miércoles, agosto 12, 2009
Envío de afectos, retención de datos.
miércoles, julio 15, 2009
De colores...
Ayer cuando pregunté por los sabores de té que tenían en Café-Café, me hicieron la tarde llevándome una cajita con una colección de sobres de tés de muchos, muchos colores. Me brillaron los ojitos, y más cuando leía los extraños sabores a los que correspondía cada color. Hasta la conversación que estaba teniendo se vio interrumpida, no porque ya no escuchara, sino porque, tal vez, hablarle a alguien que parece (énfasis en parece) más interesado en bolsitas de papel que en lo que le estás diciendo puede ser poco motivante. Ups. Jugué tantito, escogí un sobre y volví a la conversación.
Tengo costumbres lúdicas tan simples, que no sé cómo la gente seria me aguanta.
martes, abril 21, 2009
Ya fue, ya me voy.
Efectivamente, ya fue, ya tengo el grado por el que vine y ahora sí ya me voy. Y ahora sí, ahí les dejo el llano. Esta historia se acabó.
Hago mis maletas y abandono el llano infinito y su sol infame, sus polvaderas y su no saber llover, su horizonte casi rectilíneo y su mal drenaje (que ya están arreglando, por cierto). Pero también dejo su mirador, sus rincones coquetos en el centro, su barezzito y otros centros de esparcimiento de reciente creación, su café-café y su rendez-vous. El ball-nine y los cortos de los jueves que pocas veces se dejaron ver. Dejo también el centro que me dio de comer y razones para no dormir, a los amigos recientes y los compañeros de viaje (tantas y tantas cosas compartidas). Y dejo la casita entre nogales. Ay, la casita. La voy extrañar por su terraza bonita, porque fue refugio cuando había tormenta en el lomerío o más cerca, aquí en el Centro; fue también punto de partida y de llagada de viajes varios, unos más largos y otros más cortos, pero todos muy amenos. Y pues porque era mi casa; es que cuando uno llega diario a dormir a un lugar que ya tiene la marca de uno en las paredes, que ya huele a uno, pues se vuelve el lugar natural de uno. También voy a extrañar a mis cohabitantes, por las noches frente a la tele, las de estar platicando hasta las cuatro de la mañana sentadas sobre los muebles de la cocina y por tantas otras cosas que no están saber ni yo para contar, pero que las voy a recordar mientras las neuronas a cargo no me fallen.
Ay, el llano. Cómo renegué de él, pero bien que lo voy extrañar.
No me pregunten a dónde voy porque no lo sé. Tengo una incapacidad que asusta para planear mi vida, así que de momento y con rumbo final desconocido, vuelvo al lomerío. Brazos abiertos (aún) me esperan allá. ¿Por cuánto tiempo? Tampoco lo sé, aunque la verdad, sí quisiera.
Mientras tanto sigan disfrutando del arrullo.
lunes, abril 20, 2009
viernes, abril 17, 2009
Arbolitos
Por lo pronto, el pronóstico para el lunes es de una máxima de 27ºC. Arriba de mi límite máximo (25ºC) pero soportable. A ver si es cierto, sería muy feliz.
Arbolitos, dice Sámano, hay que sembrar arbolitos y dejar de cortar los que ya hay. Menos asfalto, digo yo, para completar.
viernes, enero 23, 2009
Dos kilómetros y medio, y podría volverlo a hacer.
Todos los que me conocen saben que tengo un rechazo innato al deporte. Se ríen mucho cuando digo, sin temor a equivocarme, que el deporte constituye un riesgo para la salud y la integridad física. Sé que estoy en lo cierto y si no es así, entonces ¿por qué existe la "medicina del deporte"? ¿Qué más evidencia quieren? Además, recordemos que nací con la agilidad de una estrella de mar para cualquier actividad deportiva, lo que aumenta el riesgo de lesión lo suficiente como para evitarlo en lo posible. Es decir, si de correr se trata, por ejemplo, que sea sólo en casos de urgencia (solía decir que yo no corría ni en defensa propia, hasta que algún vivo me contestó que era bueno saberlo; además, era mentira...). Ese es mi precepto, lo observo lo mejor que puedo y por él me conocen todos los cientificos en ciernes que van a despejarse corriendo alrededor de los campos aledaños al Centro justo cuando empieza a caer el sol.
