volvío a olvidar. La pestilencia era menos, pero suficiente para alertarme por dónde iba pasando. Ahí estaba: un tapete de pelos, y nada mas. Las bacterias y los gusanos hicieron su trabajo.

Ahora lo que alguna vez ladró, chilló y huyó de las piedras reales y simuladas estaba reducido a tierra y polvo (y un tapete de pelos). Pronto será pasto, luego será pasto seco y tal vez volará por los aires. Será otra vez tierra en otras partes, y será planta. Tal vez se lo coma un hervívoro que a su vez sea alimento de un cazador. Tal vez un día forme parte de un humano, uno que un día pase junto a un cadaver de perro, y tal vez le de mucho asco. Irónico.

sábado, noviembre 04, 2006

¿Y tú quién eres?

Ya lo sé todas mis crónicas tienen que ver con reuniones, estados relajados y celebraciones, entonces ¿qué clase de posgrado es éste? Uno muy serio, como todos los que se respeten, pero para qué quieren que cuente aquí en cada nota cómo pasan las horas mientras quemo mis pestañas y gasto mis retinas leyendo escribiendo y alucinando con YACs, BACs, contigs y otros inventos de la más pequeña de las hijas de la biología. No, definitivamente eso no es algo que quieran saber, créanme.

En cambio, hay de vez en cuando eventos que valen ser compartidos con cualquier distraído que se deje llevar por las fuerzas del ciberespacio y caiga por aquí. Uno de estos eventos fue la Fiesta de Disfraces para celebrar el culto universal por lo que está más allá de la vida.

No puedo decir mucho, que las imágenes lo hagan por mí:











Los de primero. Nota importante: Cuando esto sucedió la beca aún no llegaba así que todo fue de segunda mano.













Dar Beider (región 4)













Princesa Amidala (región 4), Jipi, Campanita y PiterPan












El porro de mota más grande con el que jamás han alucinado en su vida

















El Chapulín de ultratumba.....¿?


















Gangster y una chica del CanCan














Mmmm... y ahora ¿quién podrá defenderla?


















Batman en andropausia y ... ¿Tatiana Maravilla?



Cualquier cosa bizarra en cada foto, créanme, era peor en vivo y a todo color.

viernes, noviembre 03, 2006

Día Abierto, Cinvestav Campus Guanajuato

Cuando uno se dedica mucho a una cosa que le apasiona suele invertir mucho de su tiempo y su atención a ella, dejando un poco de lado lo que sucede alrededor. Esto sucede mucho en ciencia. Sin embargo, de vez en cuando se da la oportunidad de salir a compartir lo que hacemos, de tratar de explicarlo a gente que no tiene idea de lo que se trata pero que tiene curiosidad.

Cuando esto pasa, la oportunidad de contagiar nuestro entusiasmo se vuelve sumamente emocionante, y los esfuerzos que se hacen por lograr que el resto del mundo comprenda lo que hacemos sorprenden a propios y extraños.

El sábado pasado se dio esta oportunidad: toda la comunidad del CINVESTAV Campus Guanajuato se olvidó un poco de su quehacer de producción científica para dedicarse a la divulgación. Esto se hizo durante el DIA ABIERTO, cuando el Centro abre sus puertas a público en general y les explica de manera divertida todo lo que hacemos, por qué lo hacemos y cómo lo hacemos.

Fue una maravilla: Puestitos donde la gente pordía ver y aprender qué era un bioinsecticida, como mejorar cultivos, qué era un gen y una proteína; juegos de lotería y sopa de letras, cerreras de costales y muchos otros para los niños, obras de teatro y recorridos donde la gente podía pasar a ver los robots que se utilizan para la secuenciacion del genoma de distintos organismos (ahí estuve yo, de guía de turistas).

Yo encantada y la gente, al parecer, también

He aquí la reseña gráfica:












Erandi en su puestito de que explica cómo obtener DNA con lo que tienes en tu cocina.












Carreras de costales: Plantas contra insectos ¿Quién será más fuerte?












¡Lotería! ¡Lotería! El que gane se lleva su plantita.











Una obra que explicaba qué era un transgénico... ¿se los imaginan en el laboratorio?














Escribe tu nombre en lenguaje de DNA.











¿Como infecta un virus a una planta? Todo se explicó aquí, en la cinta Virulina.














¡Llévela, llévela, su playera del recuerdo, bara bara...!



No puedo quejarme, este fue un muy buen año para ingresar por varias razones: Primero, es el año del 25 aniversario (festejado el pasado 10 de Octubre); los ciclos de conferencias y las actividades culturares fueron muy interesantes. Segundo, el día abierto sólo se hace cada dos años, y esta vez nos tocó apenas entrando, lo cual permite que uno se integre a la comunidad del centro de muy buena manera, y finalmente el lunes entrante se hará la entrega a la Presidencia de la República de la secuencia del genoma del maíz. Muchos eventos para los pocos mese que llevo aquí.

