martes, abril 26, 2011

Maternidad y tribu.

Cuando el ser humano nace, está tan inmaduro que le es imposible sostener su propia cabeza. Abandonado a su suerte, morirá invariablemente en unos cuantos días. Para que tal desgracia no suceda la madre debe cargarlo, alimentarlo, limpiarlo y protegerlo por años, al mismo tiempo que espera a que sea lo suficientemente receptivo para poder mostrarle cómo sostenerse, caminar, lo que puede y lo que no debe tocar, entre muchas otras cosas.

Es tan delicado el trato de un recién nacido, que las madres suelen echar mano de las mujeres que ya han sido madres antes. Y un buen día ahí están las mujeres de la familia, juntas, enseñando, reprendiendo, indicando, las mayores a las más jóvenes y a la nueva madre.

Mi familia es básicamente un matriacardo, porque hay una larga tradición de mujeres que prefierieron estar solas que mal acompañadas, aunque la mala compañía no sea necesariamente tal cosa, sino que faltaron acuerdos fundamentales. Como sea, ante la llegada de la nueva criatura, una mujercita de fuertes pulmones, fueron las mujeres emancipadas las que vinieron a cerrar filas. A decir que así no se carga la criatura, que el agua tiene que estar a tal temperatura, que el vendaje es así y no de otra manera. Que no llores, que lo que te falta es sueño y para eso está tu prima para que se haga cargo con la fórmula mientras descansas ahora que ya no puedes más. La nueva madre, emancipada también antes de que las complicaciones fueran mayores, vio entonces la utilidad de tener quien cargue con experiencia y diga cómo se hacen las cosas. La gracia de no estar nunca completamente sola.

Gregarios somos, ni duda cabe.

viernes, febrero 25, 2011

El derecho de llorar

Hay despedidas que no se distinguen como tales desde un principio; tal vez porque en apariencia no hay un verdadero desprendimiento, porque nada trascendental cambia, porque de haber cambios los son de forma y no de fondo. O eso se piensa, o eso se quiere pensar.

A diferencia de las despedidas dramáticas y tajantes en las que el llanto es casi un requisito, las sutilezas de los cambios mínimos rara vez van acompañados del derramamiento dramático de lágrimas, del berreo desgarrador y el claro establecimiento del luto. Y sin embargo, duelen. Pero es un dolor sutil, casi inadvertido. Se manifiesta más como un no dormir, o dormir de más en la mañana, como la disminución de la vitalidad y, tal vez, como las ganas de tener algo que lamentar, algo verdaderamente doloroso y angustiante. Algo que nos otorgue con el sólo hecho de pensarlo el derecho de llorar sin que nadie, ni uno mismo, juzgue al lloroso de exagerado y melodramático.

Las despedidas incompletas se revelan con el paso de los días, cuando la alteración de la rutina se hace evidente, cuando los ciclos tardan cada vez más en volver al punto inicial, cuando la costumbre obliga a seguir ritos ya descontinuados, y se notan ya fuera de lugar. Es hasta que el acumulado de las pequeñas inconsistencias es demasiado cuando un intento de llanto surge, con o sin derecho, para hacer notar que por mucho fondo que se conserve, las formas también tienen su valor.

lunes, noviembre 08, 2010

De collarines y los pobres muertos.

Choqué. O mejor dicho, me chocaron. Así que ando a pie en lo que la hojalatería hace lo debido con el carro gris; mientras tanto, mi cuello está oculto por un incomodísimo collarín "suave" con el que tengo que andar y dormir. Además de incómodo, tiene la propiedad de hacer más notorios los cachetes que he ganado y me hace parecer una mujer engreída de nariz respingada que siempre apunta hacia arriba. El collarín fue mi única adquisición ortopédica después del choque. Afortunadamente no hubo necesidad de más aunque ha sido suficiente para que en cuanto lo recuerde maldiga a todas las pipas transportadoras de gas propano del mundo. ¡Malditos todos! En realidad no es para tanto. Ni siquiera me molesta andar a pie, lo que me molesta es dormir boca arriba. No es mi costumbre. Mi espalda se queja por no poder adoptar la acostumbrada posición fetal y mis ojos se extrañan de tener al techo como primera imagen en la mañana. Dormir boca arriba y perfectamente alineada es como estar en un ataúd. Pobres muertos, que bueno que ya no sienten.

