martes, diciembre 29, 2009

Chiapas: Palenque y Misol-Ha.


Al final no supe cuántas horas de viaje fueron, solo puedo asegurar que fueron más de doce desde la salida a las seis de la tarde de Yuriria, en Guanajuato, hasta la llegada a Palenque, en Chiapas, temprano pero ya bien iluminado. O más o menos, porque estaba nublado. Debimos haber recorrido el arco norte, entrar y salir de Veracruz y seguramente habremos entrado a Chiapas por Tabasco. Pero adivino, porque me las arreglé para dormir todo el camino. Las dos o tres veces que abrí los ojos alcancé a ver una pared blanca de niebla como a un metro del frente del camión (mi asiento era el número 3), y a la cuarta ya se estaba estacionado el camión en una callecilla sin chiste frente al modesto hotel en el que nos quedaríamos. Nos entregaron nuestras habitaciones y nos fuimos a desayunar.

Estábamos apenas a la entrada de Palenque, la cuadra en la que estaba el restaurant era la última, de ahí seguía la carretera por la que llegamos. El lugar era pequeño pero simpático: las paredes estaban tapizadas de objetos antiguos y sobreros con frases populares. La comida fue buena y el café mejor. Ya bien despiertos y comidos nos pusimos a registrar los detalles del decorado. La dueña se me acercó para preguntarme si quería ver su colección de muñecas. Me pasó a su casa por una puerta siempre abierta que está a un lado de la caja. La vitrina enorme estaba llena de muñecas con vestidos largos de modas pasadas. Yo las hago, dijo, y me enseñó una muñeca a medio hacer, con sus calzones largos y sus corpiños terminados en encaje, su cuerpo rechoncho en las caderas para darle volumen a las faldas y sus peinados antiguos. También sé coser, no nomás jugar a la comidita, dijo entre risas, o al revés, también sé cocinar y no nomás jugar a las muñecas. Jodida una, pensé, que ni lo uno ni lo otro.

Volvimos a subir al autobús y fuimos al otro Palenque, al Palenque arqueológico. Nuestro guía, indígena tzotzil, nos explicaba cada edificio y cada inscripción y por qué a este edificio sí se puede entrar y por qué a este no. Y el patio de meditación, y las recámaras y los baños y la tumba de la Reina Roja y la crestería y tanta cosa. Y de paso las ciudades que se unieron con Palenque y las que les hicieron la guerra, las comunidades tzotziles y tojolabales, la pobreza y el olvido, Marcos y el 2010 y a saber qué desgracia se venga porque la gente sigue olvidada y si no vean en la carretera las casitas y los niños y las gentes, y que no les extrañe porque el presidente está más lejos de Chiapas que nunca. Pero acá está este edificio que tuvo funciones religiosas y ese cerro no es cerro, es palacio en exploración y si quieren desde arriba de aquél pueden tomar la foto más bonita. Y el servicio es voluntario, lo que gusten cooperar.

Terminando el recorrido comimos unos taquitos de cochinita a la salida de Palenque y nos fuimos a las cascadas de Misol-Ha. Nos mojamos en la cascada y metimos las patitas al arroyo, caminamos dentro de una pequeña cueva y regresamos a Palenque, el pueblo. Fuimos a cenar y de paso conocer el centro. Me recordó a Uruapan (y no sería la última vez que pensaría eso en todo el viaje), las casas con sus tejados de dos aguas y sus puertas y ventanas de madera, sus calles en columpio, con el punto más bajo a media cuadra y la lluvia que no paraba. A cenar llegamos primero a Las Tinajas, sitio harto conocido y por tanto muy concurrido. Después de que vimos que una hora y diez minutos nos alcanzaban para que nos tocara comer nos retiramos a otro sitio cerca del centro. Donde a los diez minutos ya estábamos cenando. Nos perdimos la comida típica regional de Las Tinajas, pero tanto andar no permitía un segundo más de espera. El primer día apenas y estaba agotada. Dormí como inocente.

Fotos:

La pared de El Arbolito

Algunos de los objetos de la decoración.

Doña Chelo con su colección de muñecas y una en proceso de fabricación.

Palenque:

Misol-Ha:


domingo, diciembre 27, 2009

De vuelta a casa.

