viernes, abril 04, 2008

Crónica burocrática: el desenlace

(antes...)

Viernes 4 de Abril de 2008

Fui a comer a deshoras en la cafetería de centro este donde pretendo jugar a modificar la naturaleza de un hongo, que por cierto, se rehúsa. Ahí estaban ya terminando de comer tres de mis compañeros de generación, dos de maestría, uno de doctorado. Poco despues se nos unió un compañero más de maestría. Los que habían terminado de comer nos esperaron a los que apenas comenzamos. Una vez instalados en la sobremesa, una de las chicas nos dijo que tenía noticias para nosotros, y que esperaba que no se nos fuera a revolver demasiado el estómago. Después de varios minutos de rodeos y de fallidos intentos de adivinar la noticia, las chicas que ya habían terminado de comer se levantaron y se fueron entre risas dejando en la mesa dos sobres.

Los sobres eran cartas del Gobierno del Estado, era la respuesta a nuestra solicitud de extensión de beca. Ahora sabría si tanto papeleo, ir y venir, perseguir jefes y directivos, si tanta cosa valió la pena. Tal vez sea bueno aclarar ahora que soy una persona que carece de eso que ahora llaman inteligencia emocional, por lo que cuando me emociono, me estreso, me angustio o me alegro lo hago en grado superlativo. De ahí que al recibir el sobrecito este me subiera la frecuencia cardiaca a 100 y me viera obligada a pegar un grito para no asustar al resto de los comensales, y con un poco de prisa y mucha angustia lo abrí.

Valió la pena: mi solicitud fue aceptada y ahora tengo sustento por lo que resta del año. ¡Qué emoción!

De los 5 solicitantes, los 5 obtuvimos la extensión. Esto merece un festejo (pretexto era lo que hacía falta)

martes, abril 01, 2008

¿Será?

Morelia se fundó un 18 de mayo. Cada año, el aniversario se celebra con muchas actividades entre las que está la Expo-Feria. De niños íbamos con mis papás a ver los caballos, el ganado cebu (¿cebú?) con sus extrañas jorobas, y mi mamá aprovechaba para comprar utensilios de cocina con los barateros, que hacían ruidos muy extraños al escupir mientras cantaban sus ofertas en el micrófono de diadema.

Luego fui un par de veces con mis amigos en la prepa y ya no volví a ir. No me gustó: Un gentío bárbaro, mala comida, mucho borracho, olía feo y los juegos parecían desmontarse al primer giro de los engranes. No, gracias. El año pasado inauguraron el nuevo recinto ferial, con su palenque nuevo y sus pabellones amplios... todo de blanco, se veía muy bonito. Cuando lo inauguraron (en Septiembre, porque para mayo no había nada todavía) aún no estaba terminado (qué raro) y quienes fueron dijeron que era un desastre, además de lo de siempre: gentío, borracheras y chacharero chino.

Este año, dice el nuevo gobernador que la feria será diferente:

"ya no vamos a tener eso, esperamos que este año se reoriente la feria y que en los próximos ya sea una verdadera exposición de lo que Michoacán produce y trabaja y ese es el objetivo que sea una feria que regrese a sus orígenes de expresiones productivas culturales" (nota completa)

Este año la feria debe ser un espacio abierto para la artesanía y productos michoacanos y dejar de ser lo que mucha gente llamaba "la cantina más grande del estado". ¿Será?

viernes, marzo 28, 2008

No soy tecnófoba...

... pero este tipo de cosas me dan ñáñaras. En especial la frase de "... a medida que declina la población nipona ... " etcétera. Chale.

domingo, marzo 23, 2008

Les Luthiers

viernes, marzo 21, 2008

Jueves Santo en Morelia.

Siendo jueves me dió por salir a maderear cámara en mano y al lado de la razón de mis desvelos. Se me olvidaba que era día de la Visita a los 7 templos. Cerraron la circulación del primer cuadro de la ciudad y permitieron que los feligreses hicieran su recorrido palma en mano izquierda y libro de rezos en mano derecha sin preocuparse de ser atropellados por el abundante tráfico. En la plaza Valladolid se proyectó sin ánimo de lucro "La pasión de Cristo" de Mel Gibson.

Así se veía Morelia este Jueves Santo.
Vistas de lado Oriente y Poniente de la avenida principal
Atardecer sobre una ciudad en pleno fervor religioso. La torre es del Templo de las Monjas.

Templo de San Diego y Santuario de Guadalupe. Sobre él, la luna llena.


Caminando por la Calzada nos encontramos el nuevo Café del Artista, que es parte de la Posada del Artista, que además de café y hotel es galería, donde todas las piezas están a la venta y la idea es que artistas locales puedan exhibir y vender su obra. Se veía agradable el lugar.

Patio de la Posada del Artista. Todas las esculturas están a la venta.

Ya de regreso por la avenida madero nos dimos cuenta de que la seguridad estaba asegurada para todos los paseantes, locales o extranjeros. Los cuerpos policiales se prepararon llevando nuevos elementos caninos bien capacitados, pero compactos para no estorbar entre el gentío:

Interrogado jocosamente por los paseantes, el apenado oficial tuvo que aclarar que era el perro de casa.

jueves, marzo 20, 2008

Artesanías Michoacanas

A Uruapan hay que ir en Domingo de Ramos, a ver los concursos de artesanías y de indumentaria indígena en los que no participan nada más los purépechas sino también otras etnias menos afamadas en el estado pero que también lo habitan, como la náhuatl, mazáhuatl y otomí.

El Domingo de Ramos todavía estaba en Irapuato. Llegué a Morelia a medio día e hice un par de cosas aquí, por lo que ya no fui a Uruapan. Fue apenas este miércoles que finalmente llegué a mi ciudad natal con toda la intención de cumplirme un berrinche que tiene origen en mis años preescolares. Me explico: cuando era niña y vivía en el centro de Uruapan mis papás me compraban cada año, en el tianguis de artesanías de Semana Santa cualquier cantidad de utensilios de barrio en miniatura. Tenía muchos y me encantaban. Luego nos mudamos a Morelia y mis trastecitos se quedaron en casa de mis abuelos maternos, donde fueron víctima de la etapa coge-y-avienta de una mis primas, que aún andando a gatas fue capaz de acabar con todos ellos, además de varios discos de acetato entre los que estaban mis audicuentos de Disney.

Con los años, y presa fácil como soy de la nostalgia, me propuse volver al tianguis a gastarme el dinero que no me sobra en miniaturas de barro para iniciar una de esas colecciones sin beneficio que algunas personas llegan a tener.