Resulta, sin embargo, que también tiendo a llevarme la contraria, ¿quién me entiende?, y de vez en cuando me enfundo en mi pijama (los tres pants que tengo los uso para dormir cuando hace frío), me pongo mis tenis (que la mayoría del tiempo no son más que calzado cómodo) y me pongo a hacer algo de ejercicio. Son esfuerzos pasajeros que jamás crean hábito porque la actividad deportiva me resulta particularmente aburrida. Y, bueno, pues acaba de suceder de nuevo.
Todo es culpa de mi cohabitante veracruzana, otrora atleta de Tecnológico, corredora de velocidad, que extraña sus tiempos aquellos en los que recorría 100, 200 y no sé cuántos metros más en poco tiempo. Ahora que volvió a correr después de tanto y que le cuesta trabajo aguantar varias vueltas al circuito (porque además, dice, nunca ha tenido tanta resistencia, lo suyo son las distancias cortas), buscó a alguien que le hiciera compañía, alguien que tampoco aguantara mucho, que no se le despegara a medio camino y la dejara sola, alguien que no fuera como esos que ya tienen meses corriendo y ya tienen un ritmo y una velocidad establecidas. En resumen, alguien como yo.
Ándale, vamos. No. Ándale, acompáñame. Me aburro. No te aburres, no vamos a durar mucho. Ay, a los diez metros voy a caer desmayada. No, no, no, ya, ándale, yo sé que sí aguantas una vuelta, no es correr, es trotar. ¿Cuánto es? ¿un kilómetro, medio kilómetro? Jejeje... dicen que son como dos y medio. ¡Dos y medio! ¿pretendes que corra dos y medio kilómetros?, no, no hay manera... y así por horas y días hasta que acepté. Ash.
Era jueves y eran las cinco y media, con un pants que me queda zancón y una playera prestada (no es que no tenga, estaban sucias). Ahí voy. Estirar, calentar. Trotar. Pueden creerlo o no, pero estoy muy orgullosa de decir que aguanté la vuelta completa sin caer en crisis respiratorias de ningún tipo (y eso que he fumado mucho estos días). Lo bueno es que el circuito está tan amplio que no sientes que das vueltas a lo estúpido (como cuando me levantaba a las 6:00am a darle la vuelta a la cuadra, acabando la jornada aburrida, y la semana con una gripe fatal por andar en la calle a esas horas); lo malo es que el terreno es muy irregular, por momentos creí que me iba a doblar un tobillo. Cuando acabé la vuelta tuve que dar brinquitos en mi lugar porque me temblaban las piernas. Estirar, estirar. A la media hora me dolían mis patitas todas. No me quería imaginar cómo me iban a doler al día siguiente cuando todos esos cristales de lactato se ensañaran con mis fibras musculares. Como soy muy sacatona para el dolor, me comí un platanito y me tomé un FLANAX. Hoy no me duelen las piernas tanto como temía, qué felicidad.
También descubrí que, como en el comercial, con música sí corro. Portishead, The Sneaker Pimps y hasta Björk (sí Sámano, ya estoy escuchando a Björk) hacen de correr algo casi agradable ("I see a raiiiinboooooow...", excelente). Así que tal vez lo vuelva hacer. La próxima semana lo intentaré de nuevo. Por supuesto no prometo que sea por mucho tiempo.
jueves, enero 15, 2009
Minutos eternos.
miércoles, agosto 20, 2008
Los recuerditos de las Europas.
Luego les digo cómo está de bueno el chocolate. Habrá que hacer fiesta: si lo que hacía falta era el pretexto, ya está. ¡Bienvenido!
sábado, julio 12, 2008
No me vuelvo a quejar (de que no llueve).
O al menos intentaré no hacerlo, no volverme a quejar de que en Irapuato no llueve. Desde hace más de una semana, como en el resto del país, en el llano no ha dejado de llover. El martes tuvimos precipitación pluvial continua con exacerbaciones repentinas (pueden criticar el uso de los términos climatológicos, seguramente es pésimo). Ahora, en cristiano: Desde el viernes llueve todos los días y el cielo se ha mantenido nublado. El martes llovió todo el día, aunque la mayor parte del tiempo fue un chipi-chipi aparentemente inofensivo, por momentos la lluvia era bastante intensa. Las nubes no dejaban ver ni un poco de cielo azul y unas cuantas se encontraban a muy bajas, lo que generaba un paisaje un poco sombrío.