Impregnada de la humedad de la selva, del calor del golfo, de lodo oloroso a hierba, de olor de café orgánico, de la lana chiapaneca, cansada de subir y bajar, con los ojos llenos de maravillas, hoy por fin regreso a casa. Una semana de viaje en autobús con otros dieciocho sujetos, en un tour que pudo estar mejor organizado pero que alcanzó para conocer un buen pedazo de Chiapas y el puerto de Veracruz.

Decidida a que no me vuelva a pasar lo mismo que cuando volví de la Península de Yucatán, ya estoy preparando un par de posts con muchas fotos del viaje. Mientras los publico, síganle festejando que apenas vamos a medio maratón. Felices fiestas.




viernes, diciembre 18, 2009

Este año empezó con tensiones académicas que nunca antes había sufrido y que me llevaron a consumir cantidades industriales de café y cigarros. Al final de todo obtuve un grado. También empezó con un corazón roto, que sufrió un par de lesiones después y que se volvió a quejar todavía en últimas fechas por algunos vacíos repentinos, pero los nuevos órdenes han sido establecidos y todo marcha maravillosamente. En este año conocí gente muy agradable, y me despedí de gente que espero volver a ver pronto. Empecé otra etapa académica de mi vida y ya empezamos con las vicisitudes del posgrado. Tengo un gato adorable y materialmente hablando no me puedo quejar. Como desde hace tres años ya, esta bitacorita ha sido una herramienta de expresión escrita que me ha permitido, a parte de descansar de mi desorden mental, establecer relaciones in silico harto simpáticas y estimables, algunas de las cuales son una extensión de relaciones in vivo puestas en pausa tiempo atrás debido a la distancia geográfica.

En este momento estoy a pocas horas de partir a Chiapas acompañada de mi madre y uno de mis hermanos. Ya les platicaré cómo me fue. Mientras eso pasa, les mando a todos un fuerte abrazo, disfruten sus fiestas y a la familia.

Descansen mucho, dentro de lo posible. Buena suerte.

PD.: Hay posadas en mi calle, con plegaria, velitas, piñata, cena y todo. Qué bonito.

jueves, diciembre 10, 2009

Sólo por eso.

Porque a veces no paro de llorar, o de tener ganas de hacerlo, porque en algún momento maldije todo lo que tuve, o todo de lo que carecía, porque gruñí y me perdí, y a veces aún me pierdo, en un abismo de angustia cavado con mis propias manos sin que exista necesidad alguna. Porque me dolía y se me notaba en la cara, porque padecí la ausencia sintiéndola sobre el pecho, porque no me quería levantar, ni hablar, ni hacer, pero tampoco podía dormir. Porque me sobran historias de noches tristes y mañanas angustiosas, de comidas insípidas y de pastillas cada doce horas. Porque hice berrinches y sufrí después todas sus consecuencias. Por eso pude, antes o después, gritar hasta perder la voz, porque no puedo decir que canto, bailar hasta el dolor de plantas, o al menos intentarlo, reir escandalosamente y sentarme en plena paz un sábado cualquiera a no hacer nada sino escuchar la música y acabarme otro poco los pulmones. Por eso pude antes o después estar contigo, en noches breves o no tanto, en tardes o días completos agradables. Aprender de tí y enseñarte algo. Quererte mucho, poquito, más. Por eso puedo también hoy verte de nuevo, sin remordimiento, sin dañinas añoranzas eternas, sin pestes de realidades alternas, sin ningún dolor, porque ése tiene un momento, se vive, se sufre, se encarna, y como el mejor de los alimentos, después solo se va.

Porque a veces no paro de llorar, es que otras tantas puedo reírme tanto. Y eso y ser feliz es exactamente lo mismo.

sábado, noviembre 14, 2009

Anecdotario llanero

[ADVERTENCIA: Post largo largo y anecdótico, como en los viejos tiempos]

Amanece el día y sólo Dios sabe cómo va a acabar, dice mi madre. Nada describe mejor lo que pasó el sábado pasado, en el llano.