La exigencia y el nivel de competencia del centro es alto, los proyectos tienen mucha calidad y el ambiente es inmejorable. No pude haber tomado mejor decisión.

Más fotos del día abierto aquí.



jueves, octubre 19, 2006

Fiesta!!

Muchas cosas pueden pasar en 15 días. Y estos 15 días han estado llenos de actividad. Siempre pasó por mi cabeza que alguien que estudia un porsgrado debería caractrizarse por un estado de máximo estrés, un estómago por lo general vacío (o alimentado a deshoras), un par de ojeras que revelen noches en vela y un cerebro acosado por un río sin fin de información que debe ser procesada y asimilada eficientemente en tiempo récord.

Bien, pues no estaba tan equivocada, excepto por un detalle. Esta experiencia ha sido mucho menos estresante de lo que esperaba. Lo he disfrutado maravillosamente y existes muchas razones para ello.

Por un lado, en este momento sólo esto teniendo cursos teóricos. A pesar de la complejidad de los cursos, el estrés compartido siempre es menor. Para esto claro, se requiere de un conjunto de personas dispuestas a enfrentar con humor las angustias comunitaria. Cuando no son una, ni dos personas, sino 7 u 8... bueno, esto se convierte en una eterna fiesta, que va desde los comentarios más simples hasta el más elaborado humor negro.

Simplemente no puedo ser más afortunada: hago lo que me gusta, comparto la experiencia con gente que posee un gran sentido del humor y el instituto ha logrado que me ponga la camiseta.

Precisamente en días pasados nuestros esfuerzos estudiantiles fueron enfocados a disfrutar de las fiestas de aniversario: conferencias muchas, alimento gratuito elegantemente servido y (ya por nuestra cuenta) largas noches de ofrendas a Baco y Terpsícore.

¡Qué hermosa es la vida de estudiante!


lunes, octubre 02, 2006

Un mes cumplido, quedan 23.

El sábado pasado terminó el primer mes de clases y lo terminamos con bombo y platillo (léase exámen). Un mes que parecieron tres. Tal vez más. Envejecí lo que normalmente se envejece en un año y dormir lo que se duerme normalmente en dos semanas. Afortunadamente éste fue el último exámen del curso. El fin de semana estaba libre de tensiones.

Yo, como era de esperarse volví a mis tierras con toda la añoranza que un estudiante puede cargar en su mochila junto con la ropa sucia y la cartera vacía.

¿Y qué hice en estos días de calma académica y nula presión neuronal? ¿Acaso llamé a mis amigos para salir y bailar toda la noche? ¿O me fugué con el destinatario de mis supspiros a vagancias como las de viejos tiempos ya idos? ¿O me uní a alguna excursión familiar para hacer productivo mi fin de semana?¡No! Claro que no. Lo único que hice fue dormir, y cuando no estaba dormida igual estaba vegetando en la oscuridad de mi cuarto entre mis gatos de peluche y mi gato de verdad. Solo un momento desperté de mi letargo para disfrutar en casa la compañía del objeto de mis afectos quien me hizo amena la mañana del domingo.

No creo haber perdido mi fin de semana, porque no pueden imaginar la deliciosa experiencia que es dormir sin angustia ni pendiente alguno.

Ñam. Ñam.

lunes, septiembre 25, 2006

Más vale pájaro en mano...

Si algo tiene Irapuato en exceso son pájaros. En mi vida había visto tal cantidad de aves en un solo lugar. Y es que alrededor (e incluso en algunos sitios al interior) de la ciudad abundan los campos de trigo y sorgo, lo cual debe ser muy atractivo para una parvada de cientos (¿miles?) de pájaros (todos de apagados colores) que ve aquí un paraíso de cereal y semillas en abundancia.

No se puede andar en la calle a partir de las seis de la tarde, porque todo es un desconcierto de canto de pájaros, nada melodioso y solo comparable con el ruido de los autos a hora pico sobre los cuales vuelan. Ni qué decir del miedo que inspira caminar por una calle sobre la que un momento sí y otro (más corto) no, surge de la nada un río de plumas y picos interminable amenazando con descargar lo que su organismo ya no desea conservar más.

A partir de esa hora los árboles tienen una dinámica más parecida a un hormiguero, y los cables de luz, teléfono y televisión se ven invadidos por estos especímenes creando un paisaje tan escabroso que cualquier fan del señor Hitchcock podría sentirse amedrentado.

Algún día tomaré una foto. Cuando tenga cámara.

domingo, septiembre 17, 2006

Untitled...

Viernes, con clases el sábado pero vierenes al fin y al cabo. Y para redondear, viernes patrio. Doble pretexto, doble necesidad de fiesta.

Era ya una necesidad de toda la generación entrante de biotecnólogos tener espacio y tiempo para perder la seriedad y destapar la mente atiborrada de tanto inglés, enzimas y otras maravillas que nos encantan pero que también nos han estado estresando tanto.

