martes, febrero 27, 2007
Atardecer
Luego otra cosa llamó mi atención: una nube enrojecida que reflejaba la agonía de un sol que ya no podía iluminar más esta parte del mundo. Tuve que moverme para apreciar el espectaculo completo: todo un segmento del infinito cielo ardía en brasas. Hasta que la luz no pudo más y fue devorada por la oscuridad nocturna.
Seguí caminando y me encontre con un grupo de familias que presnciaban una función de títeres... no alcanzaba a escuchar nada, pero los niños al frente debieron escuchar todo porque reían como gente feliz. ¡Ah, los niños!
Húbose acabado el tiempo disponible antes de los autobuses dejaran de pasar y volví a casa. Ah, si... tenía que evaluar cinco proyectos para mañana. Al menos el fin de semana en compañía y
estas tres horas en calma soledad valen la desvelada que vendría.
martes, febrero 20, 2007
Finalmente...
En esa etapa me encuentro en estos días. Despues de un entrenamiento físico que debía acostumbrar al cuerpo a su futuro entorno rodeado de aparatos extraordinarios y superficies desinfectadas con etanol al setenta por ciento, de seres vivos y otros que no lo parecen tanto, después de aprender a soportar los cambios de temperatura extremos que implica entrar al cuarto de incubación a 37ºC para al siguiente minuto llevar otras muestras al cuarto frio a 4ºC, después de entender que en esta profesión el hogar es el laboratorio y que para estar ahí no hay hora límite, despues de todo eso, ahora viene el tiempo de aprender a pensar.
Tener ocho días exactos para armar un proyecto de investigación en un tema que no es el de tu elección, basado en la literatura más especializada posible, comprendiendo el qué y sobre todo el cómo, es el último reto a vencer en este camino de iniciación al campo de la ciencia. Es un reto enfrentado en pares, con alguien con quien nunca habías trabajado, tal vez ni siquiera habías hablado. Dos trabajos: entenderse y avanzar.
He tenido buena suerte y hemos avanzado bien (hasta tengo tiempo de divagar por aquí). Pero la camaradería que se generó entre los entes de extraña naturaleza con los que me vine a encontrar es algo que se extraña, porque no siempre se tiene.
Esas ausencias, que ya no dejarán de ser tales, son la espinita que rasga, la piedra que dobla el tobillo al pisarla y el polvo que pega en la cara. No son tantas las penas, pero es muy fácil acostumbrarse a lo que es bueno y es inevitable la nostalgia cuando se debe dejar.
A todos ellos gracias, el camino recorrido juntos fue toda una aventura, de las mejores en mi vida. Sé que serán exitosos en la siguiente etapa, hoy me queda más claro que nunca.
Un gran abrazo.
lunes, enero 08, 2007
Primer día, primera noche... y otras anécdotas postoperatorias.
Pero ya era tiempo de volver a este bajío de llanos infinitos, de vientos enérgicos, sol inclemente y frios que calan hasta los huesos, todo en un mismo día. Ya en el Centro donde pretendo alargar mi vida de estudiante me reencontré con los nuevos amigos y me recibieron con una buena noticia: ¡Encontraron mi cartera! (sí, perdí mi cartera hace tres meses y resultó estar en un lugar absurdo, pero al menos estaba intacta).
La mala noticia (que conocía de antemano) era que tenía exámen el jueves. La noticia más mala fue que tenía que preparar una exposición de lunes a martes y estar en clase por sesión doble todos los días hasta un día antes de mi exámen. Por lo tanto, estudio para exámen: por la noche. CONCLUSIÓN: Mis ojitos recién intervenidos tendrían que sufrir un rato.
El exámen no fue un gran problema, pero mi ojo siniestro tardó mucho más en sanar. Ahora todo se ve mejor. Ya me entregaron mis calificaciones. Mi sacrificio ocular valió la pena, y puedo ahora decir que si funcionó la cirujía.
Ya llevo dos películas en el cine, y la emoción que se siente de ver una nítida imagen y de leer subtítulos definidos sin depender de un antifaz de mica es inexplicable. ¿Recuerdas lo que sentiste cuando viste (nítidamente) por primera vez? Sí, y no puedo explicarlo. Snif.
sábado, enero 06, 2007
Y se hizo la luz...
Mi primer recuerdo es muy reciente, del pasado inmedianto, hace solo un instante. Estoy recostada boca arriba. Mis ojos enfocan una luz roja pequeña que se encuntra a pocos centímetros de mí, montada en un extaño artefacto que no puedo describir. En seguida otra luz, ésta de color verde, también se dirige a mis ojos. Éstos están totalmente adormecidos, pero son capaces de ver todo cuanto acontece alrededor y en ellos.
Mis párpados son retenidos de su natural movimiento y en seguida unas pinzas logran abrir al máximo los pliegues que protegen a mi órgano visual derecho. Cualquiera que haya visto la Naranja Mecánica o cualquiera de sus múltiples parodias entenderá lo que digo. Observo mi reflejo en la superficie metálica que está sobre mí. No es una imagen agradable y, sin embargo, no tengo miedo.
Me concentro en la luz roja. De repente un ruido como de palomitas de maíz tronando a cientos por segundo se escucha en periodos de pocos segundos. Luego siento que algo toca mi globo ocular sin pudor alguno y alcanzo a ver como un trozo de esa delicada película superficial que lo pretege es desprendida. Todo se ve borroso. Un instrumento pasa sobre el área desprotegida como si la "barriera". Otro ruido extraño. Siento ligeros toques, pero no se ve que nada esté haciendo contacto con mi ojo. Mi pobre ojo.
Veo como se vuelve a colocar la membrana anteriormente retirada. Otro instrumento pasa sobre ella y la "plancha", o algo parecido. Otra vez, ese ruido extraño. El sitio está muy frío. Alguien me cierra el párpado y lo inmoviliza. No se volverá a abrir. Inmediatamente todo se repite con mi ojo izquierdo.
En pocos minutos todo termina. Una voz muy serena agradece mi cooperación y me tranquiliza diciendo que todo está y estará muy bien. En realidad nunca sentí miedo.