Fui allá, entre otras cosas, a ver a gente que estimo. Comimos camarones; tenían buen sabor, suficientemente bueno como para no sospechar que después se iban a poner en mi contra. Pero en lo que se decidían a fastidiarme, alcanzaron a pasar otras varias cosas. El local donde comimos está bajo las graderías del estadio de futbol. Había mucho movimiento, el esperado para un sábado de partido en la 1ªA. La Trinca Fresera iba superlíder y jugaba nada más y nada menos que contra los Dorados de Sinaloa. El año pasado, cuando la Trinca se peleaba el campeonato para ascender a 1ªDivisión me quedé con ganas de ir al estadio. Hay que entrar. ¿A qué hora es? A las 7. Pues vamos y volvemos ¿no? Y fuimos y volvimos. Fuimos a la plaza, por un móvil; fuimos al café por una amena charla (después de recuperarme de la confusión por no poder pedir un café chico, sino un alto, que no era más alto que el grande, que en realidad era mediano, porque había uno más grande que no se llama grande sino Venti... y aunque no era mi primera vez, no he podido acostumbrarme a semejante cambio de estándares); y volvimos al estadio. Puerta 5, la de la porra. Había que ver de cerca a Los Hijos de la Mermelada, así, independientemente del partido, podíamos asegurarnos un rato de sana diversión. La Trinca ganó 3-1. Gritos y saltos, pues si a eso iba, bah. El portero local se mereció la ovación del público: "¡Ese mi marcatextos!" Quién lo manda a traer un uniforme de ese tono de amarillo.

La afición salió feliz. Nostros también, y decidímos que tres minicoronas estaban bien para empezar, pero había que continuar. Un bar de medio pelo, debajo del estadio (hay tantas cosas debajo del estadio) nos cobijó con una rockola que tocaba puras de adoloridos. ¿Qué pues, de qué se trata? Al rato llegó el hermano mayor, el líder de los Hijos de la Mermelada. Traía ropa militar, dejando ver que tenía brazos bien trabajados en gimnasio, y su máscara de luchador. Pues hay que darle, no vaya a ser, dijeron los muchachos. El que lo acompañaba era un hombre joven, alto, muy corpulento y con la camiseta de los Dorados. Amigos, a los de la porra visitante se les acabó la lana y su chofer no los quiere regresar, estamos pidiendo para que se puedan ir. Todo sea por la paz entre las porras y porque no queremos que se enojen, que sí imponen. Ahi'stá.

Ya es domingo, cierra el local y migramos a otro sitio donde nos permitieran seguir con nuestras sesudas reflexiones que pretendían arreglar el mundo. El nuestro primero, y el de todos después. Así fue como caímos al billar aquél, de noches de viernes y de sábado, o de martes o miércoles, ¿por qué no? Ahí vamos los tres monos y los camarones diabólicos que empezaban a amenazarme. Pero no me iba a rajar, este estómago de perro callejero tiene una fama que defender y no me dejo, no y no.

Llegamos al billar y nos encontramos con el dueño, señor de más de cincuenta normalmente sujeto serio y al pendiente del negocio, sentado en una de las mesas, bien entrado en copas con los que parecían ser sus grandes amigos. Aquí es donde tengo que señalar que mis acompañantes son asiduos visitantes del lugar, personas bien conocidas por el dueño, por lo que lo primero que hizo éste al vernos llegar fue darnos la bienvenida, recordar las canciones favoritas de los muchachos e ir, entre balanceos a ponerlas en la rockola. Al poco rato acabó por presentarnos a sus amigos, y así conocimos a los personajes que nos hicieron la noche: Un hombre más bien pálido, lacio, de lentes, muy delgado: ¡pinche Pol Macarni! Ni como dudarlo. El hombre que nos contó la hostoria de amor más triste, porque era hermosa pero falsa: su chaparrita, la mujer de su vida, la que lo sacó del vicio, por la que da la vida, esa que hoy y tal vez siempre que se acabe una botella de ron, está con él hasta que recuerde que en realidad no, ya no, o tal vez no lo estuvo nunca. Y finalmente el hombre delgado y moreno, un madrazo de ese güey si me voltea la quijada, qué digo a mí, a los tres juntos. Y los tres juntos eran el que relataba y mis dos compañeros, porque claro, ni siquiera se podía suponer que me pegara a mí, que soy mujer. Tiene la mano pesada, y la tuvo más de joven cuando fue boxeador profesional, estrella regional que se fue a la Ciudad de México a pelear con Salvador Sánchez, campeón del mundo. Por supuesto, fue noqueado. En el cuarto round. Ni más ni menos. Era muy inteligente, y aguantaba mucho. Y la noche se nos fue en conocer las historias del boxeador, relatos de un hombre que daba vida a las efemérides del boxeo mexicano. Ojalá Zow o Marco puedan un día dar mejor reseña del anecdotario al que tuvimos acceso entonces.