Ahora, debo aclarar que todo lo anterior no me molesta en absoluto; por el contrario, me agrada bastante y un día así, o una semana como esta me haría muy feliz, de no ser por un pequeño detalle: la incapacidad de los ingenieros de este país de construir y mantener un sistema de drenaje apto para estas circunstancias a pesar de lo comunes que son por aquí. O ¿de verdad es tan difícil? No creo.
El domingo, cuando el taxista que me llevaba a mi casa vio la magnitud del encharcamiento de la entrada del fraccionamiento, casi se decide a no entrar y a dejarme a mi suerte con todo y bolsas de despensa. No lo hizo, me llevó a mi seca calle pero me cobró más. La noche del martes no pudimos entrar. Después de la lluvia de 24hrs el riesgo de que el carro de mi compañera de casa se quedara varado a medio charco era tal que preferimos refugiarnos en casa de alguien más del laboratorio en lo que bajaba el agua. Finalmente, pasadas las once de la noche, sentí la calma que da acostarse en la cama propia cuando se pudo haber pasado la noche como refugiado.
Está bien, no me vuelvo a quejar de que en Irapuato no llueve, porque de todos modos cuando sí llueve no hay drenaje que lo soporte. Y también voy a reconocer que este no es un problema único de esta ciudad asentada en un llano infinito. Es justo reconocer que es un problema general en este país, y en muchos otros. En pocas palabras: no me quejo de la lluvia y los días nublados, si no del drenaje; y no me quejo de Irapuato, sino de la mala ingeniería civil nacional.
viernes, junio 20, 2008
Dos cosas.
Luego te das cuenta que son más patrullas de lo normal para un simple encuerado. Además hay varias calles cerradas y mucho movimiento. ¿Qué pasa?
Pasa que hubo una balacera a pocos kilómetros de ahí. Que la policía local quiso detener a un vehículo "sospechoso" y estos empezaron a tirar balazos con armas largas, y la policia contestó. Pasa que se murió un policía en el proceso, que llamaron a refuerzos y empezó la persecución. Pasa que también se murió un presunto sicario, y que sus compañeros dejaron su cuerpo, sus armas y la camioneta en la colonia donde empezó esta historia. Pasa que unos de ellos, tal vez para no ser reconocido, se quitó las ropas y huyó. Lo demás es historia. Las persecuciones siguieron durante el día en los alrededores del municipio. Hubo varios detenidos. Ahora los irapuatenses se preguntan si van a tener que sufrir como los de Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Nuevo León y Tamaulipas solo por estar a medio camino entre ellos.
Puede ser que sí.
Los operativos del gobierno han logrado mover el piso de los principales cárteles del narcotráfico. Ahora células de éstos están dispersos por todo el país peleando entre ellos por los nuevos territorios. Algún día la fuerza pública tenía que entrar para detenerlos, cierto. Que la policía (en cualquiera de sus variantes) no estaba lista para hacer frente a la situación, cierto. Pero ya es mucho tiempo, y la policía sigue sin estar lista. El ejército no puede estar siempre haciendo trabajo policiaco. No es la solución. Puede ser que haya sido útil para "destantear al enemigo", pero sin una solución de fondo, esto se va a poner cada vez más negro.
DOS
Hace unos días platicaba con una de las chicas con las que vivo sobre las grandes subastas de obras de arte, y coincidimos en que es demasiado pagar millones de cualquier moneda en un objeto que sólo va a estar en medio de un cuarto o colgado en una pared, sólo para que lo veas. A mi me gusta ver cuadros, esculturas y objetos antiguos y extraños, pero pagar tanto por eso... tal vez como no puedo imaginarme si quiera lo que es tener ese dinero, no puedo concebir esa forma de gastarlo. Mejor lo dono a la Iglesia para obras de caridad, dijo mi compañera.