No, no es la historia de los experimentos extraños de los que fue sujeto un abducido (¿existe la palabra en español?). Éste es relato de un cirugía lasser. El día de ayer me sometí al procedimiento quirúrgico que me libraría de usar anteojos. No es vanidad, es la necesidad de disminuir mis fuentes de estrés y fugas de dinero.
Me explico. Soy muy distraida, tiendo a perder con mucha facilidad cualquier objeto que pueda desprenderse de mi. Eso incluye carteras, llaves y, por supuesto, los lentes. Además, mis lentes llevan una existencia muy tortuosa para cualquier objeto: los tiro con frecuencia, los aplasto sin querer y finalmente tengo que gastar en reponer las micas o todo el instrumento. Por otro lado, cuando los olvido o definitivamente los extravío, sufro mucho porque sin ellos no veo nada y puede dolerme la cabeza. Pero no debo hablar en presente porque eso se acabó.
Hoy me quitaron la cinta que no me dejaba mover los párpados y tras los exámenes y revisiones correspondientes salí a la calle. La sensación de ver los objetos lejanos (y no tan lejanos) con tal nitidez y de no tener que depender de nada para lograrlo es indescriptible. Sobre todo después de 10 años de depender de los lentes para saber qué dice el pizarrón o qué ruta es la combi que viene.
Los Reyes Magos no puedieron darme mejor regalo ¡GRACIAS!
domingo, diciembre 17, 2006
Partículas Suspendidas...clases, también.
Pasaron unos cuantos días, y los fragmentos más pequeños, mínimos, fueron acumulándose en el aire formando una densa capa de diminutos restos vegetales que oscurecía el horizonte en el más despejado de los medios días. Los campos más avanzados en la cosecha comenzaron a practicar la añeja costubre de la quema del terreno: más gris al ya oscurecido horizonte de este bajío, hogar adoptivo.
A mediados de Noviembre, todo citadino desentedido del campo podía darse cuenta que era tiempo de cosecha y quema, siempre y cuando se tomara el tiempo de disfrutar el atardecer. Gracias a los miles de partículas suspendidas en el aire, las puestas de sol en Irapuato se convirtieron en un espectáculo que yo no había visto: cada atardecer era un incendio, rojo como ninguno, extendido por todo el horizonte más allá de lo que corresponde a un atardecer cualquiera. Eran casi obscenos de tan coloridos, e impresionantemente duraderos.
Desde la casa regia, un departamento en tercer piso cuya ventana de la sala tiene una vista al oeste sin obstáculo alguno, el espectáculo era maravilloso. Uno podía olvidar facilmente lo que se respiraba diario. Era una vista para olvidar al resto del mundo.
Conforme pasó el mes las partículas de sorgo seco y quemado fueron volviendo al suelo de donde surgieron por acción de la implacable gravedad, y los atardeceres han disminuido en su intensidad, retomando un poco el pudor correspondiente al invierno cercano.
Una vez entrado Diciembre solo había una cosa en qué pensar, más mundana que los atardeceres y casi tan liviana como un fragmento de tallo seco de gramínea: VACACIONES. Volver al hogar materno, poder observar cada día el rostro del destino de mis anhelos, ver a los viejos amigos, dormir por puro gusto a deshoras y despertar de la misma manera.
Este fue el primer fin de semana de vacaciones. De momento, no necesito nada más.
jueves, noviembre 16, 2006
Crónica de un perro muerto.
Uno de los seres vivos que más quiere la gente en general son los perros, eso animalillos que aprendieron a gesticular lo suficiente como para que los entendamos o creamos que los entendemos. Todo aquél que alguna vez ha tenido un perro y ha sufrido su muerte conoce la sensación de querer darle a su cuerpo un destino digno... cualquier cosa menos dejar que se pudra a la vista como cualquier pedazo de basura orgánica. Con eso se asegura uno de recordar a la mascota como fue en vida y nunca jamás por los hedores que generará después de ella.
Lamentablemente he tenido la mala suerte de conocer a un perro justo después de morir y hasta que se convirtió en prácticamente nada. Fue una pena. El primer día lo vi tirado, casi como dormido, como suele suceder con los cuerpos que recién dejaron de ser, en una banqueta de las que recorro diariamente en mi camino a tomar el camión. Día tras día en la mañana lo vi hincharse, pensando que ese día el camión de limpia municipal se lo llevaría. Obviamente el hedor aumentaba de manera proporcional con el volumen del peludo y otrora blanco can. Cada vez que salía de casa en la mañana me recordaba que debía cuzar la calle antes de llegar a ese punto, pero justo después me sumía en una serie de pensamientos que me hacía olvidar ese detalle hasta que mi nariz me hacía notar en dónde estaba.
Un día, como cuatro después que lo vi por primera vez, noté de reojo unos manchones negros: putrefacción a toda marcha, pensé, pero no era así. Alguien lo había grafiteado. Me pregunto si será interesante decir que grafiteaste a un pobre perro muerto. Para mí es mas bien algo enfermo.
Logré entrenar a mi memoria para que recordara lo de cruzar la calle, pero una mañana se me volvío a olvidar. La pestilencia era menos, pero suficiente para alertarme por dónde iba pasando. Ahí estaba: un tapete de pelos, y nada mas. Las bacterias y los gusanos hicieron su trabajo.
Ahora lo que alguna vez ladró, chilló y huyó de las piedras reales y simuladas estaba reducido a tierra y polvo (y un tapete de pelos). Pronto será pasto, luego será pasto seco y tal vez volará por los aires. Será otra vez tierra en otras partes, y será planta. Tal vez se lo coma un hervívoro que a su vez sea alimento de un cazador. Tal vez un día forme parte de un humano, uno que un día pase junto a un cadaver de perro, y tal vez le de mucho asco. Irónico.
sábado, noviembre 04, 2006
¿Y tú quién eres?
En cambio, hay de vez en cuando eventos que valen ser compartidos con cualquier distraído que se deje llevar por las fuerzas del ciberespacio y caiga por aquí. Uno de estos eventos fue la Fiesta de Disfraces para celebrar el culto universal por lo que está más allá de la vida.
No puedo decir mucho, que las imágenes lo hagan por mí:

Los de primero. Nota importante: Cuando esto sucedió la beca aún no llegaba así que todo fue de segunda mano.

Dar Beider (región 4)

Princesa Amidala (región 4), Jipi, Campanita y PiterPan

El porro de mota más grande con el que jamás han alucinado en su vida

El Chapulín de ultratumba.....¿?

Gangster y una chica del CanCan

Mmmm... y ahora ¿quién podrá defenderla?

Batman en andropausia y ... ¿Tatiana Maravilla?
Cualquier cosa bizarra en cada foto, créanme, era peor en vivo y a todo color.
viernes, noviembre 03, 2006
Día Abierto, Cinvestav Campus Guanajuato
Cuando esto pasa, la oportunidad de contagiar nuestro entusiasmo se vuelve sumamente emocionante, y los esfuerzos que se hacen por lograr que el resto del mundo comprenda lo que hacemos sorprenden a propios y extraños.
El sábado pasado se dio esta oportunidad: toda la comunidad del CINVESTAV Campus Guanajuato se olvidó un poco de su quehacer de producción científica para dedicarse a la divulgación. Esto se hizo durante el DIA ABIERTO, cuando el Centro abre sus puertas a público en general y les explica de manera divertida todo lo que hacemos, por qué lo hacemos y cómo lo hacemos.
Fue una maravilla: Puestitos donde la gente pordía ver y aprender qué era un bioinsecticida, como mejorar cultivos, qué era un gen y una proteína; juegos de lotería y sopa de letras, cerreras de costales y muchos otros para los niños, obras de teatro y recorridos donde la gente podía pasar a ver los robots que se utilizan para la secuenciacion del genoma de distintos organismos (ahí estuve yo, de guía de turistas).
Yo encantada y la gente, al parecer, también
He aquí la reseña gráfica:

Erandi en su puestito de que explica cómo obtener DNA con lo que tienes en tu cocina.

Carreras de costales: Plantas contra insectos ¿Quién será más fuerte?

¡Lotería! ¡Lotería! El que gane se lleva su plantita.

Una obra que explicaba qué era un transgénico... ¿se los imaginan en el laboratorio?

Escribe tu nombre en lenguaje de DNA.

¿Como infecta un virus a una planta? Todo se explicó aquí, en la cinta Virulina.