Ahí íbamos 5 monos, todos emparentados a Uruapan. Llegamos a comer, porque ya era tarde, en un restaurante de trucha Arcoiris que está a la salida a Morelia por la libre (Toreo, le llaman a la zona). El restaurante está entre huertas de aguacate y nuez de macadamia y tiene su propio criadero de truchas. Una orden de ceviche de trucha, sopa tarasca, truchas asadas, a la diabla y "arcoiris" (con queso y tocino), y alevines (bebida de aguacate riquísima), constituyeron el menú. Qué rico. Ahora sí, al centro.

En la plaza se desplegaban todos los puestos, con sus toldos blancos y sus letreros uniformes que decían cuál era la artesanía que vendían y de dónde venía: guitarras de Paracho, cobre de Santa Clara, barro de Capula o de San José de Gracia, etcétera.

Empecé comprando unos huaraches, que ya me hacían falta. Mi mamá compró utensilios de madera para la cocina y servilletas bordadas. También compre un par de tazas de cerámica. Cuando llegamos al área de las miniaturas no sabía ni dónde empezar. Finalmente compré todo lo que está en la foto. No gasté mucho, he de decir. Bueno, más o menos.

Los primeros objetos de mi naciente colección de miniaturas de barro. ¿A poco no están chulas?

Una de las dos tazas de cerámica de Capula que compré, junto a algunas de las miniaturas más grandes.

Mis huaraches nuevos :)

Lacas de Uruapan.

Guitarras de Paracho

Cobre de Santa Clara

Artesanía en madera

Juguetes tradicionales. Yo jugué con algunos comos esos.

Trabajo en tule.

Huanengos: Blusas tradicionales bordadas en punto de cruz. Todo un arte.


Lástima que a la cámara se le acabó la pila y ya no alcancé a tomar fotos de otras maravillas artesanales.

Para concluir el día me fui a cenar un atole de tamarindo, que el estómago no tenía todavía espacio para tamales, y si lo tuviera hubiera querido que fuera uno de harina de trigo y de esos ya no había. Tanto vendía la señora del puesto que hasta unos europeos sin temor a la venganza de Moctezuma se sentaron a pedir lo que más lógico les pareció pedir entre tamales rojos, verdes o de dulce y atole de tamarindo, zarzamora, negro y otros que ya no recuerdo . Rico.

miércoles, marzo 19, 2008

Una zacatecana en Querétaro

Querétaro es un bonito lugar para visitar. Entre sus encantos están esas callejuelas del centro por donde los carros ya no pueden circular, los cafecitos y restaurantes, y sus plazas, que no siempre son lugares donde la intolerancia tiene lugar. A Querétaro he ido unas cuantas veces, en grupo, en familia o por mi cuenta. La última vez, hace como dos semanas, un domingo, fui a visitar al buen Giovanni, que tiene viviendo allá varios meses y estando ya a punto de regresar a Morelia me volvió a decir que a ver cuándo me dignaba a ir. Bueno, pues me digné. Solo fue un domingo y no fue mucho el turismo que hice, pero entre los lugares que visitamos hay uno que destaca: La casa de la zacatecana.

Esta mansión se encuentra ubicada en el número seis de lo que alguna vez se llamó Calle de la Flor Alta (ahora Calle Independencia, número 59). Durante el siglo XIX habitó esta mansión un matrimonio de Zacatecas. El marido tenía muchos negocios en las minas de su estado de origen y viajaba constantemente. Mientras, la mujer debía permanecer en casa sin derecho a salir a la calle más que a misa, sin hacer amistades ni recibir visitas como no fueran de la modista y la costurera. Pobre mujer, tal encierro en un lugar desconocido y sin atención alguna de su marido debió acabar con su cordura. Al menos acabaría con la mía. El matrimonio, como era de esperarse, se estaba desmoronando y los esposos dormían ya en habitaciones separadas. Después de un tiempo, al parecer, la zacatecana comenzó a tener amoríos con algún queretano de identidad desconocida. Finalmente, y seguramente harta de su triste suerte, un mal día dio instrucciones a uno de sus sirvientes para que acabara con la vida de su marido. Y así lo hizo este pobre cristiano. Lo que el fiel sirviente no se esperaba es que, con el fin de evitar dejar cualquier evidencia, al momento que enterraba el cuerpo del patrón en las caballerizas, la zacatecana se encargó de darle muerte por la espalda con su propia mano. Ambos cuerpos quedaron enterrados en las caballerizas y nadie supo nada de ellos por un tiempo.

Un día sin embargo, en lo que pareció ser un asalto a la mansión, la mujer fue apuñalada en la madrugada y su cadaver fue llevado a la plaza, al parecer para despistar a las autoridades. La aparición del cuerpo de la zacatecana en la plaza dio lugar a que se encendieran los ánimos de los queretanos, quienes ya rumoraban que la desaparición del marido era cosa de la mujer. Y es que lo queretanos estimaban mucho al señor, ya que entre las cosas que sí hacía estaban muchas obras de caridad. Entonces la turba enardecida tomo el cuerpo de la zacatecana y lo fue a colgar del balcón principal de su mansión a manera de venganza, y si no es por la intervención de la autoridad local no hubiera quedado cuerpo.

Dicen que desde entonces los ocupantes de esa casa no duraban mucho habitando en ella, pues las ánimas de los personajes de esta leyenda andan por ahí incomodando a los que quieren dormir. Finalmente un coleccionista de la ciudad de México compró la mansión, la amuebló con su colección de muebles virreinales, del siglo XIX y principios del XX y la hizo museo, exhibiendo tambien la leyenda. Es impresionante el grado de opulencia que se puede concentrar en una sola habitación, no digamos ya en toda la casa. Si yo fuera el ánima de una dama de sociedad del siglo XIX sería muy feliz si la mansión de mis angustias fuera finalmente decorada con tanta cosa fina, pero tal vez la zacatecana, acostumbrada al recato y a la soledad no lo estaba tanto, porque el coleccionista que montó todo acabó muriendo en un accidente cuando se dirigía a Michoacán en 1998.

Fotos:



























Recámaras de la zacatecana y su marido, respectivamente. Se trató de conservar en lo posible el estilo original de las mismas. El maniquí de la primera foto nos sacó un buen susto.






























Colección de Cristos. Incluye un Cristo hecho de pasta de caña (foto inferior) hecho por artesanos michoacanos; dicen que ya no se hacen. Alguna vez tuve pesadillas con muchos Cristos.
















Ejemplo de las habitaciones de la Casa de la Zacatecan. Pura opulencia.