Por fin algún docto recién bañado por la gracia del anhelado grado decidió que su festejo debía ser para todos y atinó a colocar un anuncio que fue un alivio para nuestras mentes deseosas de esparcimiento comunitario: "Noche mexicana y titulación...". No había más que decir.

Llegamos a las nueve al lugar que se nos fue indicado: un terreno rodeado de una gran barda de ladrillos y una puerta negra. Tocamos. La puerta se abre automáticamente y nos recibe un vigilante. Nosotros, con las provisiones propias de la ocasión en la mano, preguntams si ahí era la fiesta. Nunca específicamos qué fiesta, pero el vigilante dijo que sí, que ahí era. Entramos. El jardín era enorme y muy bien ciudado. Había cancha de tenis y al final un lugar techado muy mono donde estaba reunida la gente. Llegamos un poco cohibidos ante la excelencia del lugar, pero luego no pudimos evitar la risa al ver que solo había familias, y que no conocíamos a nadie. Todos se nos quedaron viendo, pero nadie nos dijo nada. Era la fiesta equivocada. Mmm.

Botados de risa y ante la mirada escrutadora de los presentes emprendimos la graciosa retirada y llamamos al que nos había invintado: Estábamos a una cuadra del lugar. El sitio correcto estaba más de acuerdo a lo que esperábamos para una fiesta de estudiantes, por mucho que fueran de posgrado.

La noche pasó entre danzas y bebidas rituales, todo bajo control porque de todos modos el sábado teníamos clases. Y nos fuimos (en mi caso, más por necesidad que por ganas) a las dos y media.

El sabado en clase, algunos no pudieron evitar las reacciones orgánicas propias de una noche de excesos. Sin embargo yo me sentí bastante despierta, y es que para mí fue el descanso perfecto.

Por la tarde de ese mismo día esperábamos tener una concurrida tarde de café aprovechando que nos dejarían reposar ese fin de semana sin leer mayor cosa. El número de asistentes se vió considerablemente reducido debido a un rudo aguacero repentino. Los que ya estábamos en la calle tuvimos que mojarnos un poco. En fin. Ya pasada la lluvia recorrimos el centro y nos encontramos con la nota de que si bien irapuato no es una ciudad cosmopolita, puede tener algunos encantos para embobar a los paseantes:











Fuente de Aguas Danzarinas. Lo admito, son fotos de la red, pero no tengo cámara y mi celular es de esos viejitos que solo es teléfono y telégrafo electrónico. A falta de cámara, la red. Pero estuve ahi y sí se ven así de bonitas.

jueves, septiembre 14, 2006

Quince días...

Bien, pues ya casi cumplo quince días y apenas ayer se me hizo ir al cine. No me sobra dinero, pero bien podría haberme dado el gusto de salir a conocer los atractivos de Puebloquieto el pasado fin de semana.

Pero si es verdad que estando la panza llena se tiene al corazón contento, también es cierto que al que bien duerme nada le duele. De martes a sábado cambié de fecha con la mirada clavada en hojas impresas, en un idioma que por más universal que quiera ser no será el mío nunca. El viernes ví el amanecer, o mas bien no lo vi, porque estaba en vela cuando sucedió pero mi mirada estaba absorta en la pantalla de una computadora. Luego entonces no puede tener mejor fin de semana que recuperar en lo posible las horas de sueño perdidas, que al dormir también se vive y si no pregunten a los que sufren de insomnio inexplicable, que son muchos en estos días.

Llegó el lunes, y las lecturas seguían llegando cual plagas antiquísimas, sin que parecieran tener fin. Y si bien es cierto que estoy aquí por gusto, todos los extremos son malos y la mente como el cuerpo requiere de válvulas de escape con cierta regularidad.

Así que a pregunta expresa de mis cohabitantes, no pude más que decir que sí, que por favor, que no nos tardáramos más y partiéramos rumbo a la sala de cine. ¿A ver qué? No sé, la cartelera es algo que hace mucho no consulto y de la tele nomás me acuerdo de vez en cuando.

Llegamos por fin y alguien sugirió ver Muerte súbita, por mí podríamos haber escogido al azar pues no tenía referencia de nada. Entramos y fue una agradable experiencia (excepto por la voz del convicto negro que es más enfadosa incluso que la mía, lo cual ya es mucho, pero mucho decir). Una película de acción típica de policias americanos, autos chocados, balazos, explosiones, chismosos, un héroe que no es la mejor persona del mundo pero es el mejor ejemplo del hijo pródigo vuelto para arrepentirse de todo y ser el mejor y más querido.

Nada que te exija usar el cerebro pues. Pude apagarlo entonces y sentir el agradable descanso neuronal como quien siente alivio de su sed en los mediodías atormentadores de Irapuato.

