lunes, mayo 26, 2008

Fragmento II

La verdad es que en el fondo siempre quiso morirse. En su vida llegó hasta donde la inercia le llevara y siempre que hizo falta algún esfuerzo extraordinario para seguir avanzando, simplemente se detenía, hasta que encontraba otra dirección a donde la inercia le siguiera llevando. Tuvo suerte, pues viviendo así llegó bastante lejos, más de lo que se puede esperar de alguien que solo va impulsado por la corriente, sin tomar decisiones ni asumir riesgos.

Ahora puede detenerse para siempre, sin hacer ningún esfuerzo, ni oponer resistencia alguna. Solo basta hacer lo de siempre para llegar al fin del camino, uno que a su juicio ni siquiera debió iniciar a recorrer. Al fin
, después de toda una vida, tiene la certeza de ir en dirección correcta.
-Aura

viernes, mayo 23, 2008

Bien me lo decía mi madre I

"Deberías tomar unos cursos de computación para que te enseñes a usar Excel, Word y esas cosas y luego me digas como"

Yo: Nel, picándole se aprende todo lo que se necesita.

Mea culpa: Ahora sufro mucho intentando analizar y comparar tablas con miles de datos... y cuando la gente que sabe excel me soluciona algunos de mis problemas me quiero dar de topes por no hacer caso a mi sabia madre.

Chale.

miércoles, mayo 21, 2008

Microsueños: Pasos en falso

Husmeando en la red, de blog en blog, llegué al blog de alguien que no conozco, el amigo de un amigo, quien hablaba de reiniciar el cerebro con sustancias legales para casos de desvelo extremo forzado por exceso de trabajo. El método incluye una siesta y en los comentarios aclara que en el proceso se pueden generar microsueños reparadores, y como el tema de la semana son los sueños, pues aquí voy otra vez.

Desconozco el proceso del sueño, pero la palabra microsueño me trae a la mente esas brevísimas imágenes que alcanzo a generar justo cuando estoy perdiendo consciencia de mi alrededor, segundos después de cerrar los ojos. Mi madre, por ejemplo, dice que desde niña la primera imagen que formaba era la de un montón de números pasando frente a ella a gran velocidad, muy al estilo Matrix. En mi caso, suelo ver mis pies. Sí, veo como estoy de pie frente a un escalón, o un charco o un hueco en el piso, y voy a dar el paso. Cuando doy el paso el escalón desaparece o el charco y el hueco se vuelven más amplios y profundos. En ese momento tengo una sensación de caer al vacío rapidamente, mi pie da un estirón, y toda yo brinco. A veces esos brincos me traen de regreso a la realidad, a veces no... simplemente todo se vuelve negro y duermo formalmente. A veces ni siquiera me doy cuenta que di el brinco, solo sé que lo doy invariablemente porque mi madre jura que así es desde mi tierna infancia.

Algunas personas me han dicho que sus primeras imágenes son momentos del día, o rostros, o muchos colores e incluso hay quien me ha confesado que también brinca cuando comienza a dormir. Mi pregunta es ¿todos tenemos esos microsueños? ¿Tendrán alguna función? Por ejemplo, indicar al cerebro que se está entrando en un estado onírico... ¿alguien sabe?

jueves, mayo 15, 2008

Insomnio

Recuerdo bien mis tiempos de largas noches de vigilia, nunca por gusto. En esos tiempos dormía muy pocas horas diarias y no siempre de corrido. No descansaba, pues mi mente se ocupaba en generar los sueños más extraños y largos que he tenido nunca.


Fue entonces cuando soñé, por ejemplo, que caminaba por un bosque y acababa frente a un carro de los años 50s, de colores pastel, que me esperaba; al subirme me doy cuenta que junto a mí está una muñeca de porcelana, de esas antiguas, que tiene mi aspecto y cuando me miro en el espejo retrovisor me doy cuenta que yo tengo el aspecto de una muñeca de porcelana típica, con caireles, vestidito y todo. Luego el carro avanza por un puente colgante de madera sobre un barranco enorme para detenerse a la mitad, donde yo desciendo del coche para entrar en una casa que está junto al puente, suspendida de algún modo en el aire. Muchas cosas extrañas pasan dentro de esa casa, donde ya luzco como soy y no como una muñeca.


También por esos tiempos soñé como una extraña gárgola me perseguía mientras corría hacia el oeste por la avenida principal de Morelia durante la noche. Corría y avanzaba hasta que se me ocurría voltear a mi izquierda y entonces me volvía encontrar en el punto de partida: frente a la Catedral, y esto sucedió n veces, hasta que dejé de soñar.


Otro sueño extraño de esos tiempos fue uno en que me veía llegar en un taxi a una antigua casa, con techo de dos aguas y toda de madera, de dos plantas y reja al frente, del estilo de las casonas de terror de los americanos. Sabía que era mi casa y que volvía después de mucho, pero mucho tiempo. Al interior, a pesar de que por fuera se veía enorme, solo había una pequeña sala de estar, con un silloncito rojo al centro, una mesa pequeña al lado un librerito pegado a una pared, con muchos papeles regados por todos lados, y mucho polvo. Había también una escalera para llegar al segundo piso. A diferencia del primero este sí era enorme. La escalera llevaba a un pasillo y cada lado del mismo se formaban dos patios, alrededor de los cuales había muchas puertas. Cada puerta correspondía a una habitación, todas habían sido mi cuarto alguna vez. Unos eran muy elegantes, otros muy limpios, otros muy iluminados y otros muy oscuros. Había incluso uno pintado de amarillo (odio el amarillo). El sueño se fue en recorrer todos los cuartos, en el más absoluto silencio.


Entre esos sueños también está aquél en el que estando en alguna situación angustiosa y desperté, sintiéndome aliviada; pero poco después me dí cuenta que seguía soñando y quería despertar de verdad, y desperté realmente, aunque al principio no estaba tan segura.