Luego en la semana salió el tema del super donativo, que luego ya no fue, del Gobernador de Jalisco para la construcción del Santuario de los Mártires, esos que muerieron en la Guerra de los Cristeros y que vino Juan Pablo II a canonizar. Entonces, si tienes 90mdp y los donas a la iglesia ¿está bien? Pues si es tu dinero, tú sabrás. Pero si eres funcionario público y el dinero es del erario público y, peor tantito, no es para programas de asistencia sino para la construcción de un inmueble que no es precisamente necesario... no puede estar bien.
90 millones de pesos se podrían invertir, por ejemplo, en programas de salud, educación, vivienda, seguridad pública... ¿alguna urgencia que me falte?
miércoles, junio 11, 2008
Enésimo comentario del mismo tipo
viernes, mayo 02, 2008
No melodioso ruido de pájaros.
Miedo.
viernes, abril 04, 2008
Crónica burocrática: el desenlace
Viernes 4 de Abril de 2008
Fui a comer a deshoras en la cafetería de centro este donde pretendo jugar a modificar la naturaleza de un hongo, que por cierto, se rehúsa. Ahí estaban ya terminando de comer tres de mis compañeros de generación, dos de maestría, uno de doctorado. Poco despues se nos unió un compañero más de maestría. Los que habían terminado de comer nos esperaron a los que apenas comenzamos. Una vez instalados en la sobremesa, una de las chicas nos dijo que tenía noticias para nosotros, y que esperaba que no se nos fuera a revolver demasiado el estómago. Después de varios minutos de rodeos y de fallidos intentos de adivinar la noticia, las chicas que ya habían terminado de comer se levantaron y se fueron entre risas dejando en la mesa dos sobres.
Los sobres eran cartas del Gobierno del Estado, era la respuesta a nuestra solicitud de extensión de beca. Ahora sabría si tanto papeleo, ir y venir, perseguir jefes y directivos, si tanta cosa valió la pena. Tal vez sea bueno aclarar ahora que soy una persona que carece de eso que ahora llaman inteligencia emocional, por lo que cuando me emociono, me estreso, me angustio o me alegro lo hago en grado superlativo. De ahí que al recibir el sobrecito este me subiera la frecuencia cardiaca a 100 y me viera obligada a pegar un grito para no asustar al resto de los comensales, y con un poco de prisa y mucha angustia lo abrí.
Valió la pena: mi solicitud fue aceptada y ahora tengo sustento por lo que resta del año. ¡Qué emoción!
De los 5 solicitantes, los 5 obtuvimos la extensión. Esto merece un festejo (pretexto era lo que hacía falta)
viernes, febrero 22, 2008
Crónica burocrática
Miércoles 20 de Febrero de 2008.
Acabo de ver un gel que me indica que todo puede mejorar en mi vida como estudiante de posgrado, aunque a estas alturas será imposible que mejore lo suficiente para que me titule en Agosto, como debería ser. Justo en ese momento alguien me recuerda que el lunes se vence el plazo para enviar al Consejo Estatal (blablabla) la solicitud de extención de beca. Alerta roja.
Acto seguido bajo el formato, lo leo y me doy cuenta que lo único que no piden es una carta de no antecedentes penales y la cartilla de vacunación. Veo mi plan del día... imposible parar los experimentos, ya todos están corriendo y los tengo que terminar. Al menos tengo que avisar al Jefe cuáles son mis intenciones para que me firme mis n cartas de presentación, apoyo, etcétera, etcétera, etcétera. Una vez obtenida la aprobación verbal del jefe y eliminada la barrera mental que a priori me produce tanto papeleo empiezo con lo más engorroso: Resumen en 300 palabras máximo de mi proyecto, lista de metas y objetivos (por separado, por lo que primero había que encontrar la diferencia) y la explicación del impacto social y económico de mi investigación. Claro, mi proyecto de tesis va a erradicar el hambre del mundo y hará rica a toda una comunidad. Perdón, el sarcasmo me brota a borbotones en estos casos.