Hoy no hubo mas lecturas. Gracias, mil gracias.

sábado, septiembre 02, 2006

Entre pájaros y lagos.

Todo empezó por la carencia de una superficie que no fuera el duro, frio y bajo suelo, donde pudiera poner mi montón de chucherías dentro demi nuevo aposento. Saliendo de mi primer día de actividades y aprovechando que aún no tenía ninguna fea tarea que hacer dirigí mis pasos al barrio viejo, al centro pues, donde habría de encontrar toda clase de pupitres, centros de cómputo, escritorios y cosas por el estilo. Yo, que solo quería una mesita simple, una superficie con cuatro patas, me dí cuenta que ya nadie entre los muebleros las maneja. Lo simple pasó de moda. El resto de objetos que servía para lo mismo eran muy monos pero no podía solventarlos. Al menos no en estos días en que la beca aún no llega y lo que tengo está ya repartido entre alimento, transporte, pagar la renta y los servicios. Eso de ser gente grande no deja muchas ganancias, definitivamente.

Finalmente, después de recorrer la parte más simpática y maquillada del centro (muy mona, por cierto) decidí encaminarme al boulevard donde está Aurrera, Soriana y la Central, y que está a tres o cuatro cuadras de la última calle bonita del centro y por donde pasa el camión que me lleva a mi casa.

Ahí voy, andando en dirección opuesta a como llegué, sin conocer pero con la certeza de que voy en el rumbo correcto. Las calles pierden cada vez más el encanto. Son más simples, más sucias tambien. Luego, caigo en la cuenta de que he pasado por tres cantinas en una cuadra: paredes grafiteadas, puerta al estilo Old West (muy pero muy old), y con nombres tan crudos como Aquí gozas, El compadrito, y cosas así. Centros de vicio, de recreación acompañada de cerveza y cigarro, de albur, de mala leche. ¿Dónde andaba? Yo no pasé por aquí para llegar al centro.

"Voy bien" me decía, segura de que el rumbo era correcto, aunque en el fondo empezaba a dudar. Pasa un hombre con una gasa a medio cachete. El brazo tatuado y una argolla en la oreja. Sonríe, no a mi, a una niña de colitas y mochila de Winnie Pooh que lleva de la mano y que le dice apá. Luego veo venir un hombre en bicicleta, rapado, con camisa a cuadros y bermuda de mezclilla hasta la pantorrilla, muy, pero muy holgado, cicatriz en la cara. "Hay mucha gente, son las cuatro de la tarde..." pienso, para aplacar mis nervios. Él pasa de largo, ni me voltea a ver. Respiro. Decido poner cara de palo. Es un hecho. No debo volver a pasar por aquí. La calle, Lerdo de Tejada. Nunca más.

Decido dar vuelta a la izquierda en la siguiente esquina, para llegar a la calle por la que llegué al centro, mucho más agradable. Antes de que eso suceda, por fin visualizo a dos cuadras cortas, el camellón, los señalamientos, los semáforos: El boulevard. Definitivamente el rumbo era correcto, la diferencia fueron dos cuadras a la izquierda.

Conforme me acercaba al boulevard alcancé a pasar otras dos cantinas, los nombres empezaban a ser menos burdos: El lago azul, El pájaro azul. Todo azul. Por mí podrían ser verdes, amarillos o tricolores, con tal de no volver. Pero tuve que volver.

Cuando subí al camión, vi como dió vuelta hacia territorio recién descubirto. No las repasaré todas, pero ahora, cada vez que quiera volver del centro comercial a mi casa, tendré que volver a pasar por el nada poético Lago azul.

viernes, septiembre 01, 2006

...y cuenta nueva

Pues no, no fue borrón. No puede serlo. Gran parte de lo que ahora es otredad sigue estando vigente en mi vida. Lo más importante trasciende, sin importar la línea divisoria que se ponga por delante.

Por todo lo demás, sin embargo, podría decir que acabo de empezar una nueva etapa, porque todo es nuevo: ciudad, casa, gente... todo. Incluso la necesidad de ser conciente de presupuesto, tiempos y deberes domésticos. No es que nunca haya echo nada en casa, pero siempre está má que en una urgencia proporciona apoyo, cariño y alivio. Eso se acabó.

Además el nivel de exigencia nunca había sido tanto y estoy por probar mi sistema de adaptación.

Quiero, pero querer no es todo. Espero, con todas mis víceras, poder.

jueves, agosto 10, 2006

¡AL CADALSO!

¿Quién inventó la burocracia? ¿QUIÉN?

Tal vez los banqueros medievales o los señores de los feudos, que para no perder la cuenta de quién les debía préstamos o impuestos empezaron a llevar registros, inventando los apellidos, los contrantos y cosas por el estilo.

O que tal algún antiguo ejército que quería lleva la cuenta de activos y bajas, de nuecos reclutas, provisiones o cualquier otra cosa que no querían olvidar.