¡Llévela, llévela, su playera del recuerdo, bara bara...!
No puedo quejarme, este fue un muy buen año para ingresar por varias razones: Primero, es el año del 25 aniversario (festejado el pasado 10 de Octubre); los ciclos de conferencias y las actividades culturares fueron muy interesantes. Segundo, el día abierto sólo se hace cada dos años, y esta vez nos tocó apenas entrando, lo cual permite que uno se integre a la comunidad del centro de muy buena manera, y finalmente el lunes entrante se hará la entrega a la Presidencia de la República de la secuencia del genoma del maíz. Muchos eventos para los pocos mese que llevo aquí.
La exigencia y el nivel de competencia del centro es alto, los proyectos tienen mucha calidad y el ambiente es inmejorable. No pude haber tomado mejor decisión.
Más fotos del día abierto aquí.
jueves, octubre 19, 2006
Fiesta!!
Bien, pues no estaba tan equivocada, excepto por un detalle. Esta experiencia ha sido mucho menos estresante de lo que esperaba. Lo he disfrutado maravillosamente y existes muchas razones para ello.
Por un lado, en este momento sólo esto teniendo cursos teóricos. A pesar de la complejidad de los cursos, el estrés compartido siempre es menor. Para esto claro, se requiere de un conjunto de personas dispuestas a enfrentar con humor las angustias comunitaria. Cuando no son una, ni dos personas, sino 7 u 8... bueno, esto se convierte en una eterna fiesta, que va desde los comentarios más simples hasta el más elaborado humor negro.
Simplemente no puedo ser más afortunada: hago lo que me gusta, comparto la experiencia con gente que posee un gran sentido del humor y el instituto ha logrado que me ponga la camiseta.
Precisamente en días pasados nuestros esfuerzos estudiantiles fueron enfocados a disfrutar de las fiestas de aniversario: conferencias muchas, alimento gratuito elegantemente servido y (ya por nuestra cuenta) largas noches de ofrendas a Baco y Terpsícore.
¡Qué hermosa es la vida de estudiante!
lunes, octubre 02, 2006
Un mes cumplido, quedan 23.
Yo, como era de esperarse volví a mis tierras con toda la añoranza que un estudiante puede cargar en su mochila junto con la ropa sucia y la cartera vacía.
¿Y qué hice en estos días de calma académica y nula presión neuronal? ¿Acaso llamé a mis amigos para salir y bailar toda la noche? ¿O me fugué con el destinatario de mis supspiros a vagancias como las de viejos tiempos ya idos? ¿O me uní a alguna excursión familiar para hacer productivo mi fin de semana?¡No! Claro que no. Lo único que hice fue dormir, y cuando no estaba dormida igual estaba vegetando en la oscuridad de mi cuarto entre mis gatos de peluche y mi gato de verdad. Solo un momento desperté de mi letargo para disfrutar en casa la compañía del objeto de mis afectos quien me hizo amena la mañana del domingo.
No creo haber perdido mi fin de semana, porque no pueden imaginar la deliciosa experiencia que es dormir sin angustia ni pendiente alguno.
Ñam. Ñam.
lunes, septiembre 25, 2006
Más vale pájaro en mano...
No se puede andar en la calle a partir de las seis de la tarde, porque todo es un desconcierto de canto de pájaros, nada melodioso y solo comparable con el ruido de los autos a hora pico sobre los cuales vuelan. Ni qué decir del miedo que inspira caminar por una calle sobre la que un momento sí y otro (más corto) no, surge de la nada un río de plumas y picos interminable amenazando con descargar lo que su organismo ya no desea conservar más.
A partir de esa hora los árboles tienen una dinámica más parecida a un hormiguero, y los cables de luz, teléfono y televisión se ven invadidos por estos especímenes creando un paisaje tan escabroso que cualquier fan del señor Hitchcock podría sentirse amedrentado.
Algún día tomaré una foto. Cuando tenga cámara.
domingo, septiembre 17, 2006
Untitled...
Era ya una necesidad de toda la generación entrante de biotecnólogos tener espacio y tiempo para perder la seriedad y destapar la mente atiborrada de tanto inglés, enzimas y otras maravillas que nos encantan pero que también nos han estado estresando tanto.
Por fin algún docto recién bañado por la gracia del anhelado grado decidió que su festejo debía ser para todos y atinó a colocar un anuncio que fue un alivio para nuestras mentes deseosas de esparcimiento comunitario: "Noche mexicana y titulación...". No había más que decir.
Llegamos a las nueve al lugar que se nos fue indicado: un terreno rodeado de una gran barda de ladrillos y una puerta negra. Tocamos. La puerta se abre automáticamente y nos recibe un vigilante. Nosotros, con las provisiones propias de la ocasión en la mano, preguntams si ahí era la fiesta. Nunca específicamos qué fiesta, pero el vigilante dijo que sí, que ahí era. Entramos. El jardín era enorme y muy bien ciudado. Había cancha de tenis y al final un lugar techado muy mono donde estaba reunida la gente. Llegamos un poco cohibidos ante la excelencia del lugar, pero luego no pudimos evitar la risa al ver que solo había familias, y que no conocíamos a nadie. Todos se nos quedaron viendo, pero nadie nos dijo nada. Era la fiesta equivocada. Mmm.
Botados de risa y ante la mirada escrutadora de los presentes emprendimos la graciosa retirada y llamamos al que nos había invintado: Estábamos a una cuadra del lugar. El sitio correcto estaba más de acuerdo a lo que esperábamos para una fiesta de estudiantes, por mucho que fueran de posgrado.
La noche pasó entre danzas y bebidas rituales, todo bajo control porque de todos modos el sábado teníamos clases. Y nos fuimos (en mi caso, más por necesidad que por ganas) a las dos y media.
El sabado en clase, algunos no pudieron evitar las reacciones orgánicas propias de una noche de excesos. Sin embargo yo me sentí bastante despierta, y es que para mí fue el descanso perfecto.
Por la tarde de ese mismo día esperábamos tener una concurrida tarde de café aprovechando que nos dejarían reposar ese fin de semana sin leer mayor cosa. El número de asistentes se vió considerablemente reducido debido a un rudo aguacero repentino. Los que ya estábamos en la calle tuvimos que mojarnos un poco. En fin. Ya pasada la lluvia recorrimos el centro y nos encontramos con la nota de que si bien irapuato no es una ciudad cosmopolita, puede tener algunos encantos para embobar a los paseantes:


Fuente de Aguas Danzarinas. Lo admito, son fotos de la red, pero no tengo cámara y mi celular es de esos viejitos que solo es teléfono y telégrafo electrónico. A falta de cámara, la red. Pero estuve ahi y sí se ven así de bonitas.
jueves, septiembre 14, 2006
Quince días...
Pero si es verdad que estando la panza llena se tiene al corazón contento, también es cierto que al que bien duerme nada le duele. De martes a sábado cambié de fecha con la mirada clavada en hojas impresas, en un idioma que por más universal que quiera ser no será el mío nunca. El viernes ví el amanecer, o mas bien no lo vi, porque estaba en vela cuando sucedió pero mi mirada estaba absorta en la pantalla de una computadora. Luego entonces no puede tener mejor fin de semana que recuperar en lo posible las horas de sueño perdidas, que al dormir también se vive y si no pregunten a los que sufren de insomnio inexplicable, que son muchos en estos días.
Llegó el lunes, y las lecturas seguían llegando cual plagas antiquísimas, sin que parecieran tener fin. Y si bien es cierto que estoy aquí por gusto, todos los extremos son malos y la mente como el cuerpo requiere de válvulas de escape con cierta regularidad.
Así que a pregunta expresa de mis cohabitantes, no pude más que decir que sí, que por favor, que no nos tardáramos más y partiéramos rumbo a la sala de cine. ¿A ver qué? No sé, la cartelera es algo que hace mucho no consulto y de la tele nomás me acuerdo de vez en cuando.
Llegamos por fin y alguien sugirió ver Muerte súbita, por mí podríamos haber escogido al azar pues no tenía referencia de nada. Entramos y fue una agradable experiencia (excepto por la voz del convicto negro que es más enfadosa incluso que la mía, lo cual ya es mucho, pero mucho decir). Una película de acción típica de policias americanos, autos chocados, balazos, explosiones, chismosos, un héroe que no es la mejor persona del mundo pero es el mejor ejemplo del hijo pródigo vuelto para arrepentirse de todo y ser el mejor y más querido.
Nada que te exija usar el cerebro pues. Pude apagarlo entonces y sentir el agradable descanso neuronal como quien siente alivio de su sed en los mediodías atormentadores de Irapuato.
Hoy no hubo mas lecturas. Gracias, mil gracias.
sábado, septiembre 02, 2006
Entre pájaros y lagos.
Finalmente, después de recorrer la parte más simpática y maquillada del centro (muy mona, por cierto) decidí encaminarme al boulevard donde está Aurrera, Soriana y la Central, y que está a tres o cuatro cuadras de la última calle bonita del centro y por donde pasa el camión que me lleva a mi casa.
Ahí voy, andando en dirección opuesta a como llegué, sin conocer pero con la certeza de que voy en el rumbo correcto. Las calles pierden cada vez más el encanto. Son más simples, más sucias tambien. Luego, caigo en la cuenta de que he pasado por tres cantinas en una cuadra: paredes grafiteadas, puerta al estilo Old West (muy pero muy old), y con nombres tan crudos como Aquí gozas, El compadrito, y cosas así. Centros de vicio, de recreación acompañada de cerveza y cigarro, de albur, de mala leche. ¿Dónde andaba? Yo no pasé por aquí para llegar al centro.
"Voy bien" me decía, segura de que el rumbo era correcto, aunque en el fondo empezaba a dudar. Pasa un hombre con una gasa a medio cachete. El brazo tatuado y una argolla en la oreja. Sonríe, no a mi, a una niña de colitas y mochila de Winnie Pooh que lleva de la mano y que le dice apá. Luego veo venir un hombre en bicicleta, rapado, con camisa a cuadros y bermuda de mezclilla hasta la pantorrilla, muy, pero muy holgado, cicatriz en la cara. "Hay mucha gente, son las cuatro de la tarde..." pienso, para aplacar mis nervios. Él pasa de largo, ni me voltea a ver. Respiro. Decido poner cara de palo. Es un hecho. No debo volver a pasar por aquí. La calle, Lerdo de Tejada. Nunca más.
Decido dar vuelta a la izquierda en la siguiente esquina, para llegar a la calle por la que llegué al centro, mucho más agradable. Antes de que eso suceda, por fin visualizo a dos cuadras cortas, el camellón, los señalamientos, los semáforos: El boulevard. Definitivamente el rumbo era correcto, la diferencia fueron dos cuadras a la izquierda.
Conforme me acercaba al boulevard alcancé a pasar otras dos cantinas, los nombres empezaban a ser menos burdos: El lago azul, El pájaro azul. Todo azul. Por mí podrían ser verdes, amarillos o tricolores, con tal de no volver. Pero tuve que volver.