Durante la comida me encuentro a varios compañeros que también deberían titularse en Agosto y les comento de lo odioso del formato de la solicitud. Las expresiones espontáneas de todos indican que generaron mil pensamientos por segundo entre los que se encontraba el cómo diantres se les pudo olvidar el asuntito este. Se entiende, es tiempo de tutoriales, seminarios departamentales y eventos por el estilo que tienen el objetivo de probar que nuestros nervios no son de acero, pero que deberían serlo. Así que la alerta roja se expande, solo quedan dos días hábiles para conseguir todas las firmas, con la salvedad de que todos los jefes y administrativos de la institución están volcados en menesteres similares solo que en magnitudes mucho, pero mucho mayores, por lo que su disponibilidad decrece a niveles mínimos o nulos. La angustia, por supuesto, se dispara.
Jueves 21 de Ferbrero de 2008.
La mayoría de los experimentos tienen un seguimiento de varios días y si no quiero perder el trabajo de una semana será mejor que no bote los últimos pasos por un enredo burocrático. Después de comer seré libre para llenar el papeleo.
Antes de la comida voy a la oficina de la secretaria encargada de redactarnos 4 de las n cartas que se necesitan, sólo para saber que este día no se presento. La angustia pasa a nivel de histeria, disimulable, pero histeria al fin y al cabo.
Finalmente a las 11:27 p.m., después de mucho escribir, corregir, de decir improperios en voz baja y alta, finalmente, puedo decir que lo único que me falta son los datos de mi jefe, que solo él tiene, las firmas, copias de algunos documentos que puedo sacar al día siguiente y por supuesto las 4 cartas que no pude conseguir el día de hoy.
Viernes 22 de Febrero de 2008
Pocas, muy pocas cosas que hacer en el laboratorio. Hoy es día de papeleo. En cuanto dan las 9:00 a.m. voy a la oficina de la secretaria. En el camino me encuentro con una compañera que anda en los mismos apuros. Llegamos. Hoy tampoco vino. El nivel de angustia se eleva, la histeria se pontencía al ser compartida. No desayuné, no puedo soportar estas angustias en ayunas, pero no puedo ir a desayunar hasta no ir a hablar con el Secretario Académico, para ver qué hacemos en caso de ausencia de secretaria que todo lo sabe en cuestiones de trámites. El Secretario no ha llegado. Es oficial, mi mucosa gástrica no puede soportar tanta tensión sin alimento que digerir. A desayunar. En el desayuno nos juntamos 3 estudiantes igualmente atormentados, lanzado al aire cuanta palabra digna de albañil podemos proferir. La histeria adquiere dimensiones colectivas. Nos dedicamos a revisar meticulosamente nuestros documentos haciendo correcciones mínimas, cosa de formato, dejarlo listo para imprimir.
De repente alguien se asoma a la puerta para decir "Ya llegó Dora". Dora estaba de permiso, solo vino a atender la emergencia burocrática. No va a estar mucho tiempo aquí. Corre. Llegué para encontrarme con una fila no muy larga, pero fila al fin. Es lo malo de estar en el edificio del fondo. Tres de las cuatro cartas son, por arte de magia secretarial, convertidas en una sola. Solo dos documentos que anexar, muy bien. Ahora a llevar la portada de la solicitud con el concentrado de información a que lo firme el Director. El Director nos niega la firma. "Junten todos los papeles, que se los firmen sus Jefes y me traen el expediente armado. Antes de las tres". Corre, corran.
Mi jefe tuvo dos tutoriales, y salió directo a comer sin pasar por su oficina. Bien, calma, puedes explicar que no estuvo disponible, que te dispensen de momento la firma, que la tendrás en la tarde. El Secretario Académico y el Director firman. Excelente. Solo falta el Jefe.
Son las 4:30 de la tarde. Solo espero a que llegue el hombre en el que más he pensado estas últimas dos horas sin ninguna otra intención que la de obtener su firma. Y llegó, solo para decirme que hoy es el deadline para entregar un proyecto, y que me firma el lunes, temprano. Muy bien, tengo hasta las cuatro de la tarde del lunes para entregarlo. Supongo que es posible. Pero al menos lo demás, ya está listo. Mi paquete de dos docenas de hojas está armado. Tengo una tarde para avanzar en lo que se me antoje en el laboratorio.