O tal vez algún conquistador que para asegurar que nadie se le echara al cuello después, comenzó a pedir que la gente a su alredeor estuviera perfectamente registrada y, por ende, contralada.

No sé. no sé quien fue, pero en estas semanas quien o quienes fueron responsables (y perpetuadores) de semejante invento del mal han recibido cuantos improperios puedo escupir (y no son pocos) y han sido blanco de mi más virulenta ira.

Entre Hacienda, tesoserías varias, instituciones multicolor y de diversos propósito he andado de arriba a abajo, haciendo, deshaciendo y volviendo hacer... qué fea es la burocracia.

Por eso yo no quería ser grande.

martes, agosto 01, 2006

Para el hombre de bíblico nombre...

Hay cosas que duelen, mucho, poquito, nada. Y otras que solo preocupan, u ocupan, o asustan.

De irme, me asusta ser la nueva (pero es parte del encanto), me ocupan los papeles y los mil y un trámites, me preocupa dar el ancho.

No duele avanzar, pero duele poquito dejar compañeros y consanguíneos atrás.

Pero para doler, lo que se dice doler de veras, duele mucho dejarte a ti. ¿Ya ves? ¿Para qué no te vas conmigo?

Pero sí te vas, porque eres parte de mi equipaje, como quien dice, requisito indispensable para vivir y sobrevivir en cualquier parte. Te llevo en una foto y un peluche, en el último beso y muchos, de verdad muchos recuerdos. Te llamo en los sueños y en los ensueños. Sé que responderás porque nunca te has negado.

Pero no te vas porque tu vida se queda aquí, y aquí va a estar siempre. Y si tu vida se queda, la mitad de la mía también. Entonces nunca me iré por completo. Entonces he de volver, nada más a descubrir que irme, lo que es irme, nunca me fui.

Hay cosas que duelen mucho, poquito, nada.

Cuatro horas de distancia duelen mucho. Y no puedo dejar de pensar en eso, y me curo de dolor a priori pensando que siempre habrá un fin de semana, un receso, un puente, vacaciones que acorten el espacio, de allá hacia acá o viceversa.

Hay cosas que duelen, pero que las tienes que sufrir. No hemos de ser nada antes de pasar por ese fuego forjador. Entre más cale, más fuerte te hace, a menos que te chamusques en el intento.

Hay cosas que duelen, pero en lo que llegan hay que aprovechar el abrazo, el beso; hay que generar el recuerdo, para que esas cosas, cuando las tengamos enfrente, duelan menos, poquito, nada.

Je t’aime beaucoup


domingo, julio 30, 2006

Este cuento se acabó...

Se me acabaron las vacaciones. Me la pasé en mi casita la mayor parte del tiempo, le di tiempo al tiempo para que pasara y yo lo disfrutara como se merece cualquier mortal que haya sido victima de estos tiempos modernos, donde solo los hiperactivos tienen lugar.

No hay nada de malo con la flojera, mientras te permita con obtener alimento y no lastime a nadie. Y tengo el apoyo de un galeno que de lo que es bueno para el cuerpo debe de saber bastante. Así que estos quinces días fueron una oda al reposo casi absoluto.

Con excepciones, como ir a comer a Oponguio, conocer a los nuevos sobrinos putativos, ir a ver a los ahijados que todavía no son, y checar aparatejos delicados de vez en vez, con esas excepciones decía yo, estas vacaiones le dediqué mi tiempo a la razón de mis desvelos y la razón de mis cefaleas (esta última soy yo misma), y de repente hasta me dio por hacer algo de ejercicio. Vaya, lo que hace el ocio. ¡Ah si! y empece a leer otra vez una de las lecturas que hace muuuuucho, pero muuuucho, había dejado en el olvido. Bonito que se siente.

Pero mañana, a la normalidad del tiempo medido. Nada es eterno, por suerte.

Qué caray.

martes, julio 25, 2006

Genealogía en caliente.

De repente me domina la ascendencia anglosajona que todo mexicano posee en lo más recóndito de sus genes más conservados. O al menos eso parece. No importa que mi piel sea morena (de un tono amarillento de repente), o que mis ojos y mis cabellos sean más negros que la noche, ni que las actas de nacimiento (o bautismales) hasta 3 generaciones antes que yo esté firmadas por jueces (o sacerdotes) mexicanos. Y no lo digo por que haya sufrido un ataque de malinchismo febril, o quiera huir de ser parte de este pueblo que últimamente tiende por el escándalo y la impugnación; no, no no.

Lo digo porque esta hipótesis me permite tener un origen a mi aversión casi patológica al calor. Yo no puedo estar en un lugar a 30 grados porque mi sensible cuerpecito cree que son por lo menos 35, entrando en un estado de trance para mantener la homeostasis y evitar morir como un güerito cualquiera por golpe de calor. Este estado de trance me impide pensar bien, hace que me duela la cabeza y por ende, que me ponga de muy mal humor. Entonces tengo que dormir, solo para despertar en un mar de jugo glandular que me da propiedades aromáticas y de adheribilidad, lo que me pone todavía de peor humor.