Estos son tiempos otra vez de no dormir, gracias a la canícula. Ya generé mis primeras imágenes bizarras, revolviendo épocas y espacios que en la lógica de la vigilia no tendrían por qué coincidir. Sin embargo, dudo de tener una época tan creativa como mis tiempos de insomnio. ¿Qué iré a soñar ahora?

miércoles, mayo 07, 2008

Troncones, Guerrero.

Hace un año fui a Maruata, hace dos también (fue entonces cuando la conocí). Este iba a ser mi tercer año consecutivo, pero no fue así. En lugar de ir a Maruata conocí otra playa, de esas en las que hay poca gente, y que casi nadie conoce en el país.


Esta vez salimos de Morelia al amanecer del viernes dos de mayo, en compañía del objeto mis ensueños y de una pareja de amigos. Manuel, dueño del carro en el que viajaríamos llegó hora y media tarde, así que el viaje empezó a las seis y media en un Chevy Monza sin estéreo pero con una grabadora… sin pilas. Resignados a un viaje sin banda sonora, nos dirigimos rumbo a Lázaro Cárdenas por autopista. Si bien la primera parte del viaje transcurre entre verdes cerros llenos de huertas de aguacate, para la segunda mitad uno entra en la región de Tierra Caliente, cuyo nombre lo tiene ganado a pulso. La vegetación se reduce a mezquites, saguaros y otros arbustos espinosos y cactáceas. Solo de ver el paisaje da sed. Afortunadamente pudimos dejar abiertas las ventanas, ya que pasamos temprano y el aire aún no se calentaba.


Cerca de las diez y media llegamos al entronque donde el camino se desvía a Lázaro Cárdenas o a Ixtapa. El destino estaba camino a Ixtapa. Majahua, se llama, y no aparece en la Guía Roji que me prestó Rafa. Troncones es el pueblo más cercano, en cuya playa también nos podemos quedar. Troncones tampoco aparece en la Guía Roji. ¿Algún otro pueblo de referencia?, le pregunto a Manuel. No, no sé, me contesta; pero debe haber algún señalamiento, dice confiado. Ahí vamos. La carretera sigue y sigue, no hay pueblos intermedios, a pesar de que la Guía señala dos. De repente, en el horizonte se levantan varias torres. ¿Esos no son los hoteles de Ixtapa?, pregunto. Sí, lo que quiere decir que ya nos pasamos. Sofía, quien hace las veces de copiloto está a punto de matar a alguien pues hace dos horas que preguntó cuanto faltaba de camino, le contestamos que como una hora, por no querer hacer cálculos y por molestar, también. Ahora que no sabemos en qué punto del camino pasamos Majahua, pide que nos paremos a desayunar.


Paramos, nos disfrazamos de turistas y desayunamos. Preguntamos en una tienda cómo llegar a Majahua. Efectivamente teníamos que tomar el camino de regreso, y seguir derécho, derécho, pa'llá pa' Lázaro y dejpués del entronque, dar vuelta en la curvita que'jtá frente a la gasolinera, ahí lueguito se ve, no hay pierde.


Bueno pues, entonces dimos vuelta equivocadamente. Ahí vamos de regreso, pasamos un entronque… que no reconocimos, y la carretera que al parecer era estatal, nos llevó por los pueblos que marcaba la Roji y que no habíamos pasado camino a Ixtapa. Ahí nos detuvimos a confirmar que íbamos caminio a Majahua. ¿Confuso? Sí, bastante. Luego de un rato nos volvimos a incorporar a la carretera por la que inicialmente llegamos. Manuel bajó la velocidad en lo posible para no perder de vista ningún señalamiento. Justo cuando sentíamos que ya íbamos a llegar a Lázaro, vimos al final de una curva un gasolinera, y antes una desviación que apenas se notaba. Ahí estaba también un comedero, arriba del cual había un anuncio que decía "Majahua Palm" con su flechita: ése era el camino. Seguimos hasta que acabó la carretera, y llegamos a Troncones, pero nosotros íbamos a Majahua así que no nos paramos. Seguimos por terracería unos minutos y pasamos a otro país.


Bueno, está bien, no era otro país. Pero parecía. Estaba lleno de cabañas con todos los servicios, con capacidad para poca gente, pero con muy buenos acabados. Todas decían "Welcome" "Vacancy" o "No vacancy" y anunciaban sus servicios en inglés o hasta en francés. Alguna tenía el letrero de se vende, y había que comunicarse con Jhon Don't-remember-lastname, a su correo electrónico. Chale. Enfrente había toda clase de tiendas y servicios, hasta un gimnasio donde podías tomar clases de spin, yoga, pilates, etcétera. Doble chale.


Pasamos la zona VIP y no podíamos dar con la entrada a la playa. Finalmente lo logramos, y nuestro cansancio no hizo ver la playa muy disminuda de lo que realmente era. La arena se veía sucia y el mar revuelto, además de tener tremendas rocas negras y afiladas regadas en la orilla del playa. Con paciencia nos pusimos a ver con más cuidado. La playa no estaba sucia: el mar sacaba cualquier cantidad de piedritas y conchas de todos colores. Las rocas, llenas de algas y corales no se veían tan peligrosas de cerca, además de que entre las piedras el agua llegaba libre de arena, limpia, diáfana. Y donde no había rocas, el mar en realidad no estaba tan revuelto. Como sea, nos dio la impresión de que Troncones podía estar mejor. Ahí vamos de regreso.


Llegando, como ya era tarde, pedimos permiso de instalar la casita de campaña frente a un restaurancito llamado Ma. Jezabel, cuyo dueño solo nos pidió como cuota que consumiéramos ahí. El paisaje era muy parecido a Majahua, solo que las olas rompían muy lejos de la playa.


El viernes se nos acabó pronto, pero el sábado temprano nos levantamos a disfrutar de este lugar. Que las olas rompieran lejos de la playa nos dio oportunidad de meternos con confianza al mar, cuyo nivel difícilmente subía de la cintura, y las olas llegaban ya bastante mansas. Para mí, que no se nadar y temo a las olas, fue una maravilla poder pasar toda la mañana metida en el agua. Solo éramos nosotros, y un lugareño que entre las rocas se metía a cazar cangrejos. Sus perros simpatizaron con nosotros y nos siguieron, jugando, por toda la sesión de fotos a lo largo de la accidentada orilla hasta que su dueño terminó la caza y les llegó la hora de volver.