Cuando subí al camión, vi como dió vuelta hacia territorio recién descubirto. No las repasaré todas, pero ahora, cada vez que quiera volver del centro comercial a mi casa, tendré que volver a pasar por el nada poético Lago azul.
viernes, septiembre 01, 2006
...y cuenta nueva
Por todo lo demás, sin embargo, podría decir que acabo de empezar una nueva etapa, porque todo es nuevo: ciudad, casa, gente... todo. Incluso la necesidad de ser conciente de presupuesto, tiempos y deberes domésticos. No es que nunca haya echo nada en casa, pero siempre está má que en una urgencia proporciona apoyo, cariño y alivio. Eso se acabó.
Además el nivel de exigencia nunca había sido tanto y estoy por probar mi sistema de adaptación.
Quiero, pero querer no es todo. Espero, con todas mis víceras, poder.
jueves, agosto 10, 2006
¡AL CADALSO!
Tal vez los banqueros medievales o los señores de los feudos, que para no perder la cuenta de quién les debía préstamos o impuestos empezaron a llevar registros, inventando los apellidos, los contrantos y cosas por el estilo.
O que tal algún antiguo ejército que quería lleva la cuenta de activos y bajas, de nuecos reclutas, provisiones o cualquier otra cosa que no querían olvidar.
O tal vez algún conquistador que para asegurar que nadie se le echara al cuello después, comenzó a pedir que la gente a su alredeor estuviera perfectamente registrada y, por ende, contralada.
No sé. no sé quien fue, pero en estas semanas quien o quienes fueron responsables (y perpetuadores) de semejante invento del mal han recibido cuantos improperios puedo escupir (y no son pocos) y han sido blanco de mi más virulenta ira.
Entre Hacienda, tesoserías varias, instituciones multicolor y de diversos propósito he andado de arriba a abajo, haciendo, deshaciendo y volviendo hacer... qué fea es la burocracia.
Por eso yo no quería ser grande.
martes, agosto 01, 2006
Para el hombre de bíblico nombre...
Pero para doler, lo que se dice doler de veras, duele mucho dejarte a ti. ¿Ya ves? ¿Para qué no te vas conmigo?
Pero sí te vas, porque eres parte de mi equipaje, como quien dice, requisito indispensable para vivir y sobrevivir en cualquier parte. Te llevo en una foto y un peluche, en el último beso y muchos, de verdad muchos recuerdos. Te llamo en los sueños y en los ensueños. Sé que responderás porque nunca te has negado.
Pero no te vas porque tu vida se queda aquí, y aquí va a estar siempre. Y si tu vida se queda, la mitad de la mía también. Entonces nunca me iré por completo. Entonces he de volver, nada más a descubrir que irme, lo que es irme, nunca me fui.
Hay cosas que duelen mucho, poquito, nada.
Cuatro horas de distancia duelen mucho. Y no puedo dejar de pensar en eso, y me curo de dolor a priori pensando que siempre habrá un fin de semana, un receso, un puente, vacaciones que acorten el espacio, de allá hacia acá o viceversa.
Hay cosas que duelen, pero que las tienes que sufrir. No hemos de ser nada antes de pasar por ese fuego forjador. Entre más cale, más fuerte te hace, a menos que te chamusques en el intento.
Hay cosas que duelen, pero en lo que llegan hay que aprovechar el abrazo, el beso; hay que generar el recuerdo, para que esas cosas, cuando las tengamos enfrente, duelan menos, poquito, nada.
Je t’aime beaucoup
domingo, julio 30, 2006
Este cuento se acabó...
No hay nada de malo con la flojera, mientras te permita con obtener alimento y no lastime a nadie. Y tengo el apoyo de un galeno que de lo que es bueno para el cuerpo debe de saber bastante. Así que estos quinces días fueron una oda al reposo casi absoluto.
Con excepciones, como ir a comer a Oponguio, conocer a los nuevos sobrinos putativos, ir a ver a los ahijados que todavía no son, y checar aparatejos delicados de vez en vez, con esas excepciones decía yo, estas vacaiones le dediqué mi tiempo a la razón de mis desvelos y la razón de mis cefaleas (esta última soy yo misma), y de repente hasta me dio por hacer algo de ejercicio. Vaya, lo que hace el ocio. ¡Ah si! y empece a leer otra vez una de las lecturas que hace muuuuucho, pero muuuucho, había dejado en el olvido. Bonito que se siente.
Pero mañana, a la normalidad del tiempo medido. Nada es eterno, por suerte.
Qué caray.
martes, julio 25, 2006
Genealogía en caliente.