Lamentablemente, a diferencia de los franceses, con los que comparto terrible angustia, yo no tengo dinero con qué hacerme una playa artificial a los lados del río (o el arroyito que se hace en la calle cuando llueve) y echarme a pensar que estoy en Ixtapa (en Acapulco ya no, porque yo si me asusto con las noticias lúteas).

La buena noticia es que ha estado lloviendo mucho, por lo que la temperatura ha bajado y mi humor se ha mantenido en un nivel muy aceptable. Lo malo es que las colonias de siempre ya se volvieron a inundar. Lo bueno es que yo vivo en la punta de la loma y yo no me inundo. Lo malo... ah no... ya no hay otro malo.

En fin, en lo que descubro por qué mi termostato no se dio cuenta que soy mestiza amorenada y no güera del norte de europa seguiré esperando que mientras sea verano le dé al cielo por llover (aunque sea poquito, pa'que refresque y no se inunde).

viernes, julio 21, 2006

"El factor dios"

Por José Saramago.
Publicado el 18 de Septiembre de 2001, en el diario El País.

En algún lugar de la India. Una fila de piezas de artillería en posición. Atado a la boca de cada una de ellas hay un hombre. En primer plano de la fotografía, un oficial británico levanta la espada y va a dar orden de disparar. No disponemos de imágenes del efecto de los disparos, pero hasta la más obtusa de las imaginaciones podrá 'ver' cabezas y troncos dispersos por el campo de tiro, restos sanguinolentos, vísceras, miembros amputados. Los hombres eran rebeldes.

En algún lugar de Angola. Dos soldados portugueses levantan por los brazos a un negro que quizá no esté muerto, otro soldado empuña un machete y se prepara para separar la cabeza del cuerpo. Esta es la primera fotografía. En la segunda, esta vez hay una segunda fotografía, la cabeza ya ha sido cortada, está clavada en un palo, y los soldados se ríen. El negro era un guerrillero.

En algún lugar de Israel. Mientras algunos soldados israelíes inmovilizan a un palestino, otro militar le parte a martillazos los huesos de la mano derecha. El palestino había tirado piedras.

Estados Unidos de América del Norte, ciudad de Nueva York. Dos aviones comerciales norteamericanos, secuestrados por terroristas relacionados con el integrismo islámico, se lanzan contra las torres del World Trade Center y las derriban. Por el mismo procedimiento un tercer avión causa daños enormes en el edificio del Pentágono, sede del poder bélico de Estados Unidos. Los muertos, enterrados entre los escombros, reducidos a migajas, volatilizados, se cuentan por millares.

Las fotografías de India, de Angola y de Israel nos lanzan el horror a la cara, las víctimas se nos muestran en el mismo momento de la tortura, de la agónica expectativa, de la muerte abyecta. En Nueva York, todo pareció irreal al principio, un episodio repetido y sin novedad de una catástrofe cinematográfica más, realmente arrebatadora por el grado de ilusión conseguido por el técnico de efectos especiales, pero limpio de estertores, de chorros de sangre, de carnes aplastadas, de huesos triturados, de mierda.

El horror, escondido como un animal inmundo, esperó a que saliésemos de la estupefacción para saltarnos a la garganta. El horror dijo por primera vez 'aquí estoy' cuando aquellas personas se lanzaron al vacío como si acabasen de escoger una muerte que fuese suya. Ahora, el horror aparecerá a cada instante al remover una piedra, un trozo de pared, una chapa de aluminio retorcida, y será una cabeza irreconocible, un brazo, una pierna, un abdomen deshecho, un tórax aplastado.

Pero hasta esto mismo es repetitivo y monótono, en cierto modo ya conocido por las imágenes que nos llegaron de aquella Ruanda- de-un-millón-de-muertos, de aquel Vietnam cocido a napalm, de aquellas ejecuciones en estadios llenos de gente, de aquellos linchamientos y apaleamientos, de aquellos soldados iraquíes sepultados vivos bajo toneladas de arena, de aquellas bombas atómicas que arrasaron y calcinaron Hiroshima y Nagasaki, de aquellos crematorios nazis vomitando cenizas, de aquellos camiones para retirar cadáveres como si se tratase de basura.

Siempre tendremos que morir de algo, pero ya se ha perdido la cuenta de los seres humanos muertos de las peores maneras que los humanos han sido capaces de inventar. Una de ellas, la más criminal, la más absurda, la que más ofende a la simple razón, es aquella que, desde el principio de los tiempos y de las civilizaciones, manda matar en nombre de Dios. Ya se ha dicho que las religiones, todas ellas, sin excepción, nunca han servido para aproximar y congraciar a los hombres; que, por el contrario, han sido y siguen siendo causa de sufrimientos inenarrables, de matanzas, de monstruosas violencias físicas y espirituales que constituyen uno de los más tenebrosos capítulos de la miserable historia humana.