A la gente que acabó de montar el museito les dió por montar en el patiecito central la fosita que debieron encontrar las autoridades queretanas hace un siglo y cacho con los restos del empresario zacatecano y del pobre cristiano que por obediente acabó igual de muerto. Qué cosas.



Un videito de una de las salas más impresionantes: La sala de los relojes. Lo único que se oye es el tic tac de todos estos relojes que aún funcionan, y por ahí un poco de la música ambiental del museito.

sábado, marzo 08, 2008

El circo y un papelito multicolor

Hace poco vino Erandi a dejarme un pequeño objeto que me guardaba y que no tiene más valor que el que la nostalgia le puede otorgar (y hay que ver cómo la nostalgia suele sobrevalorar cualquier cosa). Ese objeto no era más que un pedazo rectangular de papel multicolor de cuya impresión lo que más sobresale es la palabra VISA, y un poco menos notoria, la palabra ticketmaster, así, todo en minúsculas. Era, es todavía, mi boleto para asistir al Cirque du Solei (o lo que queda de él, del boleto, después de que en la entrada desprenden una parte).


Recuerdo haber visto parte del espectáculo en el ARTS Channel, o en la pantalla del bar-café Balcón del Ángel, (que es más bar que café, por eso puse esa palabra primero, que está atrás de catedral en Morelia y que recomiendo ampliamente) mientras tomaba cualquier bebida de mi antojo y comía una ricas chimichangas como botana. Recuerdo haber visto los videos y haber dicho que algún día iba a verlo en vivo. Recuerdo también que nunca hice el intento de ahorrar con ese fin ni busqué fechas de presentación y que dejé de pensar en eso por un tiempo.


Un buen día del septiembre pasado Erandi dijo, palabras más, palabras menos: David va a ir con Juan y Ceci a ver el Circo del Sol en Guadalajara, si quieres ir hay que comprar los boletos ya, pero son para la función de dentro de un mes. ¿Cuánto cuestan? $650.00. ¡Ah! Eso es mucho dinero y ya es fin de mes. Sí, lo sé, pero Juanito los pide hoy a ticketmaster y hay que pagárselos mañana; piénsalo, tienes hasta las seis porque él se va.


Lo pensé. Eran $650.00 del boleto, mas casetas, mas gasolina (o pasajes de camión, según decidiéramos), mas comidas, mas antojos… bueno, podía ser que los antojos se suprimieran pero sí iba a ser un gasto fuerte. Y además para pagar el boleto había que considerar que era fin de mes, eso era muy, pero muy importante. Luego, de repente, nada me importó y dije que sí, que sí iba. Erandi también decidió asistir y Ari, oriunda de Guadalajara tuvo a bien ir a ver a su tierra el Circo y ofrecernos su casa para llegar un día antes de la función.


Dos carros, tres monos por carro, una autopista carísima y fea, una comida compuesta de tortas ahogadas y pellizcadas (sopes gigantes) en Tonalá formaron parte del camino de ida. El sábado los del carro uno fueron a su función. Nosotras (Ari, Era y yo) fuimos hasta el domingo, pues ya no alcanzamos boletos para el sábado, ni con un mes de anticipación.


El Circo es una experiencia maravillosa. Simplemente no puede describirse sin sentir que algo queda sin mencionar. Solo recuerdo haberme sentido intrusa en el sueño de alguien. La música te desprende del mundo y te transporta a ese plano donde podrías decir que nada de lo que ves real, porque te sientes en trance, como si todo lo estuvieras imaginando, soñando. Los personajes más extraños con los cuerpos con las capacidades más insólitas. Cirqueros, saltibanquis, personajes de sueños extraños haciendo las maromas, los actos de equilibrio, los saltos, las suertes que tal vez también se verán en otros circos, pero con una técnica tan pulida, un grado de dificultad mayor, un ambiente tan enriquecido por la historia, la música (la música, la música), la iluminación, que acaba siendo en conjunto el sueño perfecto: Con un principio, un fin, y una serie de intermedios en los que te podrías perder para siempre.


Finalmente cumplí aquello de que un día lo vería en vivo, y valió los cientos de pesos del boleto, y los otros cientos de pesos de gastos adicionales que incluyeron una ida al Purgatorio bar, unos zapatos que compré en Plaza del Sol, un cafecito en la tarde del sábado en la misma plaza en compañía de muy agradables amigas (en una cafetería muy mona que además tenía su sección de librería y un rinconcito donde un señor de edad hacía las veces de cuenta cuentos para que los niños pequeños dejaran a sus papás tomarse su cafecito en paz). Haber visto el circo es un recuerdo que vale la pena.


Ese y el haber conocido a la familia de Ari; sus hermanitas nos llenaron de toda clase de regalos, solo porque éramos amigas de su hermana y nos hicieron prometer que volveríamos, cosa que no hemos hecho. Ese y el agotador viaje de regreso por la carretera libre, estrecha, llena de trailers, tramos sin pintar, zonas de topes, pésimos señalamientos y una considerable cantidad de estrés, porque íbamos a llegar tarde a Irapuato, y para no variar, teníamos que llegar a hacer un par de cosas al Centro que nos da para comer y para ir a ver el circo. Ese, y la carrera que pegó Erandi cuando llegamos a Irapuato por una calle por la que no habíamos transitado, con topes sin señalamiento y sin pintar, sobre los cuales su pobre auto dio el vuelo de Prometeo queriendo llegar más allá de donde le es permitido, que es a ras de suelo, después del cual cayó sobre el asfalto asesinando a uno de sus amortiguadores y sacando el aire a las pobres llantas. Ese y el que al final, nada pasó a mayores.


Vaya, cuántos recuerdos puede evocar un papelito multicolor.




viernes, febrero 22, 2008

Crónica burocrática

Miércoles 20 de Febrero de 2008.


Acabo de ver un gel que me indica que todo puede mejorar en mi vida como estudiante de posgrado, aunque a estas alturas será imposible que mejore lo suficiente para que me titule en Agosto, como debería ser. Justo en ese momento alguien me recuerda que el lunes se vence el plazo para enviar al Consejo Estatal (blablabla) la solicitud de extención de beca. Alerta roja.