Los camarones estaban a punto de ganarme la batalla y era hora también de cerrar el local así que nos retiramos. El domingo después de un breve desayuno de despedida tuve tiempo de pensar en vacíos y cosas peores antes de ver a mi querida Erandi y al buen José, con quien compartí la comida de la victoria (porque había logrado someter a los camarones insurrectos) antes de volver al valle, aún pensando un poco en rearreglos por desaparciones.

Amanece el día y sólo Diós sabe como va a acabar. Por lo pronto, no vuelvo a comer camarones debajo del estadio.

Zow ha escrito la historia, prácticamente inalterada, que nos contó el boxeador Seferino "El fresero" Morales . Vayan a leerla aquí.

domingo, noviembre 08, 2009

Vacío

Uma vez eu tive uma ilusão
E não soube o que fazer
Não soube o que fazer
Com ela
Não soube o que fazer
E ela se foi
Porque eu a deixei
Por que eu a dexei?
Não sei
Eu só sei ela se foi
.
Repudiado por la naturaleza, siempre y cuando exista materia lo suficientemente cerca, no pierde oportunidad de aparecer a la menor provocación. Pequeños vacíos, microscópicos, insignificantes de breves, imperceptibles; vacíos más bien medianos, un tirón momentáneo en las entrañas, incomodidad pasajera; vacíos más severos, si es que tienen severidad alguna, presión torácica, humedad ocular; vacíos terribles, de esos que alcanzan a doler.

Todos son eliminados en el momento, o al momento siguiente, la noche siguiente, el cigarro siguiente, el itinerario siguiente. En cada ocasión hay materia para llenarlos, generando una corriente, un reajuste, unos cuantos ayes y siempre un suspiro, más o menos sonoro, según el espacio a llenar. Y después la normalidad. Una vez más.
No se debe olvidar pues, que cada nuevo orden no es más que la cicatriz del orden anterior, desaparecido gradual o espontáneamente, pero desaparecido al fin, de manera tal que nunca sobre esa cicatriz o en otro lugar cualquiera, puede generarse un arreglo idéntico, por mucho que se intente, por mínima la desaparición.
¿Por qué? No sé.
Solo sé que se me fue.

miércoles, octubre 28, 2009

Singleton: Arte

Tomó una psique de cristal. Transparente, de diseño complicadísimo, frágil. La puso en la mesa, justo sobre un orificio por el que pasaba un haz de luz tan tenue que nadie había visto. Pasó la chistera y la mano con guante blanco alrededor del objeto que se tornó multicolor. Todos aplaudieron y le llamaron mago.

martes, octubre 27, 2009

Pesadillas

Anoche acabé mi pequeño cartel introductorio por ahí de media noche (no sé bien a qué hora porque algunos relojes de mi casa siguen en el horario de verano, muy cálidos ellos). Estaba agotada, molida, muy, muy cansada. Afortunadamente, pensé, por estos días basta con que ponga la cabeza sobre la almohada para perder la conciencia y ser feliz. Por estos días, menos ayer.

No sólo no puede dormir de inmediato sino que cuando lo logré, tuve a bien producir los más horrorosos sueños que he tenido en mucho tiempo. (¿Qué soñaste? dijo mi madre, ¡No soñé! ¡No fueron sueños, fueron pesadillas!, le contesté cuando tuve mi primera experiencia desagradable de ese tipo, como a los tres años).

Soñé con mierda. Asquerosa, abundante, adherida a las paredes de mi cuarto, sobre el piso, sobre la cama, el escritorio, todas mis cosas. Fétida. Mierda.

Desperté con asco y ansiedad. Busqué en todos lados, por si el gato había hecho una gracia y no me hubiera percatado antes. Nada. Todo limpio. Volví a dormir.

Soñé con el mismo cuarto, en las mismas condiciones. O casi. Porque ahora sobre toda la inmundicia comenzaban a correr arañas. Arañas grandes, grises, peludas. Con sus ocho patas y su exceso de ojos. Muchas, incontables, subían desde un rincón y llenaban las paredes y la cama sucia. Se metían en los zapatos y entre la ropa. Lo cubrían todo. Detestables.

Desperté con mucha ansiedad. Prendí la luz, sacudí las sábanas, busqué arañas. Nada. Volvía a dormir.