Al menos en señal de respeto por la vida, deberíamos tener el valor de proclamar en todas las circunstancias esta verdad evidente y demostrable, pero la mayoría de los creyentes de cualquier religión no sólo fingen ignorarlo, sino que se yerguen iracundos e intolerantes contra aquellos para quienes Dios no es más que un nombre, nada más que un nombre, el nombre que, por miedo a morir, le pusimos un día y que vendría a dificultar nuestro paso a una humanización real. A cambio nos prometía paraísos y nos amenazaba con infiernos, tan falsos los unos como los otros, insultos descarados a una inteligencia y a un sentido común que tanto trabajo nos costó conseguir. Dice Nietzsche que todo estaría permitido si Dios no existiese, y yo respondo que precisamente por causa y en nombre de Dios es por lo que se ha permitido y justificado todo, principalmente lo peor, principalmente lo más horrendo y cruel. Durante siglos, la Inquisición fue, también, como hoy los talibán, una organización terrorista dedicada a interpretar perversamente textos sagrados que deberían merecer el respeto de quien en ellos decía creer, un monstruoso connubio pactado entre la Religión y el Estado contra la libertad de conciencia y contra el más humano de los derechos: el derecho a decir no, el derecho a la herejía, el derecho a escoger otra cosa, que sólo eso es lo que la palabra herejía significa.

Y, con todo, Dios es inocente. Inocente como algo que no existe, que no ha existido ni existirá nunca, inocente de haber creado un universo entero para colocar en él seres capaces de cometer los mayores crímenes para luego justificarlos diciendo que son celebraciones de su poder y de su gloria, mientras los muertos se van acumulando, estos de las torres gemelas de Nueva York, y todos los demás que, en nombre de un Dios convertido en asesino por la voluntad y por la acción de los hombres, han cubierto e insisten en cubrir de terror y sangre las páginas de la Historia. Los dioses, pienso yo, sólo existen en el cerebro humano, prosperan o se deterioran dentro del mismo universo que los ha inventado, pero el `factor Dios´, ese, está presente en la vida como si efectivamente fuese dueño y señor de ella. No es un dios, sino el `factor Dios´ el que se exhibe en los billetes de dólar y se muestra en los carteles que piden para América (la de Estados Unidos, no la otra...) la bendición divina. Y fue en el `factor Dios´ en lo que se transformó el dios islámico que lanzó contra las torres del World Trade Center los aviones de la revuelta contra los desprecios y de la venganza contra las humillaciones.

Se dirá que un dios se dedicó a sembrar vientos y que otro dios responde ahora con tempestades. Es posible, y quizá sea cierto. Pero no han sido ellos, pobres dioses sin culpa, ha sido el `factor Dios´, ese que es terriblemente igual en todos los seres humanos donde quiera que estén y sea cual sea la religión que profesen, ese que ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a las intolerancias más sórdidas, ese que no respeta sino aquello en lo que manda creer, el que después de presumir de haber hecho de la bestia un hombre acabó por hacer del hombre una bestia.

Al lector creyente (de cualquier creencia...) que haya conseguido soportar la repugnancia que probablemente le inspiren estas palabras, no le pido que se pase al ateísmo de quien las ha escrito. Simplemente le ruego que comprenda, con el sentimiento, si no puede ser con la razón, que, si hay Dios, hay un solo Dios, y que, en su relación con él, lo que menos importa es el nombre que le han enseñado a darle. Y que desconfíe del `factor Dios´. No le faltan enemigos al espíritu humano, mas ese es uno de los más pertinaces y corrosivos. Como ha quedado demostrado y desgraciadamente seguirá demostrándose.


martes, julio 18, 2006

Y sin embargo se mueve...

Y vaya que si lo hace. La humanidad podrá proclamarse con el derecho de habitar la región que le venga en gana, ya sea por razones históricas, económicas, o por vil vanidad y egolatría (¿quién dijo que no se puede vivir en los polos, en el desierto, sobre el mar en una isla artificial? ¿quién?). Podremos esgrimir los más complejos argumentos, las más ridiculas escusas y las mas forzadas razones, pero la verdad es que al ente que es nuestro planeta, cualquier cosa que digamos le viene valiendo un soberano cuerno.

La Tierra sigue su curso, cumple su ciclo, se ajusta a las modificaciones extremas que hemos provocado y continúa su existencia sin el menor miramiento a cualquier asentamiento humano, estructura fabulosa o maravilla arquitectónica. Si las placas tectónicas tienen que chocar, por inercia de miles de años de lento desplazamiento, entonces simplemente lo van a hacer y no hay poder humano que lo evite. Con este tipo de cosas solo podemos esperar que no nos toque. Esto es vil azar (o caos, que los matemáticos están determinados a predecir en lo posible).