Acto seguido bajo el formato, lo leo y me doy cuenta que lo único que no piden es una carta de no antecedentes penales y la cartilla de vacunación. Veo mi plan del día... imposible parar los experimentos, ya todos están corriendo y los tengo que terminar. Al menos tengo que avisar al Jefe cuáles son mis intenciones para que me firme mis n cartas de presentación, apoyo, etcétera, etcétera, etcétera. Una vez obtenida la aprobación verbal del jefe y eliminada la barrera mental que a priori me produce tanto papeleo empiezo con lo más engorroso: Resumen en 300 palabras máximo de mi proyecto, lista de metas y objetivos (por separado, por lo que primero había que encontrar la diferencia) y la explicación del impacto social y económico de mi investigación. Claro, mi proyecto de tesis va a erradicar el hambre del mundo y hará rica a toda una comunidad. Perdón, el sarcasmo me brota a borbotones en estos casos.


Durante la comida me encuentro a varios compañeros que también deberían titularse en Agosto y les comento de lo odioso del formato de la solicitud. Las expresiones espontáneas de todos indican que generaron mil pensamientos por segundo entre los que se encontraba el cómo diantres se les pudo olvidar el asuntito este. Se entiende, es tiempo de tutoriales, seminarios departamentales y eventos por el estilo que tienen el objetivo de probar que nuestros nervios no son de acero, pero que deberían serlo. Así que la alerta roja se expande, solo quedan dos días hábiles para conseguir todas las firmas, con la salvedad de que todos los jefes y administrativos de la institución están volcados en menesteres similares solo que en magnitudes mucho, pero mucho mayores, por lo que su disponibilidad decrece a niveles mínimos o nulos. La angustia, por supuesto, se dispara.


Jueves 21 de Ferbrero de 2008.



La mayoría de los experimentos tienen un seguimiento de varios días y si no quiero perder el trabajo de una semana será mejor que no bote los últimos pasos por un enredo burocrático. Después de comer seré libre para llenar el papeleo.


Antes de la comida voy a la oficina de la secretaria encargada de redactarnos 4 de las n cartas que se necesitan, sólo para saber que este día no se presento. La angustia pasa a nivel de histeria, disimulable, pero histeria al fin y al cabo.


Finalmente a las 11:27 p.m., después de mucho escribir, corregir, de decir improperios en voz baja y alta, finalmente, puedo decir que lo único que me falta son los datos de mi jefe, que solo él tiene, las firmas, copias de algunos documentos que puedo sacar al día siguiente y por supuesto las 4 cartas que no pude conseguir el día de hoy.


Viernes 22 de Febrero de 2008


Pocas, muy pocas cosas que hacer en el laboratorio. Hoy es día de papeleo. En cuanto dan las 9:00 a.m. voy a la oficina de la secretaria. En el camino me encuentro con una compañera que anda en los mismos apuros. Llegamos. Hoy tampoco vino. El nivel de angustia se eleva, la histeria se pontencía al ser compartida. No desayuné, no puedo soportar estas angustias en ayunas, pero no puedo ir a desayunar hasta no ir a hablar con el Secretario Académico, para ver qué hacemos en caso de ausencia de secretaria que todo lo sabe en cuestiones de trámites. El Secretario no ha llegado. Es oficial, mi mucosa gástrica no puede soportar tanta tensión sin alimento que digerir. A desayunar. En el desayuno nos juntamos 3 estudiantes igualmente atormentados, lanzado al aire cuanta palabra digna de albañil podemos proferir. La histeria adquiere dimensiones colectivas. Nos dedicamos a revisar meticulosamente nuestros documentos haciendo correcciones mínimas, cosa de formato, dejarlo listo para imprimir.


De repente alguien se asoma a la puerta para decir "Ya llegó Dora". Dora estaba de permiso, solo vino a atender la emergencia burocrática. No va a estar mucho tiempo aquí. Corre. Llegué para encontrarme con una fila no muy larga, pero fila al fin. Es lo malo de estar en el edificio del fondo. Tres de las cuatro cartas son, por arte de magia secretarial, convertidas en una sola. Solo dos documentos que anexar, muy bien. Ahora a llevar la portada de la solicitud con el concentrado de información a que lo firme el Director. El Director nos niega la firma. "Junten todos los papeles, que se los firmen sus Jefes y me traen el expediente armado. Antes de las tres". Corre, corran.


Mi jefe tuvo dos tutoriales, y salió directo a comer sin pasar por su oficina. Bien, calma, puedes explicar que no estuvo disponible, que te dispensen de momento la firma, que la tendrás en la tarde. El Secretario Académico y el Director firman. Excelente. Solo falta el Jefe.



Son las 4:30 de la tarde. Solo espero a que llegue el hombre en el que más he pensado estas últimas dos horas sin ninguna otra intención que la de obtener su firma. Y llegó, solo para decirme que hoy es el deadline para entregar un proyecto, y que me firma el lunes, temprano. Muy bien, tengo hasta las cuatro de la tarde del lunes para entregarlo. Supongo que es posible. Pero al menos lo demás, ya está listo. Mi paquete de dos docenas de hojas está armado. Tengo una tarde para avanzar en lo que se me antoje en el laboratorio.


Seis de la tarde. Me encuentro a dos compañeros. La mayoría tiene jefes con el síndrome del deadline. A ellos también les firman el lunes. Con que nos den tiempo de digitalizar todos los documentos firmados, por que también hay que entregar la solicitud en formato digital, que para eso estamos en la era de la tecnología de la información.



Tres cosas:

¿por qué las instituciones gubernamentales piden tanto papel que nadie, de verdad, nadie va a leer?

¿por qué ese tipo de cosas me causa una repulsión tan fuerte antes de empezar a hacerlas?


Y la más importante:


¿por qué siempre dejo las cosas al último?


No lo sé, de verdad que no lo sé.

lunes, febrero 11, 2008

Nada...

Domingo, 10 de Febrero de 2008

07:04 p.m.


Domingo por la tarde, después de tres días de nubes y vientos, finalmente llueve. La lluvia literalmente se ve venir. Llega un punto en que las nubes negras y extensas no pueden con su propio peso y parecen, a lo lejos, desfundarse. Parece que el aguacero por venir es de preocupar. Pero no, aquí nunca llueve así, y si la intensidad de la lluvia rebasa el promedio no lo hace por mucho tiempo.


Finalmente decido ver esa película de corte gnóstico que alguien me prestó (y que tengo arrumbada en algún rincón esperando a que me acuerde de ella) quitándome momentáneamente todos los prejuicios que esta clase de cosas me provocan. La veo, con atención. El viento cada vez es más fuerte y el olor a tierra mojada, que llega antes que la lluvia misma, es cada vez más intenso. Por fin cae el agua. La película sigue, y estoy atenta. De cualquier modo, no tengo un libro a la mano y no quiero leer un artículo. La película sigue, hasta que se va la luz…


Cuando esto pasa en este fraccionamiento de casas en serie y materiales baratos, la luz puede volver pronto y fallar de nuevo. No es seguro conectar los aparatos, hasta que no haya pasado suficiente tiempo como para creer que el servicio será constante. Mi computadora tiene pila, no tengo internet. Podría escribir algo en el OneNote para distraerme mientras pasa el periodo de prueba. No tengo aún la foto de los millares de pájaros que se posan en los cables del boulevard a estas horas; podría escribir acerca las pequeñas excursiones de fin de semana que he hecho y que no he comentado, pero no sé por cual empezar.