Lo digo porque esta hipótesis me permite tener un origen a mi aversión casi patológica al calor. Yo no puedo estar en un lugar a 30 grados porque mi sensible cuerpecito cree que son por lo menos 35, entrando en un estado de trance para mantener la homeostasis y evitar morir como un güerito cualquiera por golpe de calor. Este estado de trance me impide pensar bien, hace que me duela la cabeza y por ende, que me ponga de muy mal humor. Entonces tengo que dormir, solo para despertar en un mar de jugo glandular que me da propiedades aromáticas y de adheribilidad, lo que me pone todavía de peor humor.
Lamentablemente, a diferencia de los franceses, con los que comparto terrible angustia, yo no tengo dinero con qué hacerme una playa artificial a los lados del río (o el arroyito que se hace en la calle cuando llueve) y echarme a pensar que estoy en Ixtapa (en Acapulco ya no, porque yo si me asusto con las noticias lúteas).
La buena noticia es que ha estado lloviendo mucho, por lo que la temperatura ha bajado y mi humor se ha mantenido en un nivel muy aceptable. Lo malo es que las colonias de siempre ya se volvieron a inundar. Lo bueno es que yo vivo en la punta de la loma y yo no me inundo. Lo malo... ah no... ya no hay otro malo.
En fin, en lo que descubro por qué mi termostato no se dio cuenta que soy mestiza amorenada y no güera del norte de europa seguiré esperando que mientras sea verano le dé al cielo por llover (aunque sea poquito, pa'que refresque y no se inunde).
viernes, julio 21, 2006
"El factor dios"
Publicado el 18 de Septiembre de 2001, en el diario El País.
En algún lugar de la India. Una fila de piezas de artillería en posición. Atado a la boca de cada una de ellas hay un hombre. En primer plano de la fotografía, un oficial británico levanta la espada y va a dar orden de disparar. No disponemos de imágenes del efecto de los disparos, pero hasta la más obtusa de las imaginaciones podrá 'ver' cabezas y troncos dispersos por el campo de tiro, restos sanguinolentos, vísceras, miembros amputados. Los hombres eran rebeldes.
En algún lugar de Angola. Dos soldados portugueses levantan por los brazos a un negro que quizá no esté muerto, otro soldado empuña un machete y se prepara para separar la cabeza del cuerpo. Esta es la primera fotografía. En la segunda, esta vez hay una segunda fotografía, la cabeza ya ha sido cortada, está clavada en un palo, y los soldados se ríen. El negro era un guerrillero.
En algún lugar de Israel. Mientras algunos soldados israelíes inmovilizan a un palestino, otro militar le parte a martillazos los huesos de la mano derecha. El palestino había tirado piedras.
Estados Unidos de América del Norte, ciudad de Nueva York. Dos aviones comerciales norteamericanos, secuestrados por terroristas relacionados con el integrismo islámico, se lanzan contra las torres del World Trade Center y las derriban. Por el mismo procedimiento un tercer avión causa daños enormes en el edificio del Pentágono, sede del poder bélico de Estados Unidos. Los muertos, enterrados entre los escombros, reducidos a migajas, volatilizados, se cuentan por millares.
Las fotografías de India, de Angola y de Israel nos lanzan el horror a la cara, las víctimas se nos muestran en el mismo momento de la tortura, de la agónica expectativa, de la muerte abyecta. En Nueva York, todo pareció irreal al principio, un episodio repetido y sin novedad de una catástrofe cinematográfica más, realmente arrebatadora por el grado de ilusión conseguido por el técnico de efectos especiales, pero limpio de estertores, de chorros de sangre, de carnes aplastadas, de huesos triturados, de mierda.
El horror, escondido como un animal inmundo, esperó a que saliésemos de la estupefacción para saltarnos a la garganta. El horror dijo por primera vez 'aquí estoy' cuando aquellas personas se lanzaron al vacío como si acabasen de escoger una muerte que fuese suya. Ahora, el horror aparecerá a cada instante al remover una piedra, un trozo de pared, una chapa de aluminio retorcida, y será una cabeza irreconocible, un brazo, una pierna, un abdomen deshecho, un tórax aplastado.
Pero hasta esto mismo es repetitivo y monótono, en cierto modo ya conocido por las imágenes que nos llegaron de aquella Ruanda- de-un-millón-de-muertos, de aquel Vietnam cocido a napalm, de aquellas ejecuciones en estadios llenos de gente, de aquellos linchamientos y apaleamientos, de aquellos soldados iraquíes sepultados vivos bajo toneladas de arena, de aquellas bombas atómicas que arrasaron y calcinaron Hiroshima y Nagasaki, de aquellos crematorios nazis vomitando cenizas, de aquellos camiones para retirar cadáveres como si se tratase de basura.