Soñé conmigo, padeciendo de una obesidad mórbida, con mi cara deformada, sucia, los dientes rotos y muy amarillos. Jirones por ropa, costras de mugre, sin zapatos, pegotes de suciedad en el pelo, tirada no sé dónde. Horror.

Desperté enojada, con dolor de espalda, muy, muy cansada. Descansé con un largo baño con agua caliente.

Ahora ¿cuál es mi pinche problema?

domingo, octubre 11, 2009

Singleton: Fobos.

Siendo el exterior algo completamente desconocido no era extraño que le tuviera tanto miedo. Era mucho mejor estar en este pequeño, oscuro y a veces frío hueco entre las rocas. O lo había sido, hasta que se volvió demasiado oscuro, demasiado frío, ruidoso. Sobre todo ruidoso. Soniditos extraños que no podía reconocer, que no dejaban dormir y que podían asociarse a toda clase de pequeños enemigos que podrían atacar en cualquier momento, por la espalda y sin avisar.

Llegó entonces el día en que los ruidos no le dejaban ni pensar. No paraban de sonar un solo segundo. Zumbidos, siseos, repiqueteos. Los huesos dolían con la humedad y el frío y no entraba ni el más diminuto rayo de luz. Cuando unas piedras pequeñitas que caían del techo golpearon su cabeza fue el fin de la cordura. Entonces el miedo el miedo de salir quedó hecho nada ante el miedo de quedarse ahí.

Y afuera el viento fresco, la luz del día, el suave pasto y todos los colores le recibieron, mientras trataba de explicarse aquél inútil pavor.

domingo, octubre 04, 2009

Punto 0.

La parte buena de olvidar todo es que la capacidad de asombro no se pierde. La novedad no se acaba nunca, o no por mucho tiempo. La semana pasada ví por primera vez en muchos años una muestra clínica teñida en el microscopio, y sentí lo mismo que cuando ví por primera vez en mi vida aquella tela de cebolla, teñida de azul. Ahí estaban, las células humanas y los pequeños bichos que no dan tregua. Las primeras de azul, las segundas de rosa (como si fueran la cosa más tierna sobre la faz de la Tierra y no nuestros enemigos). Laminilla perfecta. Una mano experta las había preparado para mostrarme cómo debo hacerlo yo dentro de poco.

Lo mejor de todo es que con el tiempo uno se da cuenta que en realidad no lo olvida todo, cuando estás ahí reconoces lo que es, por qué, cómo y bajo qué circunstancias. Entonces vuelves a sentir lo mismo que la primera vez, pero mejor, porque sabes lo que tienes enfrente.

Y así, una vez más, desde el punto 0, en el que todo está por venir, puedo volver a decir que no me puedo imaginar haciendo otra cosa.

viernes, septiembre 25, 2009

El Karma también tiene fuerzas armadas.

Ahora sí que he andado del tingo al tango. En estos días el ocio se practica de noche (menos hoy, como pueden notar). A veces el ocio es cibernético (por ejemplo hoy, como también habrán notado). Y andando de ociosa me encontré esta maravilla:
La pegatina Karma Police™ creada por Salles
(producto protegido por una licencia de Creative Commons)


Para conocer a su autor, el uso de la pegatina y, sobre todo, sus posibles consecuencias, vayan al sitio de Salles.

En breve, lo que hay que hacer es colocar la pegatina sobre la foto de quien consideren que deba ser "procesado por la policía del Karma" y esperar los resultados.

¿Quién les gustaría que fuera arrestado? He aquí algunos de los villanos favoritos del momento:

La gente de Chihuahua piensa que éste es un caso urgente.

Pagarás por todos los estudiantes altamente calificados y pobres.

¿2% qué? Ya veremos.


Mmm... bueno, esta fue una sugerencia, aunque no estoy segura
de qué manera puede el karma hacer sufrir a un virus.


Todas las imágenes cuentan con la autorización del autor y las hice respetando la licencia de Creative Commons. Que conste.

Ya quiero ver los resultados. Muajaja.


Nota al pie: Si son estudiantes de posgrado y van a usarla con una foto de su asesor, por favor, ocúltenla. No sabemos cuanto tiempo tardará KP en actuar y puede ser que el que esté a la vista sea contraproducente.

miércoles, septiembre 16, 2009

Por qué no sirve de nada un aumento de impuestos.