El domingo lo pasamos en Playa Linda Zihuatanejo, popular entre los locales, solo por curiosear. El mar en calma, la arena muy fina. Pero ay, qué gentío, qué basurero, qué ruido. Qué triste. Prometo procurar pasar mis días de playa en playitas semivírgenes. No prometo, sin embargo, prescindir del todo de las comodidades de un hotel. Pero eso sí, prometo nunca, pero nunca, dejar basura en la playa (no es que lo haya hecho, pero tenía la necesidad de prometerlo solemnemente).

viernes, mayo 02, 2008

No melodioso ruido de pájaros.

Aún no tengo la foto de los abundantes zanates o tordos que alcanzaron ya la calidad de plaga en esta ventosa ciudad. La única vez que pasé cámara en mano por uno de los sitios de concentración de estas aves la luz ya no era favorable para tomar una buena foto, pero sí filmé un videito con la única intención de dejar constancia del escándalo que estas aves son capaces de generar cuando su árbol favorito termina sobrepoblado.




Miedo.

martes, abril 15, 2008

Fragmento

¿Dónde quedó? De un tiempo hacia acá todo se ha ido desvaneciendo: la fuerza, el porte, la autoridad. Esa mirada que no ocupaba de nada más para convencer, o para someter; el pulso firme que intimidaba y generaba admiración. ¿Dónde está el brío? ¿Dónde está el trueno de esa voz? ¿Y la arrogancia? Hasta el peso del cuerpo se ve disminuido, el color del rostro ha perdido brillo y en su lugar queda un tono cenizo, cada vez con menos vida. Todo se acaba, cierto; el tiempo termina por desgastar cualquier cosa. Pero aún no es tiempo, no debería serlo al menos. Es muy pronto. Y sin embargo él completo se esfuma, cada vez más rápido. No se puede detener, aunque podría ser un poco más lento, pero no hay acción que aminore la velocidad de este triste proceso. Por el contrario, pareciera que la consigna es acelerar el desenlace.

Todo se desvanece, se hace humo... humo. Y pensar que todo comenzó con un poco, precisamente, de humo.

-Aura

viernes, abril 11, 2008

Jai-Faib

Me gusta mi blog, me gusta mucho. No me interesan esos sistemas generadores de redes de "amistades virtuales" que abundan y que te llenan la cuenta de hotmail con n invitaciones de gente que no conoces, pero que quieren ser tus amigos, porque te encontraron en la lista de un amigo del amigo del amigo de su compañero de la secundaria... nah.

Pero un amigo en Morelia (que sí es mi amigo, y no es vitual) tuvo a bien decirme que ya tenía su espacio en hi5, que lo viera, y nunca pude. Está padre, me decía, ya subí fotos para que las veas. Y no pude. Inscríbete, me seguía diciendo, y a lo mejor así la puedes ver. Y ahí voy, incauta, a inscribirme. Yo no había hecho nada y ya tenía 9 amigos. Hasta eso, sí los conocía a todos en persona. Creo que los acepté sin saber lo que hacía desde hace mucho, cuando recibía sus invitaciones en hotmail. También tenía invitaciones de otros 5 monos. Unas la acepté, porque sabía quienes eran, otra no porque era de alguien poco grato y otras más tampoco porque eran de perfectos desconocidos.

Luego un amigo de Irapuato viene y me cuenta del montón de cosas que pudo hacer en su propio espacio del hi5. Lo busco por su nombre y no sale su página. Me pasa su dirección, entro a su sitio, y sí, puedo ver que tiene muy trabajado el aspecto de la página: un montón de artilugios, collage de fotos y un fondo bien decorado. Y entonces me entra la curiosidad: ¿dónde encontró tanta cosa? Cuando yo me inscribí me dió la impresión de que no había tanto por hacer y que era algo mas bien tedioso. Finalmente encontré la manera de ponerle un fondo curioso a mi perfil y dejó de tener un aspecto casi aséptico. Ahora se ve así:



No tengo foto ni datos personales y mi ubicación es falsa. ¿Debería llenar esos espacios e intentar entrar en ese mundo de amistades multudinarias del hi5? En realidad, el par que me indujo a esto no se ha dignado a entrar y comentar aquí...¿por qué invertir mi tiempo en otro espacio que no me garantiza mayor retroalimentación que la que tengo en este blog?

Además, ya le tengo un cariño sincero a esta bitacorita. Creo que me quedaré aquí.

Moneros

Cuando las cosas de la vida real son tan, pero tan absurdas que quedarían mejor dentro de un chiste, vienen los moneros a hacer que todo cuadre. Unos son muy críticos, otros muy poéticos, otros solo buscan contar chistes, otros un poco de todo.

He aquí algunos que me gustan:

Paco Calderón

Liniers
Jorge Cham
Kabeza

Ya.

domingo, abril 06, 2008

San Juan Nuevo Parangaricutiro

Entre mis últimas andanzas antes de terminar el periodo vacacional, fui a acompañar a mi madre a San Juan Nuevo Parangaricutiro. Este es un pequeño pueblo que está a menos de media hora de Uruapan, por una carretera estatal que está en regulares condiciones. Es un pueblo con una historia interesante, ligada a su santo patrono: El Señor de los Milagros.

Eran tiempos de conquistas y conversiones al catolicismo cuando los frailes franciscanos llegaron al pueblo de Parangaricutiro y fomentaron las artes textiles. Todo el pueblo fue rebautizado como San Juan de las Colchas. Un buen día un vendedor de Cristos que nadie sabía de dónde venía ni a dónde iba dejó una de sus piezas en una caballeriza y siendo pieza fina, la comunidad le construyó su primer santuario. Para 1944, todo en esta parte del mundo parecía ser calma y paz, pero entonces, así de la nada, se levantó el suelo e hizo erupción el volcán Paricutín, arrasando con el pueblo. La lava dejó sepultado casi todo el templo donde se encontraba el Cristo, pero se detuvo frente al altar, dejando la imagen intacta. Parte del pueblo se llevó al Señor de los Milagros con ellos hasta que se asentaron cerca de Uruapan, en lo que llamaron San Juan Nuevo. La historia está plasmada en unos murales adentro del santuario.




