La lluvia ya se calmó, el viento también. Estas tormentas nunca duran mucho aquí. El olor a tierra mojada es bastante intenso. Ya oscureció, y la luz ha estado estable. Tal vez sea tiempo de conectar los aparatos, o de llamar a alguien para disfrutar en un café un rato de la joven noche humedecida.

Podría escribir acerca de las pequeñas excursiones de fin de semana que he hecho y que no he comentado. Sí, lo haré, otra tarde de domingo con nada que hacer.

jueves, enero 24, 2008

Sabios del volante.

Dicen que criticar no permite crecer. Tengo amigos que debieron haber sido criticones desde chiquitos porque se hicieron viejos pero nunca dejaron de ser chiquitos. Sí, sí, sé que no es ese tipo de crecimiento el que se ve interrumpido por cosas como criticar pero no pude evitar un momento de humor simple. En fin. Si criticar impide crecer, eso explica por qué estamos como estamos, el mundo está lleno de enanos interiores, y desde que hay tele y revistas de chismes, peor tantito.

Pero bueno, lo defectos de crecimiento interior debido al abuso del derecho de emitir opiniones no era el motivo de este texto. Esta mención era sólo una introducción a una renuncia de responsabilidad, porque quiero dejar claro que no es mi intención criticar, solo quiero compartir un poco de lo que se me ha dado.

Resulta que andando en los siempre emocionantes camiones del transporte público (universalmente conocidos por las temibles piruetas que pueden hacer sus conductores) me encontré con la muestra de la sabiduría que solo aquellos que trabajan al volante pueden poseer y, sobre todo, difundir con una gracia y soltura características. A diferencia del taxista, el cual puede dar una lección de vida personalizada al pasajero en turno, un microbusero no puede darse el lujo de guiar por el buen camino a todo su pasaje. Demasiadas mentes receptoras capaces de generar un bullicio insoportable en caso de que alguno discrepe de las enseñanzas del popular personaje.

Luego entonces, el gran maestro microbusero busca entre su terciopelo rojo, las imágenes del Señor Crucificado y la Virgencita de Guadalupe, así como de una serie de estampillas con forma de mujer, un espacio suficientemente amplio y visible, para hacer entender a todos la última gran verdad que le ha sido revelada:


Más claro ni el agua de garrafón. ¿Qué haríamos los pobres mortales sin ellos? Además de llevarnos a casa y de darnos diversión propia de una montaña rusa tienen a bien ilustrarnos de esta manera, y todo por el mismo precio.

Esta bien, tal vez sí quise criticar un poco. Pero nada más poquito. Por hoy, ya no cresí.

domingo, diciembre 23, 2007

Entrada No. 100

Sin bombos ni platillos. Mejor un bonito video de la campaña Dove por la belleza de verdad.

sábado, diciembre 15, 2007

Blogger me envejece

Hoy, por puro ocio, abrí mi perfil en Blogger... y me va saliendo conque tengo 251 años. ¿Perdóoooon? Si no me aguanto yo sola pensando que ya tengo 25, que son un montón y que ya puedo decir que me acuerdo de la canción, película o evento de hace 10 años y ubicarme en un tiempo en el que yo ya me sentía grande, que los señores de los camiones y el poli que cuida mi calle me digan "señora" y que ya no me pidan la credencial para entrar al antro. No basta con eso. Ahora resulta que blogger le anduvo diciendo a las 260 personas que vieron mi perfil antes que yo (aunque ya no sé si creerle, porque son muchas visualizaciones para tan pocos comentarios) que soy de la edad de la canica.

Para arreglar el desperfecto fui a editar mi perfil y justo en la fecha de mi nacimiento, junto con el día y el mes correcto aparece el año de 1756... ¿quién anda modificando mi perfil? ¿quién?

1756 fue un año bisiesto. Ese año comenzó la Guerra de los Siete Años y justo el día que dice Blogger que yo nací fue la primera celebración del día de San Patricio en los Estados Unidos. No me gusta para haber nacido entonces, me gusta más mi 1982, entre otras cosas porque fue el año que el CD entró en el mercado (aunque yo lo conocí muchos años después) y porque fue cuando se proyectó E.T., que a mí me gusta mucho. Hice pues la corrección correspondiente, cambiando automáticamente mi año zodiacal de rata a perro (¿ven como 1982 es mejor?).

Pero algo, algo, algo había pasado en blogger, porque cuando vi mi localización y mi "sector" me di cuenta que entre los cuentos chinos que cuenta blogger, anda diciendo que yo soy agricultora de Afganistán... válgame. Me dieron ganas de mentir y decir que soy una persona que vive en Mayotte sin ánimo de lucro. Pero ya era demasiado: yo ni sé donde está Mayotte y tengo todo el ánimo de lucro que pueda poseer una persona. Así que mejor puse mis datos correctos y ya... ¿de verdad habrán visto mi perfil 260 veces? Se me hace que mi mamá ya se dio cuenta de que tengo un blog.

viernes, diciembre 14, 2007

Ni me parezco ni me apellido...

El pasado, ese montón de eventos que ya fueron y de los que solo queda el recuerdo y un montón de consecuencias. El pasado puede ser tan lejano que se puede llamar Historia, si tiene que ver con todo y muy poco contigo mismo, o puede simplemente no existir si tiene que ver todo contigo. Y es que realmente, a menos que seas mormón, difícilmente sabrás de tus ancestros directos más atrás de tus abuelos o bisabuelos. En mi caso los relatos más antiguos me describían a mi bisabuelo, padre de mi abuela paterna, del cual nos contó un tío abuelo casi con lágrimas en lo ojos cuando conoció a mi hermano (esto empieza a sonar confuso, es lo que no me gusta de cuando uno empieza a hablar de la familia). Y todo porque resulta que mi hermano es el vivo retrato del bisabuelo: mismas facciones solo que en negativo. Es que mi bisabuelo era blanco y ojiazul, pero semejantes características, distintivas de debilidad en estas tierras mucho más calientes que aquellas donde se dan los anglosajones, fueron perdiéndose en las generaciones hasta que mi hermano nació con todo lo que tenía el ancestro en cuestión, pero un poco más de melanina.