Cuando duermas cierra tu ventana y jamás pongas tus manos cruzadas, se rumora fuertemente que cuando duermes boca arriba con las manos cruzadas justo como acomodan a los muertos, no falta el que se te suba, te quiera comer y además no te deje despertar, la sensación es horripilante y tienes que pasar por largas sesiones de limpias para quitarte algo de ese miedo. Ten cuidado.

Pobres muertos, tal vez siguen sintiendo. Tal vez su alma aún resiente la continua presión en las caderas, la tensión en la columna lumbar. Tal vez su condición les hace más empáticos y al verte así, aún con la sangre tibia circulando por las venas se van sobre ti para que recapacites, para que te gires y te encorves. Te espera una eternidad boca arriba, querrán decir, no lo hagas desde ahora.

Después de una noche de mal dormir boca arriba y con las manos cruzadas, aún con mi bufanda de esponja, fui a formarme horas para cumplir algún trámite. Nada se me advirtió anoche. Hoy tal vez deje las manos caer a los costados.

jueves, agosto 05, 2010

Tormentas ajenas.

A veces no hay refugio que te alcance para cuidarte de las tormentas ajenas. Convivir implica ser tocado, al menos de pasadita, por la suerte de los demás (donde suerte no es más que el conjunto de eventos afortunados o no tanto que pueden ocurrirle a alguien, por puro azar).

Por estos días yo vivo en una isla de calma alrededor de la cual se dejan caer cegadores relámpagos, suenan truenos ensordecedores y soplan vientos terribles. En mi pedacito de vida brilla el sol, pero por un lado y por otro solamente aparecen tempestades. Afortunadamente, hace no mucho que aprendí a no ser devoradora de las angustias del prójimo, por muy amado que éste fuera; sin embargo no se puede ser totalmente inmune. Sobre todo si el prójimo es, efectivamente, muy estimado. En este caso la calma, como las latas de atún y las botellas de agua, se va acabando de a poquito, sin sentirlo, y sólo si se le administra bien puede aguantar largos ratos. Pero ni la mejor adminsitración puede hacer que las reservas duren para siempre, y ya andamos en las últimas.

Parece que se empieza a nublar en la bahía. Algo habrá que hacer para que no nos caiga el aguacero encima.

viernes, julio 23, 2010

Singleton: Vientos huracanados.

No hay refugio que te proteja de las tempestades ajenas que entran sin avisar a tu propia casa. Solo queda esperar que las provisiones de supervivencia sean suficientes.

sábado, julio 03, 2010

De batallas y de ignorancia.

Uno no sabe nada, absolutamente nada. Se llega con la bibliografía en la cabeza, con el borrador de lo que ese día significa para el arrogante todo, con las ganas de que nadie diga que no, que cooperen con uno.

Entonces empiezan a darle a uno el parte de guerra. Las luchas diarias, los casos comunes, los que jamás pensó uno que pasarían de la hoja de papel y que ellos han visto y tratado, que han sacado adelante. Por supuesto, el parte incluye las bajas de las batallas que han perdido. Cada caso en paquete completo: su historia, su ambiente, su posibles consecuencias.

Al final del día, con el contenedor lleno, y con cientos de historias que retener en la memoria uno se da cuenta de que para saber, lo que se dice saber, sólo los que están ahí todos los días. Lo demás son delirios de grandeza. Luego cae el veinte de que ésta es nada más que una las guerras, que hay muchas más que se libran simultáneamente y que en cada una hay expertos de campo y de escritorio. Cada quién sabe su cuento. Uno no tenía, no tiene la menor idea. Y entonces uno se siente chiquito y, de nuevo, con una curiosidad enorme. Porque el peor veneno para las ganas de aprender es la certeza de que se sabe al menos lo suficiente; y estar ahí, en el frente, es el único antídoto posible.

De regreso, se debe iniciar el largo proceso de armar el tremendo rompecabezas que cada día parece tener más y más piezas...


Cuando empecé mi doctorado, lo que menos me gustaba era la idea de ir a hacer búsquedas intencionadas de tosedores en distintos puntos del estado, principalmente porque consideraba que restaría mucho tiempo a mi trabajo en el laboratorio. Ahora, con el par de muestreos que llevo, creo que esa será una de las actividades más enriquecedoras del proyecto y la única que me permitirá después interpretar de manera adecuada esa "big picture" que quiero armar.

lunes, mayo 17, 2010

Inexplicable.