Al Señor de los milagros hay que irle a rezar bailando. Esta tradición es anterior al Paricutín, derivada dicen, de las danzas ceremoniales indígenas que se conservaron después de la conversión al catolicismo. Otra leyenda dice que una vez un cura recién llegado al pueblo prohibió que la gente entrara bailando al templo, por considerar que era una costumbre más pagana que católica. Por las noches el cura se despertaba oyendo los pasitos de mucha gente en el templo, y cuando enojado iba a reprender a quien hubiera osado abrir las puertas del templo a deshoras y a seguir en la necedad de entrar bailando, no encontraba a nadie. Esto sucedió en repetidas ocasiones y el cura lo tomó como una señal de que al Señor le era grata esta manifestación de fe de la gente de San Juan. Y desde entonces, a San Juan se va a rezar bailando.

El Santuario está hecho de ladrillo, no de cantera, pero es un templo muy amplio y muy bien iluminado. Muy bonito y grande para lo chiquito del pueblo. Recibe a mucha gente que le tiene mucha fe al Cristo. Alrededor la gente recibe a los fieles y turistas con vendimias de todo tipo: desde rosarios y novenarios hasta frutas de temporadas y chucherías, que incluyen remedios para todo tipo de males. Por cierto que entre las señoras que vendían hueso de plátano me fui a encontrar a Doña Naty, una señora que se le ocurrió entrar a este humilde blog hace unos meses y confirmar que los plátanos con hueso existen, y que ella los vende par aliviar diabetes y cosas peores. Sus datos están aquí.













El letrero del puestito de la Sra. Naty. Plátanos con hueso. Esta foto sí la tomé yo. Ahí esta: existen y se venden para aliviar males.





En las calles aledañas hay cualquier cantidad de comederos para que los peregrinos que llegan al santuario tengan siempre donde comer por una módica cantidad. Ahí comimos churipo, pollo con mole o sopes.

Churipo, al fondo, con las corundas con las que debe ser acompañado (a la izquierda). A la derecha media quesadilla hecha en tortilla de maíz morado.

A las orillas del pueblo hay un ojo de agua que el municipio acondicionó para que sea lugar de esparcimiento de los locales, quienes sin ninguna pena se meten a nadar en las heladas y poco profundas aguas. Además, desde la plaza principal se organizan salidas al Paricutín o a las ruinas del viejo San Juan. Al paseo este hay que salir temprano, por lo que lo dejamos para otro día, no se cuándo.
El ojo de agua y parque recreativo.


Ah, por cierto, de camino a San Juan nos encontramos con un puestito que vendía toda clase de bebidas fermentadas populacheras, y no pude evitar la tentación de tomarme un tejuino. Rico.

viernes, abril 04, 2008

Crónica burocrática: el desenlace

(antes...)

Viernes 4 de Abril de 2008

Fui a comer a deshoras en la cafetería de centro este donde pretendo jugar a modificar la naturaleza de un hongo, que por cierto, se rehúsa. Ahí estaban ya terminando de comer tres de mis compañeros de generación, dos de maestría, uno de doctorado. Poco despues se nos unió un compañero más de maestría. Los que habían terminado de comer nos esperaron a los que apenas comenzamos. Una vez instalados en la sobremesa, una de las chicas nos dijo que tenía noticias para nosotros, y que esperaba que no se nos fuera a revolver demasiado el estómago. Después de varios minutos de rodeos y de fallidos intentos de adivinar la noticia, las chicas que ya habían terminado de comer se levantaron y se fueron entre risas dejando en la mesa dos sobres.

Los sobres eran cartas del Gobierno del Estado, era la respuesta a nuestra solicitud de extensión de beca. Ahora sabría si tanto papeleo, ir y venir, perseguir jefes y directivos, si tanta cosa valió la pena. Tal vez sea bueno aclarar ahora que soy una persona que carece de eso que ahora llaman inteligencia emocional, por lo que cuando me emociono, me estreso, me angustio o me alegro lo hago en grado superlativo. De ahí que al recibir el sobrecito este me subiera la frecuencia cardiaca a 100 y me viera obligada a pegar un grito para no asustar al resto de los comensales, y con un poco de prisa y mucha angustia lo abrí.

Valió la pena: mi solicitud fue aceptada y ahora tengo sustento por lo que resta del año. ¡Qué emoción!

De los 5 solicitantes, los 5 obtuvimos la extensión. Esto merece un festejo (pretexto era lo que hacía falta)

martes, abril 01, 2008

¿Será?

Morelia se fundó un 18 de mayo. Cada año, el aniversario se celebra con muchas actividades entre las que está la Expo-Feria. De niños íbamos con mis papás a ver los caballos, el ganado cebu (¿cebú?) con sus extrañas jorobas, y mi mamá aprovechaba para comprar utensilios de cocina con los barateros, que hacían ruidos muy extraños al escupir mientras cantaban sus ofertas en el micrófono de diadema.

Luego fui un par de veces con mis amigos en la prepa y ya no volví a ir. No me gustó: Un gentío bárbaro, mala comida, mucho borracho, olía feo y los juegos parecían desmontarse al primer giro de los engranes. No, gracias. El año pasado inauguraron el nuevo recinto ferial, con su palenque nuevo y sus pabellones amplios... todo de blanco, se veía muy bonito. Cuando lo inauguraron (en Septiembre, porque para mayo no había nada todavía) aún no estaba terminado (qué raro) y quienes fueron dijeron que era un desastre, además de lo de siempre: gentío, borracheras y chacharero chino.