El bisabuelo era un hombre de muy mal genio, cuenta el tío, y muy hombre además. Murió ya grande pero como los meros machos de entonces, a balazos en un pleito por el honor. Un honor muy conservado, porque jamás permitió que el médico le examinara la próstata cuando le dijo que esa era la causa de sus afecciones en la madurez. Esa es la historia de mi bisabuelo y el único dato que tenía de mis orígenes antes de mis abuelos. Y así estaba bien. No me quitaba el sueño esa ignorancia.

Sucedió, sin embargo, que uno de estos días recibí un correo de una tía paterna, con el muy sugestivo asunto de "Conozcan a sus tatarabuelos o bisabuelos maternos". El archivo adjunto era un documento de Word con el nombre de "fotos bisabuelos Altagracia.doc". Abrí el archivo y sí, ahí estaba la foto, que a mí mas bien me parece un buen dibujo, aunque podría ser un daguerrotipo, aunque esto último es solo una suposición sin fundamentos porque nunca he visto un daguerrotipo y no sé si en tiempos de mis tatarabuelos existía ese aparato.


Ellos son mis tatarabuelos, abuelos de la mamá de mi papá.

La revelación despertó mi curiosidad y tuve que enviar a mi tía un correo con preguntas como: ¿Cómo se llamaban, dónde vivían, qué hacían para vivir? ¿Ella hacía quesos a las 6 de la mañana con la leche de las vacas que él compró? ¿El peleó en la revolución o mandó hijos a hacerlo? ¿Ella se casó a los trece años y tuvo hijos de los 14 a los 29?¿El peleó por ella a machetazos con un cacique de pueblo y huyeron a donde nadie los conociera para hacer una familia feliz? ¿Ella se llamó Altagracia?

Pensé que me mandaría al cuerno ante la avalancha de dudas que lancé y que ella no tenía por que resolver, mucho hizo ya con conseguir la foto. Pero hizo un esfuerzo por sacarme de mi ignorancia familiar y me contestó, palabras más, palabras menos, algo así:

"Tu tatarabuelo era como el mayordormo de una hacienda, el que cuidaba el ganado, pero a lo grande ¿eh?, y tenía a su cargo la ordeña (por eso tu abuelita Ana estaba chapiadita tomaba leche de la buena y queso del mejor; ¡ah! y presumía de lo rico del jocoque que era una maravilla).

Tu tatarabuela era una mujer sumisa y obediente, abnegada, que se levantaba a las 4 de la mañana al molino echar tortillas y atender animales, casa, hacer queso, y tener chiquillos, por lo tanto creo que no era envidiable su situación pero gracias a eso existes, que tal que no hubiera querido tener compromisos ni trabajar, ni ser obediente, ni nada de eso.... tú y yo no existiríamos.

De los nombres sólo sé que se llamaban Altagracia Hernández, y el Nicolás Herrera."

¿Hernández? ¿Herrera? Con esa información solo puedo inferir que estos tatarabuelos procrearon puras hijas, porque de Hernández y Herrera ya no queda nadie en la familia (a menos que lo sean esos primos muy lejanos a los que nunca veo y cuyos nombres y apellidos no he registrado en la memoria). O al menos que fue una hija de ellos quien procreó a mi abuela, cuyo apellido paterno era Andrade.

Los rasgos también se han diluido. Puedo ver ciertos rasgos de mi abuela en la cara de Doña Altagracia, pero el conjunto no me recuerda a nadie en particular de mis parientes. Tal vez necesito una segunda opinión o ponerme a comparar fotos de tíos, primos y hermanos a ver que queda de Hernández o Herrera en nuestros rostros de finales de siglo XX (que fue entonces cuando nacimos, aunque nos queramos sentir mucho del nuevo milenio).

Qué caray.

Lluvia de estrellas

Anoche hubo lluvia de estrellas. Las gemínidas eran ellas porque así les pusieron aquí. Siempre he querido desvelarme para ver una lluvia de estrellas. Mi padre me anunciaba la inminencia del fenómeno y prometía despertarme a tiempo para subir a la azotea y ver como caían los restos de un cometa moribundo, o de cualquier otra cosa más grande que se desintegró allá en el espacio, o que no se ha acabado de formar, y que la gravedad y no sé qué fenómenos físicos hacían que se interpusieran en la órbita terrestre y desaparecieran chamuscados por el roce con nuestra siempre protectora atmósfera. Sin embargo, siempre al anochecer me desencantaba diciendo que lo nublado o las luces tremendas de la ciudad no dejarían ver nada. Yo sin embargo me iba a la cama con la intención de no dormir, o si me dormía, de despertar a la hora justa para ver el fenómeno. Pero ni una ni otra: yo que siempre he sido tan feliz en sueños, me quedaba profundamente dormida y despertaba hasta que mi mamá me decía que ya era hora de vestirme para ir a la escuela. Yo me levantaba enojada conmigo por ser tan poco tenaz.

Luego crecí, mi curiosidad de niña fue disminuyendo hasta que yo me enteraba de ese tipo de fenómenos hasta que alguien me los platicaba después. Y acabé olvidando que siempre quise ver una lluvia de estrellas.

Ayer, cuando me enteré de que semejante fenómeno se iba a dar otra vez juré no permitir que sucediera sin ser testigo de ello. Lo bueno de vivir a la orilla de este llano infinito es que las luces de la ciudad son menos. La terracita de mi casa siempre me ha gustado, pero ahora realmente iba a adorarla.

Ya en casa con la idea de pasar un poco de frío por ver quemarse partículas extraterrestres, me llegó un mensajito invitándome a ver lo mismo, pero en el mirador. Bueno, pues allá fui en compañía de parte de la familia putativa, con la que hacía rato que ya no compartíamos noches de desvelos. Despues de un rato, y entendiendo que las luces de la ciudad era aún muy intensas, nos dirijimos a las afueras de la ciudad, en un paraje bien conocido, y considerado seguro donde la lluvia se vio en todo su esplendor.

No sé qué tienen esas cosas que no se ven seguido, el hecho de ver eventos que van mas allá de la realidad inmediata, que me atraen y me calman los ánimos como la música debería calmar a las fieras. Estuvimos hasta altas horas de la madrugada observando caer gemínidas cual prometeos incendiados, aguantando el frío y la tortícolis, no como los machos, sino con ayuda de botana y un poquito de tequila (solo poquito, porque hoy se trabaja y había que manejar a la ciudad).