Seis de la tarde. Me encuentro a dos compañeros. La mayoría tiene jefes con el síndrome del deadline. A ellos también les firman el lunes. Con que nos den tiempo de digitalizar todos los documentos firmados, por que también hay que entregar la solicitud en formato digital, que para eso estamos en la era de la tecnología de la información.
Tres cosas:
¿por qué las instituciones gubernamentales piden tanto papel que nadie, de verdad, nadie va a leer?
¿por qué ese tipo de cosas me causa una repulsión tan fuerte antes de empezar a hacerlas?
Y la más importante:
¿por qué siempre dejo las cosas al último?
No lo sé, de verdad que no lo sé.
lunes, febrero 11, 2008
Nada...
Domingo, 10 de Febrero de 2008
07:04 p.m.
Domingo por la tarde, después de tres días de nubes y vientos, finalmente llueve. La lluvia literalmente se ve venir. Llega un punto en que las nubes negras y extensas no pueden con su propio peso y parecen, a lo lejos, desfundarse. Parece que el aguacero por venir es de preocupar. Pero no, aquí nunca llueve así, y si la intensidad de la lluvia rebasa el promedio no lo hace por mucho tiempo.
Finalmente decido ver esa película de corte gnóstico que alguien me prestó (y que tengo arrumbada en algún rincón esperando a que me acuerde de ella) quitándome momentáneamente todos los prejuicios que esta clase de cosas me provocan. La veo, con atención. El viento cada vez es más fuerte y el olor a tierra mojada, que llega antes que la lluvia misma, es cada vez más intenso. Por fin cae el agua. La película sigue, y estoy atenta. De cualquier modo, no tengo un libro a la mano y no quiero leer un artículo. La película sigue, hasta que se va la luz…
Cuando esto pasa en este fraccionamiento de casas en serie y materiales baratos, la luz puede volver pronto y fallar de nuevo. No es seguro conectar los aparatos, hasta que no haya pasado suficiente tiempo como para creer que el servicio será constante. Mi computadora tiene pila, no tengo internet. Podría escribir algo en el OneNote para distraerme mientras pasa el periodo de prueba. No tengo aún la foto de los millares de pájaros que se posan en los cables del boulevard a estas horas; podría escribir acerca las pequeñas excursiones de fin de semana que he hecho y que no he comentado, pero no sé por cual empezar.
La lluvia ya se calmó, el viento también. Estas tormentas nunca duran mucho aquí. El olor a tierra mojada es bastante intenso. Ya oscureció, y la luz ha estado estable. Tal vez sea tiempo de conectar los aparatos, o de llamar a alguien para disfrutar en un café un rato de la joven noche humedecida.
Podría escribir acerca de las pequeñas excursiones de fin de semana que he hecho y que no he comentado. Sí, lo haré, otra tarde de domingo con nada que hacer.
jueves, enero 24, 2008
Sabios del volante.
Pero bueno, lo defectos de crecimiento interior debido al abuso del derecho de emitir opiniones no era el motivo de este texto. Esta mención era sólo una introducción a una renuncia de responsabilidad, porque quiero dejar claro que no es mi intención criticar, solo quiero compartir un poco de lo que se me ha dado.
Resulta que andando en los siempre emocionantes camiones del transporte público (universalmente conocidos por las temibles piruetas que pueden hacer sus conductores) me encontré con la muestra de la sabiduría que solo aquellos que trabajan al volante pueden poseer y, sobre todo, difundir con una gracia y soltura características. A diferencia del taxista, el cual puede dar una lección de vida personalizada al pasajero en turno, un microbusero no puede darse el lujo de guiar por el buen camino a todo su pasaje. Demasiadas mentes receptoras capaces de generar un bullicio insoportable en caso de que alguno discrepe de las enseñanzas del popular personaje.
Luego entonces, el gran maestro microbusero busca entre su terciopelo rojo, las imágenes del Señor Crucificado y la Virgencita de Guadalupe, así como de una serie de estampillas con forma de mujer, un espacio suficientemente amplio y visible, para hacer entender a todos la última gran verdad que le ha sido revelada:
Más claro ni el agua de garrafón. ¿Qué haríamos los pobres mortales sin ellos? Además de llevarnos a casa y de darnos diversión propia de una montaña rusa tienen a bien ilustrarnos de esta manera, y todo por el mismo precio.