Este año, dice el nuevo gobernador que la feria será diferente:

"ya no vamos a tener eso, esperamos que este año se reoriente la feria y que en los próximos ya sea una verdadera exposición de lo que Michoacán produce y trabaja y ese es el objetivo que sea una feria que regrese a sus orígenes de expresiones productivas culturales" (nota completa)

Este año la feria debe ser un espacio abierto para la artesanía y productos michoacanos y dejar de ser lo que mucha gente llamaba "la cantina más grande del estado". ¿Será?

viernes, marzo 28, 2008

No soy tecnófoba...

... pero este tipo de cosas me dan ñáñaras. En especial la frase de "... a medida que declina la población nipona ... " etcétera. Chale.

domingo, marzo 23, 2008

Les Luthiers

viernes, marzo 21, 2008

Jueves Santo en Morelia.

Siendo jueves me dió por salir a maderear cámara en mano y al lado de la razón de mis desvelos. Se me olvidaba que era día de la Visita a los 7 templos. Cerraron la circulación del primer cuadro de la ciudad y permitieron que los feligreses hicieran su recorrido palma en mano izquierda y libro de rezos en mano derecha sin preocuparse de ser atropellados por el abundante tráfico. En la plaza Valladolid se proyectó sin ánimo de lucro "La pasión de Cristo" de Mel Gibson.

Así se veía Morelia este Jueves Santo.
Vistas de lado Oriente y Poniente de la avenida principal
Atardecer sobre una ciudad en pleno fervor religioso. La torre es del Templo de las Monjas.

Templo de San Diego y Santuario de Guadalupe. Sobre él, la luna llena.


Caminando por la Calzada nos encontramos el nuevo Café del Artista, que es parte de la Posada del Artista, que además de café y hotel es galería, donde todas las piezas están a la venta y la idea es que artistas locales puedan exhibir y vender su obra. Se veía agradable el lugar.

Patio de la Posada del Artista. Todas las esculturas están a la venta.

Ya de regreso por la avenida madero nos dimos cuenta de que la seguridad estaba asegurada para todos los paseantes, locales o extranjeros. Los cuerpos policiales se prepararon llevando nuevos elementos caninos bien capacitados, pero compactos para no estorbar entre el gentío:

Interrogado jocosamente por los paseantes, el apenado oficial tuvo que aclarar que era el perro de casa.

jueves, marzo 20, 2008

Artesanías Michoacanas

A Uruapan hay que ir en Domingo de Ramos, a ver los concursos de artesanías y de indumentaria indígena en los que no participan nada más los purépechas sino también otras etnias menos afamadas en el estado pero que también lo habitan, como la náhuatl, mazáhuatl y otomí.

El Domingo de Ramos todavía estaba en Irapuato. Llegué a Morelia a medio día e hice un par de cosas aquí, por lo que ya no fui a Uruapan. Fue apenas este miércoles que finalmente llegué a mi ciudad natal con toda la intención de cumplirme un berrinche que tiene origen en mis años preescolares. Me explico: cuando era niña y vivía en el centro de Uruapan mis papás me compraban cada año, en el tianguis de artesanías de Semana Santa cualquier cantidad de utensilios de barrio en miniatura. Tenía muchos y me encantaban. Luego nos mudamos a Morelia y mis trastecitos se quedaron en casa de mis abuelos maternos, donde fueron víctima de la etapa coge-y-avienta de una mis primas, que aún andando a gatas fue capaz de acabar con todos ellos, además de varios discos de acetato entre los que estaban mis audicuentos de Disney.

Con los años, y presa fácil como soy de la nostalgia, me propuse volver al tianguis a gastarme el dinero que no me sobra en miniaturas de barro para iniciar una de esas colecciones sin beneficio que algunas personas llegan a tener.

Ahí íbamos 5 monos, todos emparentados a Uruapan. Llegamos a comer, porque ya era tarde, en un restaurante de trucha Arcoiris que está a la salida a Morelia por la libre (Toreo, le llaman a la zona). El restaurante está entre huertas de aguacate y nuez de macadamia y tiene su propio criadero de truchas. Una orden de ceviche de trucha, sopa tarasca, truchas asadas, a la diabla y "arcoiris" (con queso y tocino), y alevines (bebida de aguacate riquísima), constituyeron el menú. Qué rico. Ahora sí, al centro.

En la plaza se desplegaban todos los puestos, con sus toldos blancos y sus letreros uniformes que decían cuál era la artesanía que vendían y de dónde venía: guitarras de Paracho, cobre de Santa Clara, barro de Capula o de San José de Gracia, etcétera.

Empecé comprando unos huaraches, que ya me hacían falta. Mi mamá compró utensilios de madera para la cocina y servilletas bordadas. También compre un par de tazas de cerámica. Cuando llegamos al área de las miniaturas no sabía ni dónde empezar. Finalmente compré todo lo que está en la foto. No gasté mucho, he de decir. Bueno, más o menos.

Los primeros objetos de mi naciente colección de miniaturas de barro. ¿A poco no están chulas?

Una de las dos tazas de cerámica de Capula que compré, junto a algunas de las miniaturas más grandes.

Mis huaraches nuevos :)

Lacas de Uruapan.

Guitarras de Paracho

Cobre de Santa Clara

Artesanía en madera

Juguetes tradicionales. Yo jugué con algunos comos esos.

Trabajo en tule.

Huanengos: Blusas tradicionales bordadas en punto de cruz. Todo un arte.


Lástima que a la cámara se le acabó la pila y ya no alcancé a tomar fotos de otras maravillas artesanales.

Para concluir el día me fui a cenar un atole de tamarindo, que el estómago no tenía todavía espacio para tamales, y si lo tuviera hubiera querido que fuera uno de harina de trigo y de esos ya no había. Tanto vendía la señora del puesto que hasta unos europeos sin temor a la venganza de Moctezuma se sentaron a pedir lo que más lógico les pareció pedir entre tamales rojos, verdes o de dulce y atole de tamarindo, zarzamora, negro y otros que ya no recuerdo . Rico.

miércoles, marzo 19, 2008

Una zacatecana en Querétaro

Querétaro es un bonito lugar para visitar. Entre sus encantos están esas callejuelas del centro por donde los carros ya no pueden circular, los cafecitos y restaurantes, y sus plazas, que no siempre son lugares donde la intolerancia tiene lugar. A Querétaro he ido unas cuantas veces, en grupo, en familia o por mi cuenta. La última vez, hace como dos semanas, un domingo, fui a visitar al buen Giovanni, que tiene viviendo allá varios meses y estando ya a punto de regresar a Morelia me volvió a decir que a ver cuándo me dignaba a ir. Bueno, pues me digné. Solo fue un domingo y no fue mucho el turismo que hice, pero entre los lugares que visitamos hay uno que destaca: La casa de la zacatecana.