Esta noche vi llover... solo puedo decir "Qué bonito".

jueves, diciembre 13, 2007

Gringaderas

Hoy amaneció haciendo frío, un frío mas propio de la temporada. A las 10 horas con treinta y tres minutos estamos a 18ºC , con un muy bonito cielo a medio nublar. ¿Qué les cuesta? En este clima tan propio para mí, surgieron desde mis adentros (puesto que tengo muchos, debido a lo complicado de mi personalidad) ganas de escribir mientras que corre un gel y a pesar de que la gente a mi alrededor trabaja como hormiguitas, como yo también debería. I should have diré después, pero mientras escribiré un poco.

Hoy toca turno al tema de las cenas navideñas, solo porque sí y porque en el radio no hay otro tema y yo, tan suceptible, manipulable y poco original, no puedo pensar ya en otra cosa. Recuerdo por ejemplo las cenas en casa de mi abuela, que me heredó además de la predisposición a la diabetes su primer nombre. En ese entonces, cuando todavía toda la familia se reunía con sus mejores galas alrededor de la mesa, la cena era una maravilla, porque mi tía de Chihuahua (con la que también comparto el primer nombre) llegaba con muchas ganas de cocinar. Hacía pues un platillo mi abuela, otro mi tía de Chihuahua y otro mi tía de Morelia (con ella no comparto el nombre). Era una cena buffet, con la salvedad de que había que comer de todo para que nadie se sintiera agraviado. Había toda clase de platillos: pierna de cerdo en no se qué salsa, lomo (también de cerdo), menudo chihuahuense (que no chihuahueño, por favor) con granos de pozole, guisados de res y hasta mole de muchos colores. A parte los siempre tradicionales buñuelos y los atoles multisabores.

Cuando tocaba cena en casa de mi otro abuelo (el materno he de aclarar), viudo desde mi tierna infancia, pero solito él bastaba para convocar a toda su prole y derivados en Navidad; cuando tocaba la cena en su casa, decía yo, la cena era un poco menos abrumadora: un solo plato fuerte y muchos postres. El plato fuerte casi siempre era pozole o enchiladas o cualquier otra delicia de esas que son bien mexicanas y que a mi venerada madre (con la que también comparto mi primer nombre) y a sus hermanas tan bien les quedan. En esta casa siempre había además, piñata y cuetes, por lo menos luces de bengala, y fogata en la calle. Qué bonito era todo aquello.

De las cosas que no aparecen en mis recuerdos cada vez más lejanos, está el pavo, llamado en vida guajolote. Ese que ahora que ya no nos juntamos con la familia porque ya no hay abuelos a quienes ir a ver, a mi mamá le da por preparar, para aprender, a pesar de que ya nomás somos cinco en la mesa y no hay manera de acabarse semejante pajarote. Es que antes, el pavo no era indispensable en la mesa navideña mexicana, y con tanta delicia que tiene el recetario nacional, ni para qué meter semejante gringadera: a mí me sabe más bueno el pollo en mole.

Eso me recuerda una anécdota de cuando mi mamá andaba de misionera del libro y el lápiz en los ranchos de mi tierra. En esos tiempos, conoció mi madre a una mujer ya grande cuyo hijo prófugo del arado le había mandado desde el vecino país de norte uno dolaritos para que prepara la cena navideña "con pavo y todo, amá, ahora que tenemos con qué". Y la pobre mujer, ya no sabía dónde meterse para conseguir un pavo. Ahí anduvo la abnegada madre, buscando quien le vendiera un pavo días y días, angustiada por no poder cumplirle el gusto a su hijo, y por no saber a qué iba saber un pavo. Es hora de aclarar que el único pavo que la mujer conocía era el pavo real, animal harto difícil de conseguir y raramente cocinado por esto lares. Cuando finalmente alguien le aclaro que el pavo que su hijo quería no era otro que el humilde guajolote, regresó la noble madre apunto de un torzón, de puro coraje: "De haber sabido... desos tengo dos en el corral"

Y todo por querer cenar pavo y no un delicioso mole, o un pozole o unas enchiladas. Insisto, esas son gringaderas. Es más, creo que ese día ni se trata de cenar. Pero creo que de eso ya nadie se acuerda.

viernes, diciembre 07, 2007

Se me fue un año

Desde Septiembre no escribo. Eso implica que he tenido realmente poco tiempo de ocio a solas. Si el ocio en general ha sido escaso, el ocio a solas, que es el único que sirve para escribir, ha sido prácticamente inexistente.

Finalmente los meses han pasado, el posgrado se acorta y las vacaciones están a la vuelta de la esquina. Ya es diciembre y el año se fue como agua entre las manos. Terminé mis cursos, empecé mi proyecto, tuve dos tutoriales y mi estado de ánimo ha fluctuado como acciones en la bolsa en tiempos de incertidumbres.

Es diciembre ya, hace frío, aunque no como esperaba, es tiempo de ponches, piñatas, rosarios y fogatas en las calles y fiestas en las casas. Fue también el séptimo aniversario, uno muy feliz por cierto.

Es diciembre y es tiempo preguntarse cuánto queda por hacer el año que entra. Si alcanzaré a hacerlo en el tiempo establecido. Es tiempo de imaginarme dónde estaré en un año. En realidad ese es un pensamiento muy limitado, porque a estas alturas de mi vida mi futuro ya no es sólo mío, por eso festejamos un séptimo aniversario; así que más que imaginarme dónde estaré, me imagino dónde estaremos en un año. Veo entonces que hay que reacomodar algunos planes. Pero seguimos teniendo la esperanza de que todo saldrá bien.

Es diciembre, ya comí buñuelos y atole de tamarindo. Ya rompí (o lo intenté al menos) una piñata. Pero aún no vuelvo a casa. Me faltan escasos días. Iré, porque allá está la voz que me llama con cariño y los brazos que anhelan tenerme entre ellos. Ya casi se llega esa hora. Después de un año transcurrido, por fin volveré para estar por un periodo considerable. Qué rico.

viernes, septiembre 21, 2007

Chismografía: Cómo inventar una vida.

El rumor es indecente, poco noble y signo de bajeza, según las buenas conciencias; es, sin embargo, indispensable. Pocas personas han estado excluidas de un rumor, bueno, malo o escandaloso. Casi nadie ha evitado colaborar en la generación de uno: poco o mucho, sin ninguna intención o con toda la malicia.

El rumor comparte las caraterísticas del mito y la leyenda. Es muy probable que incluso éstas tengan su origen en su hermano menos sofisticado. Se transmite inicialmente de manera oral, y dependiendo de su alcance o de la calidad social de los personas u objetos implicados, el rumor podrá alcanzar la gracia de ser transmitido por escrito, cosa harto fácil en estos tiempos, donde además una imagen incierta puede acompañar el deformado relato, haciéndolo más interesante, y ser difundido incluso via red.