Esta bien, tal vez sí quise criticar un poco. Pero nada más poquito. Por hoy, ya no cresí.
viernes, diciembre 14, 2007
Lluvia de estrellas
Luego crecí, mi curiosidad de niña fue disminuyendo hasta que yo me enteraba de ese tipo de fenómenos hasta que alguien me los platicaba después. Y acabé olvidando que siempre quise ver una lluvia de estrellas.
Ayer, cuando me enteré de que semejante fenómeno se iba a dar otra vez juré no permitir que sucediera sin ser testigo de ello. Lo bueno de vivir a la orilla de este llano infinito es que las luces de la ciudad son menos. La terracita de mi casa siempre me ha gustado, pero ahora realmente iba a adorarla.
Ya en casa con la idea de pasar un poco de frío por ver quemarse partículas extraterrestres, me llegó un mensajito invitándome a ver lo mismo, pero en el mirador. Bueno, pues allá fui en compañía de parte de la familia putativa, con la que hacía rato que ya no compartíamos noches de desvelos. Despues de un rato, y entendiendo que las luces de la ciudad era aún muy intensas, nos dirijimos a las afueras de la ciudad, en un paraje bien conocido, y considerado seguro donde la lluvia se vio en todo su esplendor.
No sé qué tienen esas cosas que no se ven seguido, el hecho de ver eventos que van mas allá de la realidad inmediata, que me atraen y me calman los ánimos como la música debería calmar a las fieras. Estuvimos hasta altas horas de la madrugada observando caer gemínidas cual prometeos incendiados, aguantando el frío y la tortícolis, no como los machos, sino con ayuda de botana y un poquito de tequila (solo poquito, porque hoy se trabaja y había que manejar a la ciudad).
Esta noche vi llover... solo puedo decir "Qué bonito".
viernes, diciembre 07, 2007
Se me fue un año
Finalmente los meses han pasado, el posgrado se acorta y las vacaciones están a la vuelta de la esquina. Ya es diciembre y el año se fue como agua entre las manos. Terminé mis cursos, empecé mi proyecto, tuve dos tutoriales y mi estado de ánimo ha fluctuado como acciones en la bolsa en tiempos de incertidumbres.
Es diciembre ya, hace frío, aunque no como esperaba, es tiempo de ponches, piñatas, rosarios y fogatas en las calles y fiestas en las casas. Fue también el séptimo aniversario, uno muy feliz por cierto.
Es diciembre y es tiempo preguntarse cuánto queda por hacer el año que entra. Si alcanzaré a hacerlo en el tiempo establecido. Es tiempo de imaginarme dónde estaré en un año. En realidad ese es un pensamiento muy limitado, porque a estas alturas de mi vida mi futuro ya no es sólo mío, por eso festejamos un séptimo aniversario; así que más que imaginarme dónde estaré, me imagino dónde estaremos en un año. Veo entonces que hay que reacomodar algunos planes. Pero seguimos teniendo la esperanza de que todo saldrá bien.
Es diciembre, ya comí buñuelos y atole de tamarindo. Ya rompí (o lo intenté al menos) una piñata. Pero aún no vuelvo a casa. Me faltan escasos días. Iré, porque allá está la voz que me llama con cariño y los brazos que anhelan tenerme entre ellos. Ya casi se llega esa hora. Después de un año transcurrido, por fin volveré para estar por un periodo considerable. Qué rico.
viernes, septiembre 21, 2007
Chismografía: Cómo inventar una vida.
El rumor comparte las caraterísticas del mito y la leyenda. Es muy probable que incluso éstas tengan su origen en su hermano menos sofisticado. Se transmite inicialmente de manera oral, y dependiendo de su alcance o de la calidad social de los personas u objetos implicados, el rumor podrá alcanzar la gracia de ser transmitido por escrito, cosa harto fácil en estos tiempos, donde además una imagen incierta puede acompañar el deformado relato, haciéndolo más interesante, y ser difundido incluso via red.