Pero si algo bueno tenemos los humanos (aunque por ello hayamos tenido que comer con el sudor de la frente y tener hijos con dolor) son las ganas de conocer y saber todo, de buscar patrones y predecir eventos de manera precisa y sin charlatanerías síquicas. Y movimientos telúricos como los que pasaron en la Isla de Java pudieron preveerse.

Los gobiernos pudieron (y pueden todavía) formar estructuras físicas y de servicios que permitan actuar con prontitud para perder la menor cantidad de vidas posibles ante eventos naturales, tan libres de malicia, como es un reacomodo terrestre; para que un aviso de 45 minutos de antelación, alcance si quiera para evacuar las zonas más cercanas a las costas, o para a que la atención de tantos heridos, damnificados y desplazados sea más efectiva. Lo mismo para quienes deben vigilar el bienestar de poblaciones que 6 de 12 meses al año se la pasan inundados por lluvias constantes, huracanes y otros fenómenos.

Sin embargo no es así, aquí y en la mayoría de los países, los gobiernos se preocupan de que la gente los recuerde por alguna obrilla por ahí, por un buen discurso, para que nadie se fije en la tajada de bien público que se adjudican cada periodo. Quienes quieren gobernar están más preocupados por ser el gallo más gallo antes que por proponer soluciones verdaderamente útiles. Otros, que no tienen suficiente con las desgracias naturales, deciden convertirse en una fatalidad en sí creando guerras a diestra y siniestra, prolongado círculos viciosos de guerras de mil años.

Lo único que digo es que el planeta va a seguir su camino, caigamos o no en cuenta de ello, y mientras sigamos esforzándonos más en perder nuestro tiempo en pequeñeces va a pasar menos tiempo del esperado de aquí a que el planeta vuelva a la infinita calma que implica no poseer ninguna forma de vida "inteligente".

Fin.

domingo, julio 16, 2006

Ciclos

El tiempo corre sin ninguna consideración. Basta pensar que hace 10 meses iniciaba una etapa en la que no sabía qué iba a ser de mi vida como egresada de una universidad pública. Eventos ventajosos fueron dándose uno tras otro, al punto tal que hoy, casi un año después me encuentro otra vez a punto de terminar otra etapa, con mi futiro definido (al menos en idea) por los próximos dos años.

Estoy convencida que la vida hay que planearla a corto plazo, aunque siempre sea bueno tener idea de lo que uno quiere ser y hacer dentro de muchos años. Pero al pasito, éso es lo mejor que podemos hacer, pienso. Se hace camino al andar, dice la canción y yo no puedo estár más de acuerdo.

Eso sí, iniciar un nuevo ciclo siempre es toda una experiencia, conocer nuevos lugares, pesonas, experimentar diversas circunstancias, ponerse a prueba, correr riesgos. Sentir otra vez dolor de panza a priori. Especular, imaginar, presentir. Pero avanzar, siempre avanzar. Recordar lo mejor de lo que queda atrás y cargar sólo con eso.

¿Qué tanto vendrá? Solo el tiempo lo dirá.

martes, julio 11, 2006

Y para tí...

...un abrazo largo, muy largo y un suave beso en la mejilla. ¿me dejas dártelo en los labios?

miércoles, julio 05, 2006

GRACIAS...

...por pasar tus años junto a mí.


Otra de Leonardo...

Por si fuera poco haber sido un gran artista, iniciar de nuevo al mundo en la anatomía y fisiología del cuerpo humano, crear artilugios mecánicos de cualquier clase, además Leonardo Da Vinci se dió tiempo de investigar los mecanismos de la fonación y el perfeccionamiento de sonido. Matemático, ingeniero nato, diseñó (haciendo uso de un dibujo técnico que él mismo perfeccionó) una cantidad impresionantes de instrumentos imaginarios que bien recuerdan a los pianos modernos, el acordeón y otros que ya no son novedad para nosotros, pero que fueron de nuevo concebidos y construidos algunos siglos después.

Sus anotaciones son una muestra de paciencia y genialidad, un gran talento para el trazo y para lograr describir con él los mecanismos más simples y muchos otros más complejos. Su escritura al revés es el reflejo de una mente inquieta, demasiado inquieta. ¿Como pudo imaginar tanto en una sola vida? Es cierto, entonces no existía la tele.

Leonardo y la música, es una excelente expocisión, con la construción fiel (hasta donde es posible) de los instrumentos ideados por este genio, así como el acceso a los códices digitalizados que contienen sus diseños. También incluye una serie de video conceptuales y una sala interactiva donde puede uno tocar algunos de los instrumento y recrear los experimentos sobre el sonido que él describió.

Simplemente excelente. La expo estará en Morelia hasta el 20 de Julio, luego se irá a a pasear por distintas ciudades de la República. Muy recomendable. Si tuviera un ranking de estrellitas de 0 a 5, le daría las 5.
 
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