Como la leyenda, el rumor mezcla sin mesura lugares, personas y eventos reales, con una serie de detalles ficticios que llevan la anécdota a un nivel fantástico. Con el tiempo lo ficticio supera a lo real y todo el mundo se cree enterado de hasta el más mínimo detalle de algo que nunca pasó. Como el mito, el rumor se genera para explicar el origen de las cosas, cosas que de otra manera no entenderíamos, aunque en realidad sean cosas que no tendrían por qué ocupar nuestro tiempo. Un rumor bien manejado debe ser rápidamente difundido, pero con la suficiente discreción como para que el o los involucrados sean los últimos en enterarse, aún cuando hasta aquél que se sienta junto esté al tanto de todo.

¿Por qué el rumor, el chisme vil, es producido con tal diligencia? A excepción de unos cuantos ilustres a los que las vanalidades diarias les tienen sin cuidado, el resto de los mortales hemos participado en la generación y divulgación de al menos un chisme. El rumor se produce con particular eficiencia en los sitios de trabajo con horarios intensivos, como la industria, los hospitales y, por supuesto, los centros de investigación. Aunque también se da muy bien en centros burocráticos. En estos sitios se convive siempre con la misma gente, a veces todo el día, todos los días, y todo gira en torno a un intinerario infinitamente repetido. Los temas de conversación para la hora de la comida se agotan pronto y entonces, la gente se vuelve creativa. A veces, demasiado.

La vida real se torna entonces tan monótona y gris que las habilidades literarias y de cuentacuentos de todos se expresan para llenar de colores y dinamismos imaginarios la existencia de todos los otros. El chisme es pues un divertimento, una válvula de escape, es ese mundo alterno que nos hace olvidar un poco el mundo real que no es siempre tan grato ni tan emocionante.

Desaparecerá primero la raza humana que el chisme. Mientras cada persona viva colaborará en la creación de vidas alternas y tendrá, ella misma, cualquier cantidad de opciones existenciales, aunque tal vez nunca lo sepa. No es pues sano detenerse para evitar que hablen, finalmente, si ladran los perros, será señal de que se va avanzando.


martes, septiembre 04, 2007

Primer aniversario

El tiempo no es mas que la sucesión de los hechos… pues bien, ha sucedido que la Tierra dio una vuelta completa alrededor del sol desde que vine dar a este llano infinito con toda la intención de aprender hasta lo que no imaginé de biología molecular.


Recuerdo bien que en ese entonces no tenía idea del proceso que me esperaba. Todo era incertidumbre e ilusiones. Todo era un sueño que trataba sobre indagar los secretos más íntimos de la vida, un ideal adornado con la cereza de un beca cuyo monto era mayor al de los salarios que obtendría como química laboratorista.


Un año pasó, y las lecciones aprendidas fueron muchas. Por ejemplo, lo periodos de adaptación pueden ser suprimidos y no hay nada mejor para evitar la nostalgia por el hogar y la pareja que un examen el primer día de clases, una buena tanda de artículos que revisar y tareas que llevar a cabo en tiempo récord. También te das cuenta que aquí no hay lugar para el ego. No importa que tan bueno hayas sido en la licenciatura, aquí no eres nadie, hasta que demuestres lo contrario.


El posgrado siempre te alienta a rebasar tus límites: tu dosis diaria máxima de cafeína, por ejemplo, o la cantidad mínima de horas a la semana que requieres para dormir, la cantidad de palabras de inglés que conoces (aún si no llevaste un curso formal de inglés), tu capacidad de tolerar el fracaso, o la crítica. La dependencia a los fines de semana, días feriados y vacaciones se elimina por completo.


La velocidad con la que haces las cosas también aumenta, especialmente en cuanto se refiere a procesos de modificación corporal como cambios de peso, formación de ojeras y envejecimiento en general.


Y claro, si en la licenciatura aprendiste a hacer bromas que sólo los de tu carrera entendían, durante el posgrado el contenido de tus bromas se volverá tan especializado que solo los diez monos de tu laboratorio las entenderán. El posgrado es, pues, una manera de volverse elitista.


Todo esto suena muy rudo, cierto, pero la verdad ha de ser dicha. Sin embargo, este es el camno que elegí y en realidad me gusta. Lo que aprendes, lo que observas, los que haces es tan fascinante que vale la pena. Lo vale… sí... Lo vale… lo vale...

En las nubes...

Ya he dicho que no me gusta el cielo azul, porque es sinónimo de sol intenso y calor agobiante. Pero esa no es la única razón por la que no me gusta el cielo azul.


Se que sonará extraño, pero, ¿para qué es este espacio sino para vaciar las ideas mas retorcidas que se generen en mi revuelta mente? Así que explicare mis motivos. El cielo azul no tiene obstáculos visibles entre al tierra el espacio, como no sea la inmensa capa de gases que es la atmósfera; luego entonces, es la imagen más clara del infinito. No hay nada visible entre mi mortal y terrestre ser y el resto del universo. Es como estar en una casa a la que una tormenta le ha arrancado el techo. Me siento entonces descobijada, destapada, vulnerable, además de infinitamente pequeña: El cielo azul es una vista directa la infinidad del cosmos, no hay límite. El cielo nocturno puede brindar la ilusión de un manto gracias a los objetos celestes que aparentan estar todos a una misma distancia (por algo nuestros antepasados idearon el plano celeste). Pero en el cielo azul no hay nada, ni una sola referencia. Es un abismo.


En cambio el cielo lleno de nubes, además de traer consigo más bajas temperaturas, sombras y frescas brisas (en la mayoría de los casos), también tiene la bondad de ser un límite más cercano a la tierra. Es casi tocable, con un poco de imaginación (o de dinero, para comprar un boleto de avión). Cuando el cielo se encuentra perfectamente cubierto de nubes, mi casa está completa e íntegra, estoy a salvo del exterior, y mi ser no tiene que ser comparado con la enormidad del todo.


Si todo el año estuviera por lo menos parcialmente nublado, ya sea con las nubes blancas de medio día, las grises de tormenta o media tarde, o las coloridas nubes del amanecer y del crepúsculo, con cúmulos, cirros o nimbostratos, si todo el año estuviera por los menos parcialmente nublado, decía, yo no tendría queja alguna. Pero el mundo necesita de la luz del sol, aunque a mí me salgan ronchas.

 
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