Como la leyenda, el rumor mezcla sin mesura lugares, personas y eventos reales, con una serie de detalles ficticios que llevan la anécdota a un nivel fantástico. Con el tiempo lo ficticio supera a lo real y todo el mundo se cree enterado de hasta el más mínimo detalle de algo que nunca pasó. Como el mito, el rumor se genera para explicar el origen de las cosas, cosas que de otra manera no entenderíamos, aunque en realidad sean cosas que no tendrían por qué ocupar nuestro tiempo. Un rumor bien manejado debe ser rápidamente difundido, pero con la suficiente discreción como para que el o los involucrados sean los últimos en enterarse, aún cuando hasta aquél que se sienta junto esté al tanto de todo.
¿Por qué el rumor, el chisme vil, es producido con tal diligencia? A excepción de unos cuantos ilustres a los que las vanalidades diarias les tienen sin cuidado, el resto de los mortales hemos participado en la generación y divulgación de al menos un chisme. El rumor se produce con particular eficiencia en los sitios de trabajo con horarios intensivos, como la industria, los hospitales y, por supuesto, los centros de investigación. Aunque también se da muy bien en centros burocráticos. En estos sitios se convive siempre con la misma gente, a veces todo el día, todos los días, y todo gira en torno a un intinerario infinitamente repetido. Los temas de conversación para la hora de la comida se agotan pronto y entonces, la gente se vuelve creativa. A veces, demasiado.
La vida real se torna entonces tan monótona y gris que las habilidades literarias y de cuentacuentos de todos se expresan para llenar de colores y dinamismos imaginarios la existencia de todos los otros. El chisme es pues un divertimento, una válvula de escape, es ese mundo alterno que nos hace olvidar un poco el mundo real que no es siempre tan grato ni tan emocionante.
Desaparecerá primero la raza humana que el chisme. Mientras cada persona viva colaborará en la creación de vidas alternas y tendrá, ella misma, cualquier cantidad de opciones existenciales, aunque tal vez nunca lo sepa. No es pues sano detenerse para evitar que hablen, finalmente, si ladran los perros, será señal de que se va avanzando.
martes, septiembre 04, 2007
Primer aniversario
El tiempo no es mas que la sucesión de los hechos… pues bien, ha sucedido que la Tierra dio una vuelta completa alrededor del sol desde que vine dar a este llano infinito con toda la intención de aprender hasta lo que no imaginé de biología molecular.
Recuerdo bien que en ese entonces no tenía idea del proceso que me esperaba. Todo era incertidumbre e ilusiones. Todo era un sueño que trataba sobre indagar los secretos más íntimos de la vida, un ideal adornado con la cereza de un beca cuyo monto era mayor al de los salarios que obtendría como química laboratorista.
Un año pasó, y las lecciones aprendidas fueron muchas. Por ejemplo, lo periodos de adaptación pueden ser suprimidos y no hay nada mejor para evitar la nostalgia por el hogar y la pareja que un examen el primer día de clases, una buena tanda de artículos que revisar y tareas que llevar a cabo en tiempo récord. También te das cuenta que aquí no hay lugar para el ego. No importa que tan bueno hayas sido en la licenciatura, aquí no eres nadie, hasta que demuestres lo contrario.
El posgrado siempre te alienta a rebasar tus límites: tu dosis diaria máxima de cafeína, por ejemplo, o la cantidad mínima de horas a la semana que requieres para dormir, la cantidad de palabras de inglés que conoces (aún si no llevaste un curso formal de inglés), tu capacidad de tolerar el fracaso, o la crítica. La dependencia a los fines de semana, días feriados y vacaciones se elimina por completo.
La velocidad con la que haces las cosas también aumenta, especialmente en cuanto se refiere a procesos de modificación corporal como cambios de peso, formación de ojeras y envejecimiento en general.
Y claro, si en la licenciatura aprendiste a hacer bromas que sólo los de tu carrera entendían, durante el posgrado el contenido de tus bromas se volverá tan especializado que solo los diez monos de tu laboratorio las entenderán. El posgrado es, pues, una manera de volverse elitista.
Todo esto suena muy rudo, cierto, pero la verdad ha de ser dicha. Sin embargo, este es el camno que elegí y en realidad me gusta. Lo que aprendes, lo que observas, los que haces es tan fascinante que vale la pena. Lo vale… sí... Lo vale… lo vale...