Esta mansión se encuentra ubicada en el número seis de lo que alguna vez se llamó Calle de la Flor Alta (ahora Calle Independencia, número 59). Durante el siglo XIX habitó esta mansión un matrimonio de Zacatecas. El marido tenía muchos negocios en las minas de su estado de origen y viajaba constantemente. Mientras, la mujer debía permanecer en casa sin derecho a salir a la calle más que a misa, sin hacer amistades ni recibir visitas como no fueran de la modista y la costurera. Pobre mujer, tal encierro en un lugar desconocido y sin atención alguna de su marido debió acabar con su cordura. Al menos acabaría con la mía. El matrimonio, como era de esperarse, se estaba desmoronando y los esposos dormían ya en habitaciones separadas. Después de un tiempo, al parecer, la zacatecana comenzó a tener amoríos con algún queretano de identidad desconocida. Finalmente, y seguramente harta de su triste suerte, un mal día dio instrucciones a uno de sus sirvientes para que acabara con la vida de su marido. Y así lo hizo este pobre cristiano. Lo que el fiel sirviente no se esperaba es que, con el fin de evitar dejar cualquier evidencia, al momento que enterraba el cuerpo del patrón en las caballerizas, la zacatecana se encargó de darle muerte por la espalda con su propia mano. Ambos cuerpos quedaron enterrados en las caballerizas y nadie supo nada de ellos por un tiempo.

Un día sin embargo, en lo que pareció ser un asalto a la mansión, la mujer fue apuñalada en la madrugada y su cadaver fue llevado a la plaza, al parecer para despistar a las autoridades. La aparición del cuerpo de la zacatecana en la plaza dio lugar a que se encendieran los ánimos de los queretanos, quienes ya rumoraban que la desaparición del marido era cosa de la mujer. Y es que lo queretanos estimaban mucho al señor, ya que entre las cosas que sí hacía estaban muchas obras de caridad. Entonces la turba enardecida tomo el cuerpo de la zacatecana y lo fue a colgar del balcón principal de su mansión a manera de venganza, y si no es por la intervención de la autoridad local no hubiera quedado cuerpo.

Dicen que desde entonces los ocupantes de esa casa no duraban mucho habitando en ella, pues las ánimas de los personajes de esta leyenda andan por ahí incomodando a los que quieren dormir. Finalmente un coleccionista de la ciudad de México compró la mansión, la amuebló con su colección de muebles virreinales, del siglo XIX y principios del XX y la hizo museo, exhibiendo tambien la leyenda. Es impresionante el grado de opulencia que se puede concentrar en una sola habitación, no digamos ya en toda la casa. Si yo fuera el ánima de una dama de sociedad del siglo XIX sería muy feliz si la mansión de mis angustias fuera finalmente decorada con tanta cosa fina, pero tal vez la zacatecana, acostumbrada al recato y a la soledad no lo estaba tanto, porque el coleccionista que montó todo acabó muriendo en un accidente cuando se dirigía a Michoacán en 1998.

Fotos:



























Recámaras de la zacatecana y su marido, respectivamente. Se trató de conservar en lo posible el estilo original de las mismas. El maniquí de la primera foto nos sacó un buen susto.






























Colección de Cristos. Incluye un Cristo hecho de pasta de caña (foto inferior) hecho por artesanos michoacanos; dicen que ya no se hacen. Alguna vez tuve pesadillas con muchos Cristos.
















Ejemplo de las habitaciones de la Casa de la Zacatecan. Pura opulencia.














A la gente que acabó de montar el museito les dió por montar en el patiecito central la fosita que debieron encontrar las autoridades queretanas hace un siglo y cacho con los restos del empresario zacatecano y del pobre cristiano que por obediente acabó igual de muerto. Qué cosas.



Un videito de una de las salas más impresionantes: La sala de los relojes. Lo único que se oye es el tic tac de todos estos relojes que aún funcionan, y por ahí un poco de la música ambiental del museito.

sábado, marzo 08, 2008

El circo y un papelito multicolor

Hace poco vino Erandi a dejarme un pequeño objeto que me guardaba y que no tiene más valor que el que la nostalgia le puede otorgar (y hay que ver cómo la nostalgia suele sobrevalorar cualquier cosa). Ese objeto no era más que un pedazo rectangular de papel multicolor de cuya impresión lo que más sobresale es la palabra VISA, y un poco menos notoria, la palabra ticketmaster, así, todo en minúsculas. Era, es todavía, mi boleto para asistir al Cirque du Solei (o lo que queda de él, del boleto, después de que en la entrada desprenden una parte).


Recuerdo haber visto parte del espectáculo en el ARTS Channel, o en la pantalla del bar-café Balcón del Ángel, (que es más bar que café, por eso puse esa palabra primero, que está atrás de catedral en Morelia y que recomiendo ampliamente) mientras tomaba cualquier bebida de mi antojo y comía una ricas chimichangas como botana. Recuerdo haber visto los videos y haber dicho que algún día iba a verlo en vivo. Recuerdo también que nunca hice el intento de ahorrar con ese fin ni busqué fechas de presentación y que dejé de pensar en eso por un tiempo.


Un buen día del septiembre pasado Erandi dijo, palabras más, palabras menos: David va a ir con Juan y Ceci a ver el Circo del Sol en Guadalajara, si quieres ir hay que comprar los boletos ya, pero son para la función de dentro de un mes. ¿Cuánto cuestan? $650.00. ¡Ah! Eso es mucho dinero y ya es fin de mes. Sí, lo sé, pero Juanito los pide hoy a ticketmaster y hay que pagárselos mañana; piénsalo, tienes hasta las seis porque él se va.