-Tengo la sensación de que algo malo va a pasar.
-¿Algo malo? ¿Como qué?
-No sé, cualquier cosa.
-¿Por qué?
-Mírame, nunca había sido tan feliz. Soy feliz y eso no existe. Tanta calma no es real. Algo va a pasar, y no va a ser agradable.

Y entonces, contra todo pronóstico, quedaste huérfano.


Las religiones existen porque hay cosas que no podemos explicar. A estas alturas ya se entienden muchos procesos de la vida, de la muerte, de la salud y la enfermedad; se ha descrito cómo se forma el rayo y los volcanes, los ríos y las tormentas; se pueden prevenir muchos males y controlar otros varios. Sabemos mucho de nuestros orígenes y nuestro propio funcionamiento, incluyendo la formación de las ideas y la interpretación del entorno. Sabemos mucho de algunas cosas, pero poco, muy poco de otras tantas.

No podemos explicar, por ejemplo, por qué una serie de eventos desafortunados le ocurre a una sola persona en un periodo de tiempo que calificamos de estrecho, con una serie de casualidades que se nos antojan premeditadas por una mente malévola, vengativa, aunque no sepamos bien qué mente, ni de qué se está vengando. Pero eso sí, pareciera particularmente malévola cuando estos eventos desafortunados ocurren a quien, a nuestro gusto, no se lo merece porque no hay en su comportamiento motivos que justifiquen que sufra una desgracia. O varias.

Pero las desgracias no piensan, no escogen dónde caer (si es que "caen" en alguien). Y sin embargo eso no es consuelo. ¿Cómo le explicas al conflictuado que no busque explicaciones dónde no las hay? ¿Cómo le pides que enfríe su cabeza, que se deshaga de sus místicas ideas entre tanta confusión? ¿Cómo hacer entender que el desastre no es más que la suma de todo lo que se hace, de las decisiones que se toman y la fortuita coincidencia de la propia existencia y otros muchos eventos aleatorios? Y que sí, que las consecuencias de los actos ajenos acaban por alterar nuestra vida porque así son las cosas y punto. Que no hay canto, rezo o amuleto que cambie esa dinámica, ¿cómo lo explicas?

No puedes. Porque sonarás hueco, lejano, frío y no harán ruido alguno semejantes ideas en una mente atribulada por tantas pérdidas, por tanto dolor.

El esquema mental que intentas explicar debe estar establecido antes de que las desgracias lleguen en paquete, debe ser adquirido en un periodo de claridad, de objetiva serenidad. Jamás un ánimo alterado es campo fértil para el raciocinio libre de misticismo. En ese momento la simple compañía, el apoyo incondicional es lo único que puedes ofrecer para fortalecer la voluntad que está a punto de quebrarse.

-A saber qué tanto debo todavía en esta vida...




miércoles, abril 14, 2010

La red no era red.

Son días de mucho calor y vientos matutinos poco amables. Son días de ir y venir. De reunirse. De distinguir lo que debería ser de lo que es en realidad. De escuchar todo lo que los demás no hacen. De ver como se reparten culpas y responsabilidades. De hacer notar que eso en realidad ya no importa. De que todos digan que sí, que de acuerdo, que cómo a partir de hoy. Son días de no hacer mucho, porque lo que sí hay que hacer es hablar mucho. De ir del centro al este, y luego al oeste, luego al sur, y ¿por qué no? al norte, antes de que se tenga que ir más allá de la mancha urbana.

Muchas cosas, poca cabeza.

jueves, marzo 25, 2010

Primavera

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lunes, febrero 22, 2010

Hablando cetáceo.



Hablar cetáceo es ser incapaz de pronunciar una frase comprensible. Sucede principalmente por intoxicación alcohólica, exceso de trabajo, falta de sueño y una carencia crónica de alimento (estamos hablando de 6 horas de ayuno en adelante). Así que ya saben a lo que me refiero cuando digo que estoy a punto de hablar cetáceo.