(Click en la imagen -corregida por Sámano, gracias- para verla en grande)

El problema no es que cúanto cobran, si no que no lo cobran parejo. Yo digo que limiten las cantidades deducibles de impuestos por donaciones a beneficencia.

Si me equivoco (en cómo ocurren las cosas o en mi ñanga propuesta) sáquenme de mi error y no me dejen vivir en el engaño.

jueves, septiembre 10, 2009

Sonido 3D

Suena ridículo ¿no? No, la verdad es que suena muy agradable. Pero este audio, que explota las características de este formato de grabación es muy bueno. Así que escúchenlo con los audífonos puestos (asegúrense de ponerse el R en la oreja derecha y el L en la izquierda). Denle play y cierren los ojos.



Qué cosas. No pude encontrar el sitio del algoritmo Cetera, pero me encontré este sitio donde se cuenta la historia de los sonidos holofónicos. Acá están varias grabaciones holofónicas, más sencillas pero simpáticas.

Se cuidan y si los agarra la lluvia, disfrútenlo.

martes, septiembre 01, 2009

A record of life.

Esta animación me gustó mucho, se las dejo.

A Record Of Life de Owen Gatley en Vimeo (Vía jshm).

lunes, agosto 31, 2009

Singleton

¿Qué te pasa? Lloro. ¿Por qué lloras? Por todo, por nada. Descansa cariño, no es bueno que llores tanto. No es tanto, solo lo necesario, déjame. Me duele. ¿Que llore? Claro. No tiene por qué, es mi llanto y no el tuyo. Pero me gusta más que rías. No puedo reir siempre, es una simpleza, una necedad. Te dejo entonces, pero trata de descansar ya. Este es mi descanso. Está bien, me voy ¿De verdad te importa? Sí, pero ya me voy. No, no te vayas; ya no puedo seguir, me has distraído mucho.

Un abrazo y un buen café.

jueves, agosto 27, 2009

Me falta ver a través de un telescopio.

Cuando era niña, ya lo he dicho, me gustaba la materia de ciencias naturales y me gustaba ver las estrellas. Un día ví en un microscopio una tela de cebolla teñida de azul, y pude ver su células rectangulares. Emocionable como soy desde siempre, eso fue suficiente para mí y creía que de grande iba a hacer algo que me permitiera estar usando todo el tiempo un microscopio. Casi. Nunca, en cambio, vi a través de un telescopio. Quién sabe qué hubiera pasado. Aunque mis pretensiones de ser astronauta o, de perdis, astrónoma duraron hasta mi adolescencia, al final la atracción hacia a lo microscópico fue mayor.

En días pasados se celebraron los 400 años de que Galileo Galilei mostrara a los venecianos su entonces nuevo telescopio. Gran aniversario. Pero no me voy a poner a escribir la historia que ya está en todos lados; tampoco pondré un anecdótico post al respecto porque, como ya dije, todavía me falta ver por un telescopio. Pero alguien llamado Facundo Alonso sí lo ha hecho y escribió un bonito post al respecto en su Replicador de Sueños. Vayan y leánlo, digo, si les place.

Y bueno, qué mejor para celebrar este aniversario que la nota de un planeta recién descubierto, que además de ser enorme, está muy cerca de su estrella y gira alrededor de ésta a velocidades inusitadas, cosas que es muy improbable que sucedan todas juntas y destinan al gran planeta a morir estrellándose en su sol más temprano que tarde, según dicen los que citan a los que dicen que saben. Por eso, el no tan dichoso planeta sorprende a los estudiosos de una ciencia que inició hace 400 años, cuando Galileo mostró a los venecianos su nuevo telescopio.


Nota rijosa: Año bonito y lleno de aniversarios para la ciencia. Lástima que entre tanto festejo sea ese el rubro al que le quiten presupuesto, recortando desde apoyos a investigadores hasta becas para estudiantes.

viernes, agosto 21, 2009

La cruda.

Marina tendría entre 21 y 25 años. Era delgada, de cabello negro y desordenado. Se delineaba todo el contorno de los ojos de negro, se pintaba las uñas de negro y los labios color vino. Creo que tenía un perforación en la nariz. La recuerdo como alguien agradable que jugaba de buen humor con nosotros, los hijos de los maestros que tomaban su curso para titulación de Licenciatura para poder entrar a Carrera Magisterial. Eran cursos de verano, así que hicieron uno también para nosotros. Su compañera también nos caía bien, ella tenía una voz suavecita y se peinaba muy bien. Entre las dos nos ponían a dibujar, a hacer figuras de papel, a construir papalotes y a hacer música con botellas, entre otras cosas.