Lo pensé. Eran $650.00 del boleto, mas casetas, mas gasolina (o pasajes de camión, según decidiéramos), mas comidas, mas antojos… bueno, podía ser que los antojos se suprimieran pero sí iba a ser un gasto fuerte. Y además para pagar el boleto había que considerar que era fin de mes, eso era muy, pero muy importante. Luego, de repente, nada me importó y dije que sí, que sí iba. Erandi también decidió asistir y Ari, oriunda de Guadalajara tuvo a bien ir a ver a su tierra el Circo y ofrecernos su casa para llegar un día antes de la función.


Dos carros, tres monos por carro, una autopista carísima y fea, una comida compuesta de tortas ahogadas y pellizcadas (sopes gigantes) en Tonalá formaron parte del camino de ida. El sábado los del carro uno fueron a su función. Nosotras (Ari, Era y yo) fuimos hasta el domingo, pues ya no alcanzamos boletos para el sábado, ni con un mes de anticipación.


El Circo es una experiencia maravillosa. Simplemente no puede describirse sin sentir que algo queda sin mencionar. Solo recuerdo haberme sentido intrusa en el sueño de alguien. La música te desprende del mundo y te transporta a ese plano donde podrías decir que nada de lo que ves real, porque te sientes en trance, como si todo lo estuvieras imaginando, soñando. Los personajes más extraños con los cuerpos con las capacidades más insólitas. Cirqueros, saltibanquis, personajes de sueños extraños haciendo las maromas, los actos de equilibrio, los saltos, las suertes que tal vez también se verán en otros circos, pero con una técnica tan pulida, un grado de dificultad mayor, un ambiente tan enriquecido por la historia, la música (la música, la música), la iluminación, que acaba siendo en conjunto el sueño perfecto: Con un principio, un fin, y una serie de intermedios en los que te podrías perder para siempre.


Finalmente cumplí aquello de que un día lo vería en vivo, y valió los cientos de pesos del boleto, y los otros cientos de pesos de gastos adicionales que incluyeron una ida al Purgatorio bar, unos zapatos que compré en Plaza del Sol, un cafecito en la tarde del sábado en la misma plaza en compañía de muy agradables amigas (en una cafetería muy mona que además tenía su sección de librería y un rinconcito donde un señor de edad hacía las veces de cuenta cuentos para que los niños pequeños dejaran a sus papás tomarse su cafecito en paz). Haber visto el circo es un recuerdo que vale la pena.


Ese y el haber conocido a la familia de Ari; sus hermanitas nos llenaron de toda clase de regalos, solo porque éramos amigas de su hermana y nos hicieron prometer que volveríamos, cosa que no hemos hecho. Ese y el agotador viaje de regreso por la carretera libre, estrecha, llena de trailers, tramos sin pintar, zonas de topes, pésimos señalamientos y una considerable cantidad de estrés, porque íbamos a llegar tarde a Irapuato, y para no variar, teníamos que llegar a hacer un par de cosas al Centro que nos da para comer y para ir a ver el circo. Ese, y la carrera que pegó Erandi cuando llegamos a Irapuato por una calle por la que no habíamos transitado, con topes sin señalamiento y sin pintar, sobre los cuales su pobre auto dio el vuelo de Prometeo queriendo llegar más allá de donde le es permitido, que es a ras de suelo, después del cual cayó sobre el asfalto asesinando a uno de sus amortiguadores y sacando el aire a las pobres llantas. Ese y el que al final, nada pasó a mayores.


Vaya, cuántos recuerdos puede evocar un papelito multicolor.




viernes, febrero 22, 2008

Crónica burocrática

Miércoles 20 de Febrero de 2008.


Acabo de ver un gel que me indica que todo puede mejorar en mi vida como estudiante de posgrado, aunque a estas alturas será imposible que mejore lo suficiente para que me titule en Agosto, como debería ser. Justo en ese momento alguien me recuerda que el lunes se vence el plazo para enviar al Consejo Estatal (blablabla) la solicitud de extención de beca. Alerta roja.


Acto seguido bajo el formato, lo leo y me doy cuenta que lo único que no piden es una carta de no antecedentes penales y la cartilla de vacunación. Veo mi plan del día... imposible parar los experimentos, ya todos están corriendo y los tengo que terminar. Al menos tengo que avisar al Jefe cuáles son mis intenciones para que me firme mis n cartas de presentación, apoyo, etcétera, etcétera, etcétera. Una vez obtenida la aprobación verbal del jefe y eliminada la barrera mental que a priori me produce tanto papeleo empiezo con lo más engorroso: Resumen en 300 palabras máximo de mi proyecto, lista de metas y objetivos (por separado, por lo que primero había que encontrar la diferencia) y la explicación del impacto social y económico de mi investigación. Claro, mi proyecto de tesis va a erradicar el hambre del mundo y hará rica a toda una comunidad. Perdón, el sarcasmo me brota a borbotones en estos casos.


Durante la comida me encuentro a varios compañeros que también deberían titularse en Agosto y les comento de lo odioso del formato de la solicitud. Las expresiones espontáneas de todos indican que generaron mil pensamientos por segundo entre los que se encontraba el cómo diantres se les pudo olvidar el asuntito este. Se entiende, es tiempo de tutoriales, seminarios departamentales y eventos por el estilo que tienen el objetivo de probar que nuestros nervios no son de acero, pero que deberían serlo. Así que la alerta roja se expande, solo quedan dos días hábiles para conseguir todas las firmas, con la salvedad de que todos los jefes y administrativos de la institución están volcados en menesteres similares solo que en magnitudes mucho, pero mucho mayores, por lo que su disponibilidad decrece a niveles mínimos o nulos. La angustia, por supuesto, se dispara.


Jueves 21 de Ferbrero de 2008.



La mayoría de los experimentos tienen un seguimiento de varios días y si no quiero perder el trabajo de una semana será mejor que no bote los últimos pasos por un enredo burocrático. Después de comer seré libre para llenar el papeleo.