Siempre tendremos que morir de algo, pero ya se ha perdido la cuenta de los seres humanos muertos de las peores maneras que los humanos han sido capaces de inventar. Una de ellas, la más criminal, la más absurda, la que más ofende a la simple razón, es aquella que, desde el principio de los tiempos y de las civilizaciones, manda matar en nombre de Dios. Ya se ha dicho que las religiones, todas ellas, sin excepción, nunca han servido para aproximar y congraciar a los hombres; que, por el contrario, han sido y siguen siendo causa de sufrimientos inenarrables, de matanzas, de monstruosas violencias físicas y espirituales que constituyen uno de los más tenebrosos capítulos de la miserable historia humana.
Al menos en señal de respeto por la vida, deberíamos tener el valor de proclamar en todas las circunstancias esta verdad evidente y demostrable, pero la mayoría de los creyentes de cualquier religión no sólo fingen ignorarlo, sino que se yerguen iracundos e intolerantes contra aquellos para quienes Dios no es más que un nombre, nada más que un nombre, el nombre que, por miedo a morir, le pusimos un día y que vendría a dificultar nuestro paso a una humanización real. A cambio nos prometía paraísos y nos amenazaba con infiernos, tan falsos los unos como los otros, insultos descarados a una inteligencia y a un sentido común que tanto trabajo nos costó conseguir. Dice Nietzsche que todo estaría permitido si Dios no existiese, y yo respondo que precisamente por causa y en nombre de Dios es por lo que se ha permitido y justificado todo, principalmente lo peor, principalmente lo más horrendo y cruel. Durante siglos, la Inquisición fue, también, como hoy los talibán, una organización terrorista dedicada a interpretar perversamente textos sagrados que deberían merecer el respeto de quien en ellos decía creer, un monstruoso connubio pactado entre la Religión y el Estado contra la libertad de conciencia y contra el más humano de los derechos: el derecho a decir no, el derecho a la herejía, el derecho a escoger otra cosa, que sólo eso es lo que la palabra herejía significa.
Y, con todo, Dios es inocente. Inocente como algo que no existe, que no ha existido ni existirá nunca, inocente de haber creado un universo entero para colocar en él seres capaces de cometer los mayores crímenes para luego justificarlos diciendo que son celebraciones de su poder y de su gloria, mientras los muertos se van acumulando, estos de las torres gemelas de Nueva York, y todos los demás que, en nombre de un Dios convertido en asesino por la voluntad y por la acción de los hombres, han cubierto e insisten en cubrir de terror y sangre las páginas de la Historia. Los dioses, pienso yo, sólo existen en el cerebro humano, prosperan o se deterioran dentro del mismo universo que los ha inventado, pero el `factor Dios´, ese, está presente en la vida como si efectivamente fuese dueño y señor de ella. No es un dios, sino el `factor Dios´ el que se exhibe en los billetes de dólar y se muestra en los carteles que piden para América (la de Estados Unidos, no la otra...) la bendición divina. Y fue en el `factor Dios´ en lo que se transformó el dios islámico que lanzó contra las torres del World Trade Center los aviones de la revuelta contra los desprecios y de la venganza contra las humillaciones.
Se dirá que un dios se dedicó a sembrar vientos y que otro dios responde ahora con tempestades. Es posible, y quizá sea cierto. Pero no han sido ellos, pobres dioses sin culpa, ha sido el `factor Dios´, ese que es terriblemente igual en todos los seres humanos donde quiera que estén y sea cual sea la religión que profesen, ese que ha intoxicado el pensamiento y abierto las puertas a las intolerancias más sórdidas, ese que no respeta sino aquello en lo que manda creer, el que después de presumir de haber hecho de la bestia un hombre acabó por hacer del hombre una bestia.
Al lector creyente (de cualquier creencia...) que haya conseguido soportar la repugnancia que probablemente le inspiren estas palabras, no le pido que se pase al ateísmo de quien las ha escrito. Simplemente le ruego que comprenda, con el sentimiento, si no puede ser con la razón, que, si hay Dios, hay un solo Dios, y que, en su relación con él, lo que menos importa es el nombre que le han enseñado a darle. Y que desconfíe del `factor Dios´. No le faltan enemigos al espíritu humano, mas ese es uno de los más pertinaces y corrosivos. Como ha quedado demostrado y desgraciadamente seguirá demostrándose.