Recuerdo muy bien como un día, mientras estábamos dibujando en una mesa enorme, Marina se limitaba a vernos. Toda la mañana había tenido una expresión en el rostro que solo podía significar algo malo. De repente apoyaba las manos y la frente sobre la mesa y parecía que se había quedado dormida. ¿Qué tiene? le pregunté a la otra muchacha. Mmm, está enferma... y cansada. ¿Por qué? Es que anoche se durmió muy tarde, déjenla dormir, no hablen muy fuerte. Pobrecita, pensé.

Uno de mis hermanos me decía hace un rato que la ventaja de que hoy le tocara inscribirse era que no tenía que lidiar con los niños del pueblo a donde van a dar su servicio social en el verano después de la parranda de anoche, de la que llegó ya estando el sol de viernes bien alto. Lo siento por los otros, decía. Y se fue a dormir.

Lástima que Marina no tuvo esa oportunidad.

martes, agosto 18, 2009

Hablemos.

Hablemos de cosas relevantes, como los minisatélites, o los repetidos directos con sus espaciadores variables, o mejor de tamaños y cantidades, en Megabases, no en Megabytes. Hablemos de estadística y métodos de hacerla y deshacerla. O no, dejemos eso para después. Platíquemos de incidencia y prevalencia, o de taxonomía, o mejor aún: de fisiopatología.

Ya sé mejor platícanos, a ver ¿por qué viniste a dar aquí?

O mejor aún dejémoslo todo para despuesito. Nos vemos en tres días.

Y al tercer día, todo sucedió con mucha calma. Relajado el asunto. Que les caí bien. Habrá que ver si entro en las prioridades de quien me va a mantener.

miércoles, agosto 12, 2009

Envío de afectos, retención de datos.

Hoy recibí correo de una amiga que extrañaba mucho desde que salí del llano. Hace unos días también recibí un mensaje de otro amigo que no escribe a menos que conteste algo que yo le haya enviado y como ya tenía rato sin escribirle, no sabía nada de él. Ambos mensajes me sacaron la sonrisa. Es que yo soy muy pinche, cuando estoy lejos no escribo, o lo hago muy rara vez y por eso la gente luego se olvida de mí. Este par del que hablo hoy tienen esa misma manía (o falta de). Que ambas personas me hayan comunicado sus afectos en la misma semana ha sido, además de muy agradable, muy oportuno. Por eso los quiero tanto (si soy bien cursi, pero soy cursi de clóset; o de bitácora).

Ya solamente me falta una llamada (o correo) que no llega, pero sé que no puede tardar mucho más. Y más que con cursilerías tiene que ver con burocracias: esas cosas que no pueden ser más que del diablo o de un dios con un humor muy torcido. Esperaremos.

domingo, agosto 09, 2009

Singleton: Códigos oníricos.

Animal pequeño y horrible, nadie te quiere en su cabeza. Nadie quiere sufrir comezones vergonzosas por tu culpa y nadie descubrir tus asquerosos huevecillos mientras se peina. Pero yo tuve que encontrarme contigo cuando peinaba a un pobre chiquillo desconocido, o el día que intenté peinarme a las maneras de la abuela. Ahí estabas, tú y tus parientes con toda su desendencia, generando una imagen repulsiva para mí. Insecto detestable, cuando te descubro brincas a todos lados, lo mismo que toda tu comunidad. Parecen sentir mi mirada y volverse locos en el acto mientras el cuero cabelludo que observo está tapizado, blanco de liendroso. Asqueroso.

Despierto después de verte no solo con el asco, sino con el susto y la angustia. La última vez que apareciste murio mi padre, y antes de eso mi madre. Cuando mi hermana te encontró en la cabeza de su hija y despertó sudando, murió una tía. Todos conocemos el mensaje que traes entre tus seis patas. El problema es que no sabemos quién ni qué tan pronto.

En estos días te has aparecido en la cabeza de más de uno de nosotros. Los teléfonos suenan y todos dicen estar bien. Seguimos nuestras rutinas mientras esperamos que sea un error, que sea culpa del sudor por el calor nocturno o un fastidioso mosquito, y que no te vuelvas a aparecer, al menos en un buen rato.
 
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