Fotogalería de Chiapas (y la Antigua Veracruz)

Y que me vulelve a pasar. Mucho trabajo, ¿qué quieren que haga? Las crónicas no van a llegar nunca, así que mejor les paso algunas de mis más bonitas fotos de cuando fui a Chiapas, en Diciembre pasado.

Helas aquí:
Cascadas de Agua Azul:


Lagunas de Montebello:


Cascadas del Chiflón
El Cañón del Sumidero:

Veracruz, La Antigua:

Luego público otras fotos de pueblitos y caminos.

lunes, febrero 15, 2010

Adivino del pasado.

"Porque en realidad, si revisas con cuidado los momentos más importantes de tu vida, a pesar de que había alguien parado a tu lado, estabas sola"
Chinga tu madre.

lunes, enero 25, 2010

Volátiles.

Extendiendo el cuello y aspirando un poco lo percibiste de nuevo. Cierras los ojos y aspiras de nuevo para tomarlo conscientemente y guardarlo para los próximos días. No sabes bien dónde se guardan esas cosas, pero estás seguro de que te acompañará por un tiempo. Después, ya de regreso, cierras los ojos, accedes al lugar desconocido y lo extraes. Ahí está, intacto, al menos por ahora. Comprendes mejor a Jean-Baptiste, tú también quiseras preservarlo para siempre. Lo extraes y juegas de nuevo, juegan de nuevo, aspiras como si aún estuviera ahí y decides dejarlo, como si pudieras acabártelo en ese momento. No más. Será otro día, tal vez.

martes, diciembre 29, 2009

Chiapas: Palenque y Misol-Ha.


Al final no supe cuántas horas de viaje fueron, solo puedo asegurar que fueron más de doce desde la salida a las seis de la tarde de Yuriria, en Guanajuato, hasta la llegada a Palenque, en Chiapas, temprano pero ya bien iluminado. O más o menos, porque estaba nublado. Debimos haber recorrido el arco norte, entrar y salir de Veracruz y seguramente habremos entrado a Chiapas por Tabasco. Pero adivino, porque me las arreglé para dormir todo el camino. Las dos o tres veces que abrí los ojos alcancé a ver una pared blanca de niebla como a un metro del frente del camión (mi asiento era el número 3), y a la cuarta ya se estaba estacionado el camión en una callecilla sin chiste frente al modesto hotel en el que nos quedaríamos. Nos entregaron nuestras habitaciones y nos fuimos a desayunar.

Estábamos apenas a la entrada de Palenque, la cuadra en la que estaba el restaurant era la última, de ahí seguía la carretera por la que llegamos. El lugar era pequeño pero simpático: las paredes estaban tapizadas de objetos antiguos y sobreros con frases populares. La comida fue buena y el café mejor. Ya bien despiertos y comidos nos pusimos a registrar los detalles del decorado. La dueña se me acercó para preguntarme si quería ver su colección de muñecas. Me pasó a su casa por una puerta siempre abierta que está a un lado de la caja. La vitrina enorme estaba llena de muñecas con vestidos largos de modas pasadas. Yo las hago, dijo, y me enseñó una muñeca a medio hacer, con sus calzones largos y sus corpiños terminados en encaje, su cuerpo rechoncho en las caderas para darle volumen a las faldas y sus peinados antiguos. También sé coser, no nomás jugar a la comidita, dijo entre risas, o al revés, también sé cocinar y no nomás jugar a las muñecas. Jodida una, pensé, que ni lo uno ni lo otro.

Volvimos a subir al autobús y fuimos al otro Palenque, al Palenque arqueológico. Nuestro guía, indígena tzotzil, nos explicaba cada edificio y cada inscripción y por qué a este edificio sí se puede entrar y por qué a este no. Y el patio de meditación, y las recámaras y los baños y la tumba de la Reina Roja y la crestería y tanta cosa. Y de paso las ciudades que se unieron con Palenque y las que les hicieron la guerra, las comunidades tzotziles y tojolabales, la pobreza y el olvido, Marcos y el 2010 y a saber qué desgracia se venga porque la gente sigue olvidada y si no vean en la carretera las casitas y los niños y las gentes, y que no les extrañe porque el presidente está más lejos de Chiapas que nunca. Pero acá está este edificio que tuvo funciones religiosas y ese cerro no es cerro, es palacio en exploración y si quieren desde arriba de aquél pueden tomar la foto más bonita. Y el servicio es voluntario, lo que gusten cooperar.