Antes de la comida voy a la oficina de la secretaria encargada de redactarnos 4 de las n cartas que se necesitan, sólo para saber que este día no se presento. La angustia pasa a nivel de histeria, disimulable, pero histeria al fin y al cabo.


Finalmente a las 11:27 p.m., después de mucho escribir, corregir, de decir improperios en voz baja y alta, finalmente, puedo decir que lo único que me falta son los datos de mi jefe, que solo él tiene, las firmas, copias de algunos documentos que puedo sacar al día siguiente y por supuesto las 4 cartas que no pude conseguir el día de hoy.


Viernes 22 de Febrero de 2008


Pocas, muy pocas cosas que hacer en el laboratorio. Hoy es día de papeleo. En cuanto dan las 9:00 a.m. voy a la oficina de la secretaria. En el camino me encuentro con una compañera que anda en los mismos apuros. Llegamos. Hoy tampoco vino. El nivel de angustia se eleva, la histeria se pontencía al ser compartida. No desayuné, no puedo soportar estas angustias en ayunas, pero no puedo ir a desayunar hasta no ir a hablar con el Secretario Académico, para ver qué hacemos en caso de ausencia de secretaria que todo lo sabe en cuestiones de trámites. El Secretario no ha llegado. Es oficial, mi mucosa gástrica no puede soportar tanta tensión sin alimento que digerir. A desayunar. En el desayuno nos juntamos 3 estudiantes igualmente atormentados, lanzado al aire cuanta palabra digna de albañil podemos proferir. La histeria adquiere dimensiones colectivas. Nos dedicamos a revisar meticulosamente nuestros documentos haciendo correcciones mínimas, cosa de formato, dejarlo listo para imprimir.


De repente alguien se asoma a la puerta para decir "Ya llegó Dora". Dora estaba de permiso, solo vino a atender la emergencia burocrática. No va a estar mucho tiempo aquí. Corre. Llegué para encontrarme con una fila no muy larga, pero fila al fin. Es lo malo de estar en el edificio del fondo. Tres de las cuatro cartas son, por arte de magia secretarial, convertidas en una sola. Solo dos documentos que anexar, muy bien. Ahora a llevar la portada de la solicitud con el concentrado de información a que lo firme el Director. El Director nos niega la firma. "Junten todos los papeles, que se los firmen sus Jefes y me traen el expediente armado. Antes de las tres". Corre, corran.


Mi jefe tuvo dos tutoriales, y salió directo a comer sin pasar por su oficina. Bien, calma, puedes explicar que no estuvo disponible, que te dispensen de momento la firma, que la tendrás en la tarde. El Secretario Académico y el Director firman. Excelente. Solo falta el Jefe.



Son las 4:30 de la tarde. Solo espero a que llegue el hombre en el que más he pensado estas últimas dos horas sin ninguna otra intención que la de obtener su firma. Y llegó, solo para decirme que hoy es el deadline para entregar un proyecto, y que me firma el lunes, temprano. Muy bien, tengo hasta las cuatro de la tarde del lunes para entregarlo. Supongo que es posible. Pero al menos lo demás, ya está listo. Mi paquete de dos docenas de hojas está armado. Tengo una tarde para avanzar en lo que se me antoje en el laboratorio.


Seis de la tarde. Me encuentro a dos compañeros. La mayoría tiene jefes con el síndrome del deadline. A ellos también les firman el lunes. Con que nos den tiempo de digitalizar todos los documentos firmados, por que también hay que entregar la solicitud en formato digital, que para eso estamos en la era de la tecnología de la información.



Tres cosas:

¿por qué las instituciones gubernamentales piden tanto papel que nadie, de verdad, nadie va a leer?

¿por qué ese tipo de cosas me causa una repulsión tan fuerte antes de empezar a hacerlas?


Y la más importante:


¿por qué siempre dejo las cosas al último?


No lo sé, de verdad que no lo sé.

lunes, febrero 11, 2008

Nada...

Domingo, 10 de Febrero de 2008

07:04 p.m.


Domingo por la tarde, después de tres días de nubes y vientos, finalmente llueve. La lluvia literalmente se ve venir. Llega un punto en que las nubes negras y extensas no pueden con su propio peso y parecen, a lo lejos, desfundarse. Parece que el aguacero por venir es de preocupar. Pero no, aquí nunca llueve así, y si la intensidad de la lluvia rebasa el promedio no lo hace por mucho tiempo.


Finalmente decido ver esa película de corte gnóstico que alguien me prestó (y que tengo arrumbada en algún rincón esperando a que me acuerde de ella) quitándome momentáneamente todos los prejuicios que esta clase de cosas me provocan. La veo, con atención. El viento cada vez es más fuerte y el olor a tierra mojada, que llega antes que la lluvia misma, es cada vez más intenso. Por fin cae el agua. La película sigue, y estoy atenta. De cualquier modo, no tengo un libro a la mano y no quiero leer un artículo. La película sigue, hasta que se va la luz…


Cuando esto pasa en este fraccionamiento de casas en serie y materiales baratos, la luz puede volver pronto y fallar de nuevo. No es seguro conectar los aparatos, hasta que no haya pasado suficiente tiempo como para creer que el servicio será constante. Mi computadora tiene pila, no tengo internet. Podría escribir algo en el OneNote para distraerme mientras pasa el periodo de prueba. No tengo aún la foto de los millares de pájaros que se posan en los cables del boulevard a estas horas; podría escribir acerca las pequeñas excursiones de fin de semana que he hecho y que no he comentado, pero no sé por cual empezar.


La lluvia ya se calmó, el viento también. Estas tormentas nunca duran mucho aquí. El olor a tierra mojada es bastante intenso. Ya oscureció, y la luz ha estado estable. Tal vez sea tiempo de conectar los aparatos, o de llamar a alguien para disfrutar en un café un rato de la joven noche humedecida.

Podría escribir acerca de las pequeñas excursiones de fin de semana que he hecho y que no he comentado. Sí, lo haré, otra tarde de domingo con nada que hacer.

 
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