Terminando el recorrido comimos unos taquitos de cochinita a la salida de Palenque y nos fuimos a las cascadas de Misol-Ha. Nos mojamos en la cascada y metimos las patitas al arroyo, caminamos dentro de una pequeña cueva y regresamos a Palenque, el pueblo. Fuimos a cenar y de paso conocer el centro. Me recordó a Uruapan (y no sería la última vez que pensaría eso en todo el viaje), las casas con sus tejados de dos aguas y sus puertas y ventanas de madera, sus calles en columpio, con el punto más bajo a media cuadra y la lluvia que no paraba. A cenar llegamos primero a Las Tinajas, sitio harto conocido y por tanto muy concurrido. Después de que vimos que una hora y diez minutos nos alcanzaban para que nos tocara comer nos retiramos a otro sitio cerca del centro. Donde a los diez minutos ya estábamos cenando. Nos perdimos la comida típica regional de Las Tinajas, pero tanto andar no permitía un segundo más de espera. El primer día apenas y estaba agotada. Dormí como inocente.

Fotos:

La pared de El Arbolito

Algunos de los objetos de la decoración.

Doña Chelo con su colección de muñecas y una en proceso de fabricación.

Palenque:

Misol-Ha:


domingo, diciembre 27, 2009

De vuelta a casa.

Impregnada de la humedad de la selva, del calor del golfo, de lodo oloroso a hierba, de olor de café orgánico, de la lana chiapaneca, cansada de subir y bajar, con los ojos llenos de maravillas, hoy por fin regreso a casa. Una semana de viaje en autobús con otros dieciocho sujetos, en un tour que pudo estar mejor organizado pero que alcanzó para conocer un buen pedazo de Chiapas y el puerto de Veracruz.

Decidida a que no me vuelva a pasar lo mismo que cuando volví de la Península de Yucatán, ya estoy preparando un par de posts con muchas fotos del viaje. Mientras los publico, síganle festejando que apenas vamos a medio maratón. Felices fiestas.




viernes, diciembre 18, 2009

Este año empezó con tensiones académicas que nunca antes había sufrido y que me llevaron a consumir cantidades industriales de café y cigarros. Al final de todo obtuve un grado. También empezó con un corazón roto, que sufrió un par de lesiones después y que se volvió a quejar todavía en últimas fechas por algunos vacíos repentinos, pero los nuevos órdenes han sido establecidos y todo marcha maravillosamente. En este año conocí gente muy agradable, y me despedí de gente que espero volver a ver pronto. Empecé otra etapa académica de mi vida y ya empezamos con las vicisitudes del posgrado. Tengo un gato adorable y materialmente hablando no me puedo quejar. Como desde hace tres años ya, esta bitacorita ha sido una herramienta de expresión escrita que me ha permitido, a parte de descansar de mi desorden mental, establecer relaciones in silico harto simpáticas y estimables, algunas de las cuales son una extensión de relaciones in vivo puestas en pausa tiempo atrás debido a la distancia geográfica.

En este momento estoy a pocas horas de partir a Chiapas acompañada de mi madre y uno de mis hermanos. Ya les platicaré cómo me fue. Mientras eso pasa, les mando a todos un fuerte abrazo, disfruten sus fiestas y a la familia.

Descansen mucho, dentro de lo posible. Buena suerte.

PD.: Hay posadas en mi calle, con plegaria, velitas, piñata, cena y todo. Qué bonito.

jueves, diciembre 10, 2009

Sólo por eso.

Porque a veces no paro de llorar, o de tener ganas de hacerlo, porque en algún momento maldije todo lo que tuve, o todo de lo que carecía, porque gruñí y me perdí, y a veces aún me pierdo, en un abismo de angustia cavado con mis propias manos sin que exista necesidad alguna. Porque me dolía y se me notaba en la cara, porque padecí la ausencia sintiéndola sobre el pecho, porque no me quería levantar, ni hablar, ni hacer, pero tampoco podía dormir. Porque me sobran historias de noches tristes y mañanas angustiosas, de comidas insípidas y de pastillas cada doce horas. Porque hice berrinches y sufrí después todas sus consecuencias. Por eso pude, antes o después, gritar hasta perder la voz, porque no puedo decir que canto, bailar hasta el dolor de plantas, o al menos intentarlo, reir escandalosamente y sentarme en plena paz un sábado cualquiera a no hacer nada sino escuchar la música y acabarme otro poco los pulmones. Por eso pude antes o después estar contigo, en noches breves o no tanto, en tardes o días completos agradables. Aprender de tí y enseñarte algo. Quererte mucho, poquito, más. Por eso puedo también hoy verte de nuevo, sin remordimiento, sin dañinas añoranzas eternas, sin pestes de realidades alternas, sin ningún dolor, porque ése tiene un momento, se vive, se sufre, se encarna, y como el mejor de los alimentos, después solo se va.

Porque a veces no paro de llorar, es que otras tantas puedo reírme tanto. Y eso y ser feliz es exactamente lo mismo.

sábado, noviembre 14, 2009

Anecdotario llanero

[ADVERTENCIA: Post largo largo y anecdótico, como en los viejos tiempos]

Amanece el día y sólo Dios sabe cómo va a acabar, dice mi madre. Nada describe mejor lo que pasó el sábado pasado, en el llano.

Fui allá, entre otras cosas, a ver a gente que estimo. Comimos camarones; tenían buen sabor, suficientemente bueno como para no sospechar que después se iban a poner en mi contra. Pero en lo que se decidían a fastidiarme, alcanzaron a pasar otras varias cosas. El local donde comimos está bajo las graderías del estadio de futbol. Había mucho movimiento, el esperado para un sábado de partido en la 1ªA. La Trinca Fresera iba superlíder y jugaba nada más y nada menos que contra los Dorados de Sinaloa. El año pasado, cuando la Trinca se peleaba el campeonato para ascender a 1ªDivisión me quedé con ganas de ir al estadio. Hay que entrar. ¿A qué hora es? A las 7. Pues vamos y volvemos ¿no? Y fuimos y volvimos. Fuimos a la plaza, por un móvil; fuimos al café por una amena charla (después de recuperarme de la confusión por no poder pedir un café chico, sino un alto, que no era más alto que el grande, que en realidad era mediano, porque había uno más grande que no se llama grande sino Venti... y aunque no era mi primera vez, no he podido acostumbrarme a semejante cambio de estándares); y volvimos al estadio. Puerta 5, la de la porra. Había que ver de cerca a Los Hijos de la Mermelada, así, independientemente del partido, podíamos asegurarnos un rato de sana diversión. La Trinca ganó 3-1. Gritos y saltos, pues si a eso iba, bah. El portero local se mereció la ovación del público: "¡Ese mi marcatextos!" Quién lo manda a traer un uniforme de ese tono de amarillo.

La afición salió feliz. Nostros también, y decidímos que tres minicoronas estaban bien para empezar, pero había que continuar. Un bar de medio pelo, debajo del estadio (hay tantas cosas debajo del estadio) nos cobijó con una rockola que tocaba puras de adoloridos. ¿Qué pues, de qué se trata? Al rato llegó el hermano mayor, el líder de los Hijos de la Mermelada. Traía ropa militar, dejando ver que tenía brazos bien trabajados en gimnasio, y su máscara de luchador. Pues hay que darle, no vaya a ser, dijeron los muchachos. El que lo acompañaba era un hombre joven, alto, muy corpulento y con la camiseta de los Dorados. Amigos, a los de la porra visitante se les acabó la lana y su chofer no los quiere regresar, estamos pidiendo para que se puedan ir. Todo sea por la paz entre las porras y porque no queremos que se enojen, que sí imponen. Ahi'stá.

Ya es domingo, cierra el local y migramos a otro sitio donde nos permitieran seguir con nuestras sesudas reflexiones que pretendían arreglar el mundo. El nuestro primero, y el de todos después. Así fue como caímos al billar aquél, de noches de viernes y de sábado, o de martes o miércoles, ¿por qué no? Ahí vamos los tres monos y los camarones diabólicos que empezaban a amenazarme. Pero no me iba a rajar, este estómago de perro callejero tiene una fama que defender y no me dejo, no y no.

Llegamos al billar y nos encontramos con el dueño, señor de más de cincuenta normalmente sujeto serio y al pendiente del negocio, sentado en una de las mesas, bien entrado en copas con los que parecían ser sus grandes amigos. Aquí es donde tengo que señalar que mis acompañantes son asiduos visitantes del lugar, personas bien conocidas por el dueño, por lo que lo primero que hizo éste al vernos llegar fue darnos la bienvenida, recordar las canciones favoritas de los muchachos e ir, entre balanceos a ponerlas en la rockola. Al poco rato acabó por presentarnos a sus amigos, y así conocimos a los personajes que nos hicieron la noche: Un hombre más bien pálido, lacio, de lentes, muy delgado: ¡pinche Pol Macarni! Ni como dudarlo. El hombre que nos contó la hostoria de amor más triste, porque era hermosa pero falsa: su chaparrita, la mujer de su vida, la que lo sacó del vicio, por la que da la vida, esa que hoy y tal vez siempre que se acabe una botella de ron, está con él hasta que recuerde que en realidad no, ya no, o tal vez no lo estuvo nunca. Y finalmente el hombre delgado y moreno, un madrazo de ese güey si me voltea la quijada, qué digo a mí, a los tres juntos. Y los tres juntos eran el que relataba y mis dos compañeros, porque claro, ni siquiera se podía suponer que me pegara a mí, que soy mujer. Tiene la mano pesada, y la tuvo más de joven cuando fue boxeador profesional, estrella regional que se fue a la Ciudad de México a pelear con Salvador Sánchez, campeón del mundo. Por supuesto, fue noqueado. En el cuarto round. Ni más ni menos. Era muy inteligente, y aguantaba mucho. Y la noche se nos fue en conocer las historias del boxeador, relatos de un hombre que daba vida a las efemérides del boxeo mexicano. Ojalá Zow o Marco puedan un día dar mejor reseña del anecdotario al que tuvimos acceso entonces.

Los camarones estaban a punto de ganarme la batalla y era hora también de cerrar el local así que nos retiramos. El domingo después de un breve desayuno de despedida tuve tiempo de pensar en vacíos y cosas peores antes de ver a mi querida Erandi y al buen José, con quien compartí la comida de la victoria (porque había logrado someter a los camarones insurrectos) antes de volver al valle, aún pensando un poco en rearreglos por desaparciones.

Amanece el día y sólo Diós sabe como va a acabar. Por lo pronto, no vuelvo a comer camarones debajo del estadio.

Zow ha escrito la historia, prácticamente inalterada, que nos contó el boxeador Seferino "El fresero" Morales . Vayan a leerla aquí.

domingo, noviembre 08, 2009

Vacío

Uma vez eu tive uma ilusão
E não soube o que fazer
Não soube o que fazer
Com ela
Não soube o que fazer
E ela se foi
Porque eu a deixei
Por que eu a dexei?
Não sei
Eu só sei ela se foi
.
Repudiado por la naturaleza, siempre y cuando exista materia lo suficientemente cerca, no pierde oportunidad de aparecer a la menor provocación. Pequeños vacíos, microscópicos, insignificantes de breves, imperceptibles; vacíos más bien medianos, un tirón momentáneo en las entrañas, incomodidad pasajera; vacíos más severos, si es que tienen severidad alguna, presión torácica, humedad ocular; vacíos terribles, de esos que alcanzan a doler.

Todos son eliminados en el momento, o al momento siguiente, la noche siguiente, el cigarro siguiente, el itinerario siguiente. En cada ocasión hay materia para llenarlos, generando una corriente, un reajuste, unos cuantos ayes y siempre un suspiro, más o menos sonoro, según el espacio a llenar. Y después la normalidad. Una vez más.
No se debe olvidar pues, que cada nuevo orden no es más que la cicatriz del orden anterior, desaparecido gradual o espontáneamente, pero desaparecido al fin, de manera tal que nunca sobre esa cicatriz o en otro lugar cualquiera, puede generarse un arreglo idéntico, por mucho que se intente, por mínima la desaparición.
¿Por qué? No sé.
Solo sé que se me fue.

miércoles, octubre 28, 2009

Singleton: Arte

Tomó una psique de cristal. Transparente, de diseño complicadísimo, frágil. La puso en la mesa, justo sobre un orificio por el que pasaba un haz de luz tan tenue que nadie había visto. Pasó la chistera y la mano con guante blanco alrededor del objeto que se tornó multicolor. Todos aplaudieron y le llamaron mago.